Un sangriento fin de semana en Estados Unidos estuvo seguido de una semana de suspenso, durante la cual se interceptaron bombas por correo. Para la noche del domingo, 13 estadounidenses habían sido asesinados, varios fueron heridos, se evitó una serie de asesinatos por correo y tres estadounidenses estaban bajo custodia en espera de juicio.
En lo corrido de la semana, se enviaron bombas a los líderes del Partido Demócrata, incluidos dos ex presidentes de Estados Unidos. Para el viernes, la policía había logrado rastrear las bombas a uno de los partidarios republicanos del presidente Donald Trump. La lista de receptores de bombas estaba compuesta por personalidades estadounidenses a quienes Trump había convertido en blanco de su veneno.
El sábado, un supremacista blanco irrumpió en una sinagoga de Pensilvania con un rifle de asalto y tres pistolas. Abrió fuego, matando a 11 personas e hiriendo a muchos otros. Fue sometido y llevado a la corte por cargos de crímenes de odio.
El domingo, otro supremacista blanco, en esta ocasión en Kentucky, intentó cometer una masacre de odio ingresando en una iglesia con una congregación predominantemente afroamericana. Cuando no pudo hacerlo, fue a una tienda cercana, mató a tiros a un afroamericano de 69 años frente a su nieto de 12 años y huyó a un estacionamiento cercano, donde se encontró con otro afroamericano, a quien también mató. La policía detuvo después al asesino.
El sangriento fin de semana de Estados Unidos se produjo en medio de informes que mostraban un aumento en los delitos de odio. Según la Liga Antidifamación, los delitos de odio contra los judíos estadounidenses han aumentado, este año, en un 57%.
Pero los delitos de odio no aumentan por sí mismos. Su aumento requiere de una agitación, que muchos creen ha estado en aumento desde la elección del presidente Donald Trump en 2016.
Desde que se postuló para el cargo en 2016, Trump ha hecho uso de todo tipo de abuso verbal contra cualquiera que no esté de acuerdo con él. Incluso impulsó a sus simpatizantes, durante mítines, a agredir a periodistas. Elogió a un congresista que, durante su campaña electoral, golpeó a un reportero. Trump acusó repetidamente a los medios de comunicación, a los que llama "Noticias falsas", de ser “el enemigo del pueblo”. La mayoría de las veces, son las declaraciones de Trump las que han demostrado ser falsas, en comparación con la información precisa en los principales medios de comunicación.
Pero el peor pecado de Trump se dio el año pasado, cuando se rehusó a denunciar a supremacistas blancos después de haberse llevado a cabo una manifestación en Charlottesville, Virginia, durante el cual uno de los supremacistas arrolló con su carro a una multitud de oponentes, causando la muerte de una joven.
A pesar de las consignas que fueron coreadas como “los judíos no nos reemplazarán”, Trump insistió que había “buenas personas en ambos lados” en el evento de Charlottesville, sin llegar a denunciar inequívocamente a los supremacistas blancos.
El discurso de Trump no solo ha sido dirigido contra sus oponentes y los grupos de minorías de Estados Unidos (tales como judíos, musulmanes, latinos y afroamericanos), sino que su estilo ha gobernado a través de una campaña continua, ya sea para su reelección en 2020 o para elecciones de mitad de periodo, celebradas este martes.
En su campaña actual, Trump ha usado palabras clave que los expertos describen como “silbato de perro”. Estas son palabras o ideas que Trump emite en sus declaraciones y discursos para asegurarse de que sus simpatizantes siempre estén asustados y listos para votar.
Los “silbatos para perros” significan que Trump tiene que perseguir a los inmigrantes, al islam y otros, con los cuales puede crear espantapájaros. El problema es que cuando Trump amenaza a la base republicana, unos pocos republicanos se toman en serio sus amenazas y, en lugar de votar solo, deciden tomar el asunto en sus propias manos.
La persona que disparó en la Sinagoga del Árbol de la Vida quería detener el trabajo de la Asociación de Inmigrantes Hebreos (HIAS), que comenzó en 1881 y fue diseñada para ayudar a integrar a los refugiados en Estados Unidos, independientemente de su origen étnico, religión o color de piel. El que envió bombas quería matar a cada uno de los demócratas a quienes Trump culpa por los males de Estados Unidos.
Desde su elección en 2016, Trump ha agitado el discurso del odio, y el resultado ha sido un aumento correspondiente en los crímenes de odio. Si Trump no fuera un estadounidense y viviera en cualquier parte del mundo, el gobierno de Estados Unidos lo habría visto como un agitador de la violencia digno de silenciar.
En las últimas décadas, Estados Unidos ha gastado una cantidad significativa de recursos en un esfuerzo por contrarrestar el discurso de odio global, la causa fundamental del terrorismo. El discurso de odio de Trump es exactamente lo que Estados Unidos ha estado tratando de combatir y erradicar en todo el mundo. El problema es que la persona que está escupiendo odio está a la cabeza del mismo gobierno que ha dedicado durante décadas a combatir ese discurso y el consiguiente terrorismo.
La elección de Trump ha cambiado las cosas en Estados Unidos y en todo el mundo, y no de una buena manera. Aquellos que esperan que las cosas vuelvan a la normalidad tendrán que esperar que termine la presidencia de Trump, pero desde ahora, puede que este no sea el caso incluso en 2020.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.
*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.
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