Análisis

La disputa de Cachemira: una cuestión desatendida

Sin el apoyo de Estados Unidos, aumentan las probabilidades de que las tensiones en la región terminen de nuevo en una guerra abierta entre Pakistán e India.

Ghulam Nabi Fai   | 16.04.2021
La disputa de Cachemira: una cuestión desatendida SRINAGAR, CACHEMIRA, INDIA - DICIEMBRE 30: Varias áreas residenciales fueron afectadas después de haber sido atacadas por el Ejército indio en las afueras de Srinagar el 30 de diciembre, 2020. Tres personas fueron asesinadas por las fuerzas indias en el tiroteo efectuado en horas de la noche en el área de Lawaypora. (Faisal Khan - Agencia Anadolu)

WASHINGTON

Por: Ghulam Nabi Fai

Benjamín Franklin, firmante de la Declaración de Independencia de Estados Unidos de Gran Bretaña y responsable de negociar un tratado entre las colonias y Francia, preguntó: "¿Cuándo se convencerá la humanidad y aceptará resolver sus dificultades mediante el arbitraje?".

Quizás la respuesta simple es que sucederá cuando el poder se distribuya entre los hombres de tal manera que ningún individuo o nación pueda abusar de él, y que la soberanía tanto personal como nacional sea respetada de una vez por todas.

Franklin fue un hombre muy sabio. Escribió, con respecto a la Revolución Americana: “Estaremos divididos por nuestros pequeños intereses parciales locales, nuestros proyectos serán confundidos y nosotros mismos nos convertiremos en un reproche y un sinónimo de las edades futuras. Y, lo que es peor, la humanidad puede de ahora en adelante, a partir de este caso desafortunado, desesperar en el objetivo de establecer un Gobierno mediante la sabiduría humana y dejarlo al azar, la guerra o la conquista".

Franklin también fue inventor. Los inventores no pueden permanecer confundidos. Buscan formas de simplificar, de convertir lo que se piensa que no está relacionado en una unidad de partes que signifiquen algo o que puedan usarse de manera práctica. Sin duda, él veía la guerra como una estupidez, una forma inútil de lidiar con los problemas. Como embajador de las colonias en Gran Bretaña entre 1767 y 1775, buscó relaciones constructivas entre los dos países. De hecho, era un leal, un hombre que creía que el rey debería tener más poder (era más simple) pero se convirtió en un patriota y, en última instancia, en un creyente en la libertad y la autodeterminación de aquellos que querían escapar de la tiranía.

Fue a través de la mediación de Franklin, su poder de persuasión y quizás la incomodidad de Francia con la creciente fuerza británica que los galos ayudaron a las colonias estadounidenses y trajeron equilibrio a lo que podría haber sido una causa perdida para la Revolución Americana.

Franklin, obviamente, creía que la resistencia de las colonias era una ruta preferible a la capitulación. "Los que pueden renunciar a la libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal", escribió y agregó: "No merecen ni seguridad, ni libertad". Con suficiente resistencia uno tiene la fuerza para exigir negociaciones, si es que ganar directamente no está en las cartas. Un hombre débil no puede exigir nada.

La necesidad tanto de resistencia y de arbitraje en el caso de Cachemira es obviamente necesaria, pero tenemos un problema de equilibrio de poder al igual que las colonias, como mencionaba al principio.

Las más de 900.000 tropas de la India estacionadas en Cachemira, combinadas con su control sobre la aplicación de la ley local, presentan un desafío difícil, si no insuperable, para quienes estén dispuestos a resistir la ocupación extranjera. La presencia de un número tan elevado de tropas en más 73 años de conflicto, parecería a la mayoría de los observadores un claro indicio de que las diferencias de Cachemira con la India son intratables e irresolubles dada la persistente resistencia, a pesar del grave desequilibrio de poder entre los dos.

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Si bien se ha dicho mucho en las últimas sesiones de la Asamblea General de la ONU sobre la paz y la seguridad internacionales por un lado y la resolución de conflictos por el otro, todos enfatizaron la necesidad de cooperación y no de confrontación. Sin embargo, al final, quedó claro que cada nación miembro quería una cooperación que sirviera solo a sus propios intereses nacionales, y no una cooperación que sirviera a la humanidad o los intereses de otras naciones o personas.

Lars Lokke Rasmussen, ex primer ministro danés, dijo: "Hoy el mundo se enfrenta nuevamente a una situación en la que la cooperación y el diálogo son reemplazados con demasiada frecuencia por la fuerza y ​​la violencia". Su visión difícilmente puede ser cuestionada por alguien.

El expresidente Obama dijo: "Son estos principios internacionales los que ayudaron a impedir que los países más grandes impongan su voluntad a los más pequeños... Sobre esta base, vemos que algunas potencias importantes se imponen de formas que contravienen el derecho internacional".

Muy cierto, obviamente. Pero, por supuesto, Obama estaba señalando con sutileza a Rusia, y quizás sería bueno que sus propios asesores de política exterior le hubieran prestado atención. La intervención militar de Estados Unidos en numerosos países en las últimas tres décadas, ya sea directa o indirecta, como en Siria, es una cuestión de historia.

Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad nacional del presidente Carter, había propuesto que "desarmemos" los barcos rusos que apoyan al régimen sirio. Sin embargo, el presidente Putin había sugerido que la presencia de Rusia en Siria podría conducir a negociaciones para resolver las diferencias políticas involucradas. Nada de este derramamiento de sangre y millones de sirios desplazados habrían ocurrido si esa hubiera sido la política desde el principio.

No entiendo quién impide que estos líderes mundiales utilicen su autoridad moral para persuadir a los violadores de las leyes internacionales, como India en Cachemira, de que acaten estos principios. Quizá la venta internacional de armas y el complejo industrial militar en general, que parece tener un firme control sobre las prioridades de la política exterior, puedan ofrecer una pista. Y cuando los líderes mundiales son cómplices, es bastante difícil para ellos mantener una posición elevada en cualquier prerrogativa moral que pueda tener alguno de sus socios.

Observar el proceso democrático y el civismo en los asuntos internacionales parece una exigencia demasiado grande para las personas que carecen tanto de la voluntad de actuar con responsabilidad, como de la madurez para comprender el papel adecuado de los servidores públicos de la sociedad.

Creo que la mejor manera de resolver el conflicto de Cachemira que afecta directamente la paz y la estabilidad de India y Pakistán es escuchando a Mahatma Gandhi, el padre de la nación india, quien dijo el 29 de julio de 1947, en Delhi: “El verdadero soberano del Estado es el pueblo. El gobernante es un servidor del pueblo. Si no es así, no es el gobernante. Esta es mi firme creencia, y es por eso que me convertí en rebelde contra los británicos, porque los británicos decían ser los gobernantes de la India y yo me negué a reconocerlos como tales. También en Cachemira el poder pertenece al público. Déjenlos hacer lo que quieran".

La negativa de la India a sentarse a la mesa de negociaciones con Pakistán, o con quienes representan las aspiraciones del pueblo de Jammu y Cachemira, indica que India ni siquiera está cerca de abordar las realidades de Cachemira y la voluntad del pueblo. Esto debe cambiar. La paz en la región beneficiará no solo a aquellos que se ven directamente afectados por este conflicto, sino también a la India, cuya economía está seriamente agotada por el mantenimiento de una cantidad tan masiva de tropas en Cachemira, y la desviación de recursos en otros desafíos a los que se enfrenta, como elevar el nivel de vida de su población.

Deben prevalecer mentes más sólidas. Deben buscarse métodos más racionales para abordar las diferencias. Hace mucho tiempo que se descubrió que repetir los mismos errores mientras se esperan resultados diferentes es el camino del fracaso. Estos 73 años deberían demostrar la necesidad de un cambio de política, una política que acepte el derecho del pueblo de Jammu y Cachemira a determinar su propio destino.

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Estados Unidos ha instado tanto a India como a Pakistán a resolver el conflicto de Cachemira y sentarse a la mesa de negociaciones, pero sabe que las conversaciones bilaterales siempre han fracasado. Se necesita la participación o facilitación de terceros, que ya arrojó resultados para persuadir a India y Pakistán a alcanzar un acuerdo de alto al fuego el 25 de febrero de 2021, después de un lapso de 18 años.

El presidente Biden sacudió la conciencia de las potencias mundiales cuando habló sobre la situación en Bosnia en el Senado de Estados Unidos el 13 de diciembre de 1995, con estas palabras: “Hace una década y media, la guerra destrozó este país y dejó al menos 100.000 muertos y millones sin hogar. El genocidio de Srebrenica trajo a la luz el salvajismo indescriptible de esa guerra en el mundo. Fue un llamado a la conciencia. Mi país, durante demasiado tiempo al margen, ya no podía permanecer en esa posición".

Biden debe saber que también en Cachemira han muerto más de 100.000 personas, y el 15 de agosto de 2019, "Genocide Watch" emitió una "Alerta de genocidio" para Cachemira.

Quizá ahora es el momento en que Biden debería escuchar el discurso del presidente John F. Kennedy ante la Asamblea General de la ONU el 25 de septiembre de 1961. “Esa marea continua de autodeterminación, que corre tan fuerte, tiene nuestra simpatía y nuestro apoyo… Mi nación fue una vez una colonia y sabemos lo que significa el colonialismo; la explotación y subyugación de los débiles por los poderosos, de los muchos por unos pocos, de los gobernados que no han dado su consentimiento para ser gobernados, sea cual sea su continente, su clase o su color”.

Sin el apoyo de Estados Unidos, la probabilidad de que el conflicto de Cachemira se disuelva en una guerra abierta nuevamente, como lo ha hecho en el pasado, con un costo de cientos de miles de vidas, parece inevitable. La intervención es de suma importancia para el bien de la paz y la seguridad internacionales en la región del sur de Asia y más allá.

*El autor es el secretario general del Foro Mundial de Concienciación sobre Cachemira con sede en Washington.

*Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

**Maria Paula Triviño contribuyó con al redacción de esta nota.

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