Política

Por primera vez, la CIDH responsabiliza a EEUU por abusar y torturar a un prisionero en Guantánamo

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos determinó que, mientras estuvo preso, el argelino Djamel Ameziane sufrió violaciones a los DDHH y al Derecho Internacional Humanitario a manos de oficiales estadounidenses.

Jose Ricardo Baez Gonzalez   | 04.06.2020
Por primera vez, la CIDH responsabiliza a EEUU por abusar y torturar a un prisionero en Guantánamo Protestantes exigen el cierre de Guantánamo al frente de la Casa Blanca en Washington, EEUU. Archivo ( Safvan Allahverdi - Agencia Anadolu )

Distrito Especial

Por: José Ricardo Báez G.

Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) determinó que el ciudadano argelino Djamel Ameziane sufrió abusos y torturas a manos de oficiales estadounidenses, entre otras violaciones al Derecho Internacional Humanitario, en el campo de detención de Guantánamo, ubicado en la isla de Cuba. 

Esta es la primera vez que un organismo regional toma una decisión frente a las violaciones de DDHH cometidas en el campo de prisioneros controlado por Estados Unidos. Además, recomienda al país norteamericano que establezca una Comisión de la Verdad para investigar la prisión y las historias de los implicados en actos de tortura entre 2002 y 2008. También que provea atención médica, psiquiátrica y psicológica adecuada, acceso a la justicia de los prisioneros y, en última instancia, el cierre de la prisión de Guantánamo.

El caso no podrá pasar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) porque EEUU no ha ratificado la Convención Americana de DDHH. Hasta que no lo haga y acepte expresamente la competencia de ese tribunal, ningún caso de este país podrá llegar a dicha Corte. Hay casos abiertos y se han formulado medidas cautelares a otros prisioneros; sin embargo, “la actuación de la CIDH es muy limitada. [...] Esto se debe a la dificultad para acceder a las víctimas, recopilar las pruebas, y la presión de litigar un caso contra países de la talla de EEUU”, aseguró a la Agencia Anadolu Francisco Quintana, director de la región Andina, Norteamérica y el Caribe del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL).

No obstante, la CIDH ha tenido una larga trayectoria de casos en contra de Estados Unidos. Solo en 2019 abrió 116 de ellos y ha fallado algunos en materia de violencia doméstica, de migración y pena de muerte. La CIDH también ha denunciado las actuaciones de este país en muchos informes temáticos, como por ejemplo en ‘Hacia el cierre de Guantánamo’, publicado en 2015.

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“Si bien el poder Ejecutivo no implementa de manera activa o se siente obligado por las decisiones de la CIDH, el precedente de este caso es muy importante. A través de la decisión de un organismo internacional de DDHH se puede conocer la verdad de lo sucedido, que muchas veces los gobiernos niegan”, agregó Quintana.

El caso de Ameziane

En su informe, la CIDH determinó que el argelino Ameziane sufrió abusos y torturas a manos de los oficiales del campo de prisioneros: lidió con largos períodos de confinamiento solitario, fue golpeado durante el interrogatorio, no recibió atención médica por lesiones sufridas durante su reclusión, se le impidió practicar su religión, fue insultado por su fe, y se le negó el contacto regular con su familia.

Ameziane fue encarcelado en la base aérea estadounidense en Kandahar, Afganistán, y enviado a Guantánamo donde permaneció detenido hasta su traslado forzado a Argelia en 2013. Durante más de 12 años bajo custodia estadounidense, nunca fue acusado de un delito y ningún juez determinó la legalidad de su detención.

“En Kandahar fuimos golpeados y brutalizados por los soldados. […] Recuerdo que los soldados tenían perros que ladraban cerca de nuestras cabezas mientras estábamos encadenados boca abajo, tan cerca que podía sentir su aliento en mi cara. […] Otros prisioneros fueron privados de sueño hasta el punto de alucinar, todo en un esfuerzo por lograr que confesaran varias cosas”, aseguró Ameziane en la declaración de la audiencia.

En Guantánamo la situación no mejoró. “Mi celda [al aire libre] era como una perrera, y de hecho no era apta para un ser humano. Tenía dos metros cuadrados y estaba hecha de malla de alambre, con piso de cemento. Los guardias nos acosaban constantemente y nos gritaban obscenidades. Interrumpían nuestras oraciones y sistemáticamente nos rociaban con agua cuando dormíamos”, agregó el argelino.

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En otro incidente violento, los guardias entraron a su celda y golpearon su cabeza contra el piso con tanta violencia que dislocó su mandíbula. También le sostuvieron la cabeza y le pusieron una manguera de agua por varios minutos sobre el rostro, asfixiándolo, una operación que repitieron varias veces. En otra ocasión lo mantuvieron durante más de 30 horas con un sonido de música electrónica a todo volumen, "lo suficiente como para reventar los tímpanos", aseguró en su declaración.

El vacío legal de Guantánamo

Ameziane nació en Argel, Argelia, en 1967. En 1992 abandonó el país debido a la Guerra Civil entre el Gobierno y rebeldes islamistas. Se mudó a Austria, donde trabajó como chef hasta 1995. No pudo renovar su visa e intentó ingresar a Canadá con un pasaporte falso. Al ser detenido pidió asilo político y pudo vivir unos años en Montreal. Su solicitud fue denegada en el 2000 y se mudó a Afganistán justo antes de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center y el Pentágono.

Tras el ataque terrorista, la administración de George W. Bush inició la ‘Guerra contra el terror’. El Congreso de EEUU aprobó la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar que permitía utilizar “toda la fuerza necesaria y apropiada contra aquellas naciones, organizaciones o personas que el Ejecutivo determine que planearon, autorizaron, cometieron o ayudaron a los ataques terroristas”.

Además, el presidente Bush firmó una orden militar que autorizaba al Departamento de Defensa a detener a cualquier ciudadano no estadounidense que “participó, ayudó, incitó, conspiró para cometer actos de terrorismo internacional, o actos en preparación para ello". Asimismo negó a dichos detenidos el derecho a impugnar su detención ante cualquier tribunal estadounidense, extranjero o internacional.

Cuando Estados Unidos invadió Afganistán en octubre de 2001, Ameziane intentó cruzar la frontera hacia Pakistán para escapar de los enfrentamientos. Fue capturado por una tribu local y entregado a las autoridades paquistaníes, quienes a su vez lo vendieron al Ejército de Estados Unidos. Los soldados de Guantánamo le dijeron a Ameziane "que los paquistaníes les vendían personas en Afganistán por USD 2.000 y USD 5.000”.

De acuerdo con las nuevas leyes, cientos de individuos fueron capturados, detenidos e interrogados en los siguientes meses en bases militares estadounidenses, incluida Guantánamo en Cuba, y prisiones extranjeras operadas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

En enero de 2002, una serie de memorandos del Gobierno determinaron que los miembros de Al-Qaeda y los talibanes no estaban protegidos por la Tercera Convención de Ginebra, que estipula cómo tratar a los prisioneros de guerra. Además, permitían el uso de "técnicas mejoradas de interrogatorio", incluidas el ahogamiento por medio del ‘waterboarding’, la privación prolongada del sueño y mantener a los detenidos en posiciones de estrés. El Gobierno también dio visto bueno a una política de interrogatorios de la CIA que violaba el Estatuto de Tortura de EEUU, la Ley de Crímenes de Guerra del Código de EEUU, la Convención de Ginebra y la Convención contra la Tortura.

EEUU justificó la detención de Ameziane por asistir a mezquitas en Montreal donde iban a rezar miembros de Al-Qaeda. "Antes de su partida de Canadá, el detenido recibió entre 1.200 y 1.500 dólares canadienses de un hombre tunecino que lo había alentado a viajar a Afganistán", dice el resumen de las acusaciones en las 5.000 páginas de transcripciones sobre presos de Guantánamo que el Departamento de Defensa de EEUU publicó en 2006.

También aseguró que al llegar a Afganistán vivió en una casa de huéspedes utilizada por los talibanes en Kabul y que luego de la campaña estadounidense en ese país, a fines de 2001, Ameziane viajó con ellos a Tora Bora, el área fronteriza donde el líder de Al-Qaeda, Osama Bin Laden, escapó de ser capturado.

No obstante, Ameziane dijo ante la Comisión: “No recuerdo haber hecho ninguna declaración para respaldar las acusaciones en mi contra. Si dije algo, fue por miedo y solo como resultado de la tortura y otros abusos. Mis palabras fueron alteradas intencionalmente por los interrogadores que se tomaron la libertad de escribir lo que querían; fueron modificados por los intérpretes con los que trabajé, que hablaban dialectos del Medio Oriente que son completamente diferentes al mío”.

Reparaciones materiales y morales

La CIDH recomendó a EEUU proporcionar "reparaciones materiales y morales adecuadas" por las violaciones de DDHH que sufrió Ameziane en sus 12 años de reclusión. Algunas de ellas son: continuar las investigaciones penales por la tortura en la base aérea de Kandahar y el centro de detención de Guantánamo, una compensación por el tiempo que vivió en detención arbitraria, atención médica y psicológica para su rehabilitación, y la emisión de una disculpa pública por parte del presidente de EEUU o de cualquier otro funcionario de alto rango para establecer su inocencia.

La Comisión fue el primer organismo internacional en pedir a EEUU que tomara medidas urgentes para respetar los derechos básicos de los detenidos, dos meses después de la llegada de los primeros prisioneros en enero de 2002, y ha otorgado y ampliado reiteradamente medidas cautelares a favor de los prisioneros. Desde 2013, la Comisión ha pedido el cierre inmediato de los centros de detención. Hasta el momento, cuarenta hombres permanecen presos en Guantánamo. 

El argelino estuvo representado por el Centro de Derechos Constitucionales (CCR) y el Centro de Justicia y Derecho Internacional (CEJIL), quienes presentaron la petición por primera vez en 2008. “El caso de Djamel Ameziane no solo es un emblema de los abusos cometidos contra hombres detenidos arbitrariamente durante la llamada ‘Guerra contra el terror’; sino también de la larga lucha hacia la verdad, la justicia y las reparaciones que enfrentarán muchos de estos hombres y la posibilidad de obtener algo de paz”, dijo Francisco Quintana, miembro de CEJIL.

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