Por: Francisco Seminario
Poco más de seis meses pasaron desde que el 23 de enero pasado Juan Guaidó asumió “las competencias del Ejecutivo Nacional”, según proclamó aquel día ante una multitud en Caracas. Pero el líder opositor gobierna sólo en los papeles como presidente interino de Venezuela. El poder real sigue en manos de Nicolás Maduro y en Washington, donde el proceso político venezolano es seguido con atención y alarma, los observadores comienzan a ver el futuro con cierta resignación.
Los analistas políticos en la capital norteamericana coinciden en que las expectativas de cambio se diluyen a medida que pasan los meses y Maduro resiste en el palacio de Miraflores. Pero al mismo tiempo sostienen que aún quedan instancias de negociación y presión internacional para lograr un cambio.
Una de las salidas posibles a la crisis, opinan los expertos en Washington, pasa por sentar al gobierno de Moscú a la mesa de negociaciones. Otra, por la aplicación de sanciones coordinadas para profundizar el aislamiento internacional del régimen.
“Por el momento, lo que todos miran es el proceso de diálogo en Barbados, aunque pocos creen que de allí pueda salir algún resultado”, señaló a la Agencia Anadolu Michael Matera, experto en América latina del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés), un influyente centro de pensamiento de Washington.
Se trata de una mesa de negociación auspiciada por el gobierno de Noruega, con enviados del Gobierno y de la oposición Venezolanos. Pero muchos especialistas creen que ese diálogo sólo sirve al interés del chavismo de ganar tiempo y por lo tanto está destinado al fracaso, al igual que todas las negociaciones iniciadas en los últimos años, en La Habana, Santo Domingo, Oslo y Caracas.
“Hay pocas expectativas de movimiento en cualquier dirección”, dijo Matera. “La administración de Donald Trump está más enfocada en el poder que representa Rusia y en menor medida Cuba que en la negociación directa con Maduro, que es controlado por ellos”, añadió Matera.
Venezuela “es un Estado mafioso bajo el control de Rusia y Cuba y con una presencia fuerte del crimen organizado”, enfatizó el analista del CSIS. Por eso, indicó, una eventual solución para la crisis política, económica y humanitaria en la que el chavismo hundió al país suramericano puede pasar por sentar al gobierno de Vladimir Putin a la mesa de negociaciones. Trump lo ha intentado, aunque hasta ahora sin éxito.
“Los chinos, rusos y cubanos tienen que participar de cualquier diálogo, dada su capacidad de sostener al gobierno (de Maduro) a pesar de su aislamiento”, coincidió el experto en América latina Benjamin Gedan, del Wilson Center de Washington.
Para Gedan, sin embargo, el fin del madurismo debe llegar por la presión interna que puede provocar una gran demostración de la ciudadanía en las calles del país, una alternativa que considera todavía viable pese a que los intentos opositores que tuvieron lugar hasta la fecha no dieron el resultado esperado.
“Una transición política en Venezuela requiere una movilización masiva del pueblo o un acuerdo entre Maduro y la oposición”, señaló el especialista.
La popularidad de la que goza Guaidó entre una mayoría de los venezolanos podría contribuir a ese objetivo. Pero su liderazgo parece haber perdido algo del impulso inicial y la falta de resultados concretos seis meses después de haber asumido en forma interina, se convierte en un lastre cada vez más pesado con el correr de las semanas.
Gedan destacó sin embargo que la comunidad internacional “todavía tiene otras herramientas para presionar al régimen y hacer más probable que haga concesiones”. Una acción conjunta en este frente podría complementar la presión interna y revitalizar la demanda popular de cambio.
En esta estrategia posible se inscriben las “sanciones coordinadas” que según el experto podrían acordarse para aislar y acorralar aún más al régimen. “Muy pocos han sancionado, especialmente en la Unión Europea y en América latina”, observó Gedan. Estados Unidos ha sido el principal promotor de las sanciones, que ha aplicado tanto al entorno de Maduro como a la petrolera estatal Pdvsa, el gigante en crisis del que depende el chavismo para su supervivencia.
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