
Es increíble que un Gobierno que está dispuesto a mover cielo y tierra para vengar la muerte de cualquiera de sus ciudadanos en cualquier lugar del mundo, se limite a solo “rezar” para que algún día se detengan las masacres domésticas.
Los mismos líderes estadounidenses que prometieron lanzar una cruzada contra el terrorismo y aniquilar a los terroristas, los mismos que usan tecnología militar exclusiva para atacar terroristas en cualquier lugar del mundo, los mismos que tienen “planes secretos” para derrotar a Daesh y quieren “sacar” todo el petróleo de Irak, estos mismos líderes estadounidenses se quedan anonadados cuando los niños estadounidenses reciben disparos como si fueran blancos de papel en un campo de tiro.
La incoherencia en la bravuconería estadounidense cuando se trata de luchar contra el terrorismo y no hacer nada al respecto de las masacres domésticas explica todo lo que usted necesita saber sobre la falla ética y moral de varios presidentes estadounidenses, legisladores y líderes de opinión.
Pero ahora esta falla ética y moral tiene un nombre: la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés). Es tan poderoso el lobby de la NRA que los políticos ni siquiera se atreven a denunciar la violencia con armas de fuego. Simplemente rezan y ponen fin a todos los debates sobre control de armas después de que un niño blanco comete una masacre, diciendo que el tiempo de luto no es tiempo de debate.
Pero cuando el asesino no es lo suficientemente blanco, o cuando el asesino proviene de una familia musulmana o afroamericana, se abre la caja de Pandora y los políticos superan el luto rápidamente e inmediatamente prometen todo tipo de violencia para vengar el ataque, desde bombardear a otro país, a prohibir la entrada de viajeros provenientes de determinados países, o incluso exigir que se cambien los textos sagrados del islam para que suenen más pacíficos.
El resultado de las políticas antiéticas de la NRA es claro. Entre el 2005 y el 2015, el número de estadounidenses muertos por ataques con armas de fuego fue de 280.000 personas, según PolitiFact. El número de estadounidenses muertos por actos terroristas en ese mismo periodo fue 24.
Otro hecho similar demuestra que algo anda mal en la ética política estadounidense. Entre el 12 de septiembre de 2001 y el 31 de diciembre de 2016, 47% de los ataques terroristas en suelo estadounidense fueron llevados a cabo por extremistas de derecha, mientras el 53% de los ataques fueron cometidos por extremistas islámicos. Durante ese mismo periodo, los ataques cometidos por extremistas blancos de derecha fueron 62, en comparación a 23 cometidos por radicales islamistas.
Falla de inteligencia
Washington gasta miles de millones de dólares monitoreando a los musulmanes en EEUU. El presidente Donald Trump prometió crear una base de datos para los musulmanes en el país, diciendo que “los musulmanes se conocen bien entre ellos” y que los buenos pueden reportar a los malos. Problema resuelto.
De hecho, el monitoreo de EEUU a los musulmanes estadounidenses se ha incrementado, en comparación al monitoreo a otros grupos de la población desde septiembre de 2011. En su libro La Inteligencia Importa, el exsenador Bob Graham dijo que el FBI había recibido información sobre estudiantes árabes que se preparaban para los ataques del 11 de septiembre. El FBI obtuvo la información de parte del imán de una mezquita, quien aparentemente trabajaba con el FBI y alojaba a dos de los terroristas. El hecho de no actuar basándose en esta información fue una de las principales fallas de seguridad de las agencias estadounidenses que más tarde llevaría a los atentados del 11 de septiembre.
Casi todos los responsables de los actos violentos en los colegios de EEUU mostraban señales de que tenían la intención de cometer una masacre. No obstante, las agencias de seguridad de EEUU rara vez muestran interés en –o tal vez nunca obtienen la capacidad política de- monitorear a las comunidades blancas para poder prevenir este tipo de ataques.
La vigilancia de los EEUU al terrorismo merece ser reconocida y ha salvado la vida de muchos estadounidenses. No obstante, es inexplicable por qué las agencias de seguridad de EEUU no pueden demostrar la misma proeza al monitorear y prevenir la violencia por parte de estadounidenses no musulmanes.
Es verdad que los estadounidenses no musulmanes no tienen nombres que llamen la atención, tales como Nidal Hassan u Omar Mateen, de los ataques en Texas y Florida respectivamente, pero eso no significa que las masacres cometidas por Adam Lanza y Nikolas Cruz, de Connecticut y Florida, fueran menos atroces. Y mientras los crímenes de Nidal y Omar fueron atribuidos a sus comunidades y su religión, Adam y Nikolas no fueron ligados a sus comunidades ni a su fe.
Por lo tanto, Nidal y Omar fueron catalogados como terroristas, contra quienes Estados Unidos gastan billones de dólares en derrotar, mientras Adam y Nikolas fueron catalogados como enfermos mentales, para quienes los estadounidenses ofrecen oraciones.
Violencia es violencia, independientemente de que sea cometida por musulmanes o blancos, debe ser percibida de la misma forma. El Gobierno de EEUU debe dedicar la misma cantidad de recursos y atención a acabar con este flagelo.
EEUU ha demostrado estar comprometido en proteger a sus ciudadanos del terrorismo. Aun así, estos mismos EEUU son extremadamente laxos al confrontar a los asesinos, si estos provienen de comunidades blancas.
Tal disparidad no solo afecta a los musulmanes en EEUU, sino también a los demás no blancos, tanto que un estadounidense propuso que –a manera de que el Congreso regule la propiedad masiva de armas de fuego entre los estadounidenses blancos- las organizaciones antiarmas de fuego deberían financiar armar a todos los afroamericanos. Solo cuando los negros estén armados hasta los dientes, como los blancos, el Congreso llegará a considerar necesario imponer regulaciones.
Ese tipo de pensamiento proviene de la manera en que los blancos parecen apoyar por completo a la Policía cuando se trata de vigilar a los afroamericanos. Sin embargo, estos estadounidenses blancos de repente pierden su confianza en la Policía cuando deben monitorear a las comunidades blancas. De repente, los estadounidenses blancos se quejan si el Gobierno parece estar interceptando correos electrónicos o llamadas telefónicas en las que están involucrados los blancos.
La regulación del Congreso de diferentes aspectos de la violencia ha cruzado la línea de la hipocresía. Parece estar siempre preparado para vigilar a los estadounidenses no blancos, a la vez que se rehúsa a vigilar la adquisición de armas de fuegos de los blancos. Esta ha creado dos EEUU: uno vigilado y el otro no tanto. Desafortunadamente, las víctimas provienen en ambos casos de EEUU.
*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.
**Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.news_share_descriptionsubscription_contact


