
El excandidato presidencial republicano y actual senador Mitt Romney alguna vez describió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como un "estafador". Calumnia y difamación aparte, el exgobernador podría haber tenido razón. Trump ha pasado toda su vida tratando de vender más de lo que puede entregar, desde sus casinos en Atlantic City que se fueron a la quiebra, hasta su universidad que se vino abajo.
Sin embargo, el fracaso nunca disuadió a Trump, tal vez porque "si una vez es vendedor, siempre será vendedor". Sin experiencia en ningún tipo de oficina gubernamental, y sin experiencia en ningún otro trabajo que no sea la posesión y la quiebra de sus propias compañías, Trump se presentó a las elecciones presidenciales por su "éxito empresarial" y prometió resultados similares para el país.
Los verificadores de hechos han descrito repetidamente a Trump como el presidente que ha proferido la mayor cantidad de mentiras. Sin embargo, esto nunca disuadió a Trump de persistir con más mentiras. Más importante aún, las falsedades de Trump tampoco parecen haber disuadido a sus seguidores, por muy pocos que sean. Hasta la fecha, a pesar de todas sus mentiras comprobadas, algunas con ramificaciones legales, Trump todavía goza del apoyo incondicional de un núcleo de republicanos, que se estima es un tercio de los votantes del partido.
Dado el apoyo constante de sus admiradores, Trump ha llegado a pensar que su habilidad de vendedor es el ingrediente secreto que lo ha llevado hasta aquí, y que puede protegerlo en el futuro, contra posibles enredos con la ley.
La táctica populista de Trump significa que, al enfrentar cualquier acusación contra él y posibles enjuiciamientos, él depende de dos cosas: sus partidarios intransigentes y sus enormes prerrogativas como presidente, que ha utilizado hasta el momento para despedir a media docena de funcionarios superiores encargados de hacer cumplir la ley, que se habían negado a cerrar las investigaciones sobre su posible colusión con gobiernos extranjeros como el ruso.
Junto con sus declaraciones impulsivas y tuits indisciplinados, el manejo caótico de Trump en la Casa Blanca ha significado que no ha organizado ninguna defensa legal efectiva, en caso de que las investigaciones lleguen a su puerta. En lugar de tratar de contrarrestar al Fiscal Especial Robert Mueller, que está investigando la posible interferencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, Trump lo ha perseguido, intentado desacreditar su integridad.
Lo que Trump ha pasado por alto es que la ‘Dama de la Justicia’ se cubre los ojos mientras sostiene la balanza por alguna razón. La justicia fue diseñada para proceder independientemente de la opinión popular, y aunque el presidente es técnicamente el principal ejecutor de la ley, su poder tiene limitaciones, principalmente debido al sistema descentralizado de Estados Unidos.
Hasta ahora, Mueller ha burlado a Trump en muchos frentes. En primer lugar, a diferencia del hablador Trump, Mueller ha permanecido en silencio y ha llevado a cabo una investigación exhaustiva sin filtraciones. En segundo lugar, Mueller se da cuenta de que Trump tiene la autoridad para perdonar a los acusados y despedir a los fiscales, pero el poder del mandatario se limita a la aplicación de la ley federal solamente, y no cubre la aplicación de la ley estatal. De ahora en adelante, el abogado especial ha recopilado suficiente evidencia de convicción y se los ha entregado a los fiscales estatales locales.
Hasta ahora, los casos del abogado de Trump, Michael Cohen; su confidente y editor del National Enquirer, David Pecker; y su director financiero en la Organización Trump, Allen Weisselberg, han sido litigados a nivel estatal local. Esto significa que incluso si Trump bloqueara a Mueller, estos casos no serán interrumpidos.
El único caso que queda en manos federales es el del ex gerente de campaña presidencial de Trump, Paul Manafort, quien fue acusado en un caso de fraude fiscal, en ocho de 18 cargos. Manafort espera un segundo juicio relacionado con sus conexiones con el gobierno de Ucrania. Si bien Trump cree que puede perdonar a Manafort y poner fin a sus juicios, la mayoría de los expertos en derecho creen que un indulto presidencial no puede impedir que los fiscales estatales retomen la investigación donde Mueller fue interrumpido.
Entre los cuatro grandes asociados de Trump que han sido acusados formalmente, o han llegado a un acuerdo con la Fiscalía, solo Manafort se destaca como el que no estuvo cerca de Trump antes de la campaña presidencial de 2016. Esto podría haber convencido a Mueller de que, mientras que otros asociados de Trump eran culpables, de una forma u otra, Manafort merece una atención especial por ser un extraño, alguien que fue presentado al equipo de Trump por un gobierno extranjero. Según la especulación, parece que Mueller cree que Manafort tiene las llaves de la supuesta colisión de Trump con Moscú.
El presidente ya ha intentado adelantarse a cualquier hallazgo. Él ha dicho que "no hubo colusión con Rusia, e incluso si lo hubo, nada en la ley lo prohíbe", una disputada interoperación de la ley. Si alguna vez se revela la intromisión, el presidente de Estados Unidos enfrentará una serie de acusaciones criminales, incluso bajo ordenanzas como la Ley de Espionaje.
Trump también ha sido el primero en pronunciar la palabra acusación. En una entrevista con Fox News, Trump amenazó con que si él era acusado, la bolsa de valores colapsaría y cada estadounidense se volvería pobre. Si bien sigue siendo difícil corroborar el argumento económico de Trump, el presidente de Estados Unidos podría haber elegido mencionar la acusación como otra forma de reunir a sus partidarios en contra de la investigación.
Trump eventualmente podría despedir a Mueller, además de los altos mandos del Departamento de Justicia, para desbaratar la investigación. Pero hasta ahora, parece que tales tácticas han hecho poco para detener la justicia. Si el presidente tiene una oportunidad de demostrar su inocencia, deberá jugar el juego legal de acuerdo con las reglas conocidas: contrata a un equipo de abogados de primera fila y pídeles que contrarresten al formidable equipo de Mueller. Cualquier otra cosa no parece estar funcionando a favor de Trump y puede amenazar su estancia en la Casa Blanca. Twitter puede resultar inadecuado para salvar a Trump de sus problemas legales.
*Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
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