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Microchips y la 'Interdependencia Armificada' entre China y EEUU

La tensión entre Estados Unidos y China, que inicialmente llamamos guerra comercial, pero que luego alcanzó dimensiones diferentes convirtiéndose en una total lucha estratégica, destacan como el mayor ejemplo de la interdependencia armificada.

Dr. Altay Atli   | 01.10.2020
Microchips y la 'Interdependencia Armificada' entre China y EEUU (Ayşe Böcüoğlu Bodur - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

El título del artículo publicado recientemente por Henry Farrell y Abraham L. Newman, profesores de relaciones internacionales estadounidenses, es bastante interesante: "Interdependencia Armificada (Weaponized Interdependence)". La tesis del artículo es básicamente que la dependencia en términos económicos es utilizada en el mundo actual por un país que tiene poder económico como un arma o una amenaza contra los países dependientes de él. 

Hasta hace poco, se argumentaba en la disciplina de las relaciones internacionales, que la interdependencia económica es en realidad algo bueno, debido a que el costo de los conflictos para los países dependientes económicamente entre sí es demasiado alto, por lo que los evitarían y tendrían relaciones armoniosas y pacificas. Hoy, evaluamos este concepto de una manera diferente. Si el país X depende económicamente del país Y, en lugar de evaluarlo desde el punto de vista "X y Y manejan su relación sin pelear porque no quieren arruinar sus negocios", ahora se evalúa como "¿Qué forma de imposición y coerción usará Y contra X, con qué propósito y cuál será el costo para ambas partes?”.

La tensión entre Estados Unidos y China, que inicialmente llamamos guerra comercial, pero que luego alcanzó dimensiones muy diferentes convirtiéndose en una total lucha estratégica, destacan como el mayor ejemplo de la interdependencia armificada. El núcleo de esa tensión son los esfuerzos para establecer la superioridad en el campo de la tecnología. La relación de dependencia entre los dos países se hace evidente en este punto ya que China depende de los microchips de fabricación estadounidense para el desarrollo de sus productos tecnológicos.

En el área de las tecnologías de las telecomunicaciones, la competencia entre Estados Unidos y China es más feroz, y la tecnología 5G es de gran importancia en este punto. El 5G no solo acelerará nuestra comunicación, sino que cambiará nuestro día a día gracias a desarrollos como el Internet de las Cosas (IoT) y la Inteligencia Artificial (IA), y permitirá la aparición de nuevas áreas en la economía y nuevos modelos de negocio y producción. Por eso es importante liderar la carrera del 5G, algo que China ahora hace.

La dependencia china de los microchips estadounidenses

Por esta razón, es normal que Huawei, que ha logrado importantes avances en el 5G, sea objetivo de las políticas estadounidenses. EEUU primero impuso severas restricciones al uso de la infraestructura y los productos de Huawei en su propio país. Luego, comenzó a utilizar la dependencia de Huawei de los microchips de fabricación estadounidense como arma, porque aunque Huawei realiza serias inversiones en Investigación y Desarrollo (I+D) y lidera el campo del 5G, todavía depende de los circuitos integrados estadounidenses para sus teléfonos móviles.

Con las últimas decisiones tomadas por EEUU, no sólo estará sujeta a autorización la venta a Huawei de chips producidos en el país, sino también el suministro de los mismos en caso de utilizar equipos estadounidenses en su fabricación en cualquier parte del mundo. No es difícil adivinar que estos permisos no se otorgarán fácilmente.

¿Qué busca Huawei?

Huawei busca una salida a la situación actual. Las existencias de microchips de la compañía se agotan día a día y se terminarán por completo el próximo año a menos que se encuentre un nuevo proveedor. Sin embargo, la empresa de tecnología china no es la única en problemas. Las compañías estadounidenses proveedoras de microchips enfrentan la amenaza de perder a sus mayores clientes. Empresas como Qualcomm, Sony, Samsung e Hynix ya han comenzado a realizar las solicitudes de permisos para ventas a Huawei. Por su parte, la compañía china también expresa constantemente estar abierta a cualquier propuesta.

Esta situación no es una situación temporal que solo concierna a Huawei. Estamos entrando en un período en el que las dependencias económicas se utilizan como armas entre los países y todos los actores globales tendrán que adaptarse a ello. Los países que noten que su dependencia se convierte en un arma que les apunta intentarán, por un lado, aumentar sus propias capacidades y volverse menos dependientes, y por el otro, no depender únicamente de un actor, sino diversificar sus socios en las áreas comprometidas.

Esfuerzos para reducir la dependencia

China ha hecho avances importantes en el campo de la tecnología recientemente. Sin embargo, no prosperó lo suficiente en las áreas de los microchips y los semiconductores, por lo que siguió dependiendo del exterior y ahora sufre las consecuencias de esto. Lo que el país hará a partir de ahora será proteger sus cadenas de suministro tanto como sea posible a corto plazo y llegar a una posición en la que pueda satisfacer sus propias necesidades a largo plazo.

Hemos empezado a ver los primeros pasos en esa dirección. Huawei anunció que aumentará sus gastos en I+D de USD 14,2 mil millones en 2019 a USD 20 mil millones en 2020. Otras empresas chinas muy seguramente seguirán ese ejemplo y transferirán más recursos a I+D e innovación para poder producir sus propios chips y así no depender del exterior. En otras palabras, las sanciones estadounidenses contra China en el campo de la tecnología acelerarán el movimiento tecnológico chino.

Las consecuencias para EEUU serán la reducción de su dependencia de China y Asia tanto en la producción como en la venta. En las últimas dos décadas, la participación de EEUU en la producción mundial de microchips y semiconductores ha disminuido del 25% al 12% y continúa en bajada debido a que las empresas estadounidenses han optado por subcontrar en Asia. EEUU intentará revertir este proceso con pasos como la propuesta de ley que prevé exenciones de impuestos de hasta el 40% para productores dentro del territorio estadounidense y el apoyo de USD 12 mil millones para I+D y de USD 10 mil millones para proyectos de fabricación a nivel estatal.

Por otro lado, a medida que las empresas estadounidenses pierdan sus clientes en China, tendrán que diversificar sus compradores. En 2019, Qualcomm generó aproximadamente la mitad de su facturación total de USD 24,3 mil millones a partir de ventas a empresas chinas. Esforzarse por proteger estos ingresos tanto como sea posible (al solicitar una licencia para vender a China), mientras accede a diferentes mercados para reducir su fragilidad será una obligación no solo para Qualcomm sino para todos los fabricantes estadounidenses.

En el siglo XX, la lucha por el petróleo y el gas natural fue decisiva en las relaciones internacionales. En el siglo XXI, la lucha del microchip y la tecnología pasará a primer plano. En un mundo donde las dependencias económicas no traen paz y tranquilidad, contrario a lo que esperábamos anteriormente, la prioridad de los países será alcanzar un nivel alto de autosuficiencia en todos los campos, especialmente en el tecnológico. 

Ver también: ¿Cómo ver si no puedes tocar? Los retos de la población con discapacidad visual durante la pandemia.

[El Dr. Altay Atli es un experto en el Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad de Bogazici, con sede en Turquía, y el director fundador de Atli Global, una consultora sobre economía mundial] 

*Aicha Sandoval Alaguna contribuyó con la redacción de esta nota.


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