Mehmet Yilmaz
20 Septiembre 2017•Actualizar: 20 Septiembre 2017
Un ministro turco dijo que la organización mundial de la Salud (OMS) asistirá a las labores humanitarias de Turquía en medio de la crisis de los rohinyás en Birmania.
Hablando con la Agencia Anadolu en la capital de Hungría, Budapest, el primer viceministro turco, Recep Akdag, dijo que había pedido al director general de la OMS, Tedros adhanom, su apoyo para facilitar los planes de Turquía de establecer refugios y campamentos para los rohinyás en Birmania y Bangladés.
“Él [Adhanom] dijo que nos apoyaría. Nosotros prestaremos nuestro servicio”, dijo Akdag.
Las agencias de ayuda turcas lanzaron este lunes una campaña a nivel nacional para los musulmanes rohinyá que se escapan de la violencia en el estado Rakaín de Birmania.
Akdag dijo que varias instituciones –incluyendo la Creciente Roja Turca (equivalente de la Cruz Roja en los países musulmanes), el Directorado de Asuntos Religiosos, y la Autoridad de Desastres y Emergencias – están involucradas en la campaña.
“Turquía está comprometida con la construcción de albergues temporales y campamentos para albergar a los niños, las mujeres, los adultos mayores y las familias en el área”, dijo el martes.
La gente en Turquía que quiera donar 10 liras (aproximadamente USD 3), pueden hacerlo enviando un mensaje de texto con la palabra “ARAKAN” (antiguo nombre del estado Rakaín) al 2868 o mediante transferencias bancarias.
Desde el 25 de agosto, más de 370.000 rohinyás han cruzado la frontera desde el estado Rakaín, al occidente del país, hacia Bangladés, según la ONU.
Los refugiados se escapan de una nueva operación de seguridad en la cual las fuerzas armadas y hordas de budistas han asesinado hombres, mujeres y niños, saqueado hogares y quemado aldeas enteras. Según Bangladés, cerca de 3.000 rohinyás han muerto en las operaciones.
Turquía encabeza la provisión de ayuda humanitaria a los desplazados rohinyá, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan dijo que llevará el tema a la mesa ante la ONU.
Los rohinyá, descritos por la ONU como el grupo de personas con el mayor grado de persecución en el mundo, se enfrentan a crecientes temores de ser atacados tras que docenas fueran asesinados víctimas de violencia comunal en el 2012.