Tres ganadores del premio Nobel de la paz, Tawakkol Karman, de Yemen, Shirin Ebadi, de Irán, y Mairead Maguire, de Irlanda del Norte, están en Bangladés para evaluar de primera mano la situación de los refugiados rohinyás, incluida la violencia contra las mujeres.
Tawakkol Karman, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, pidió a la líder de Birmania, también "laureada con el Premio Nobel", que detenga la violencia contra los rohinyá y los ayude a regresar a sus tierras.
En declaraciones a la Agencia Anadolu, Karman dijo que llegaron al país este sábado, que visitarán el campamento de Balukhali este lunes y que abandonarán el país el 1 de marzo.
Sobre la actual crisis de refugiados, Karman comentó que era el resultado de un contexto político más amplio: "El Estado altamente militarizado de Birmania ha creado una cultura de total impunidad y mantiene un sistema de apartheid contra las minorías étnicas".
También señaló que el Gobierno de Birmania negó los derechos básicos de los rohinyás, "incluyendo el derecho a la ciudadanía plena, la propiedad de la tierra y la educación".
Karman agregó que "hay casi 700.000 rohinyás en campos en Bangladés, y los refugiados tienen buenas razones para temer regresar a Birmania".
Además, enfatizó que miles de rohinyá fueron ejecutados y sus aldeas quemadas por el Ejército del país, que "innumerables" mujeres habían sido violadas y que "las mujeres rohinyá físicamente traumatizadas por la violación continúan cruzando la frontera hacia Bangladés".
La Nobel apuntó que las mujeres rohinyá fueron victimizadas dos veces, "por ser rohinyá y por ser mujeres".
"Han soportado décadas de brutal y organizada violencia estatal en Birmania, incluidos altos niveles de violencia sexual, y ahora están desplazadas y enfrentan nuevos desafíos como refugiados", añadió Karman.
Luego de señalar que menos del 20% de las mujeres rohinyá desplazadas tenían acceso a atención post violación, agregó que sus necesidades especiales no se habían suplido en los campos de refugiados.
También expresó su preocupación por los informes de mujeres y niñas que son víctimas de la trata de personas durante su viaje para convertirse en refugiadas y en los campamentos; agregó que su seguridad debía ser una prioridad.
“O que acabe con la violencia o que renuncie”
Karman señaló que "Bangladés es el octavo país más densamente poblado del mundo, y que en gran medida no está preparado ni equipado para responder a esta crisis por sí mismo, incluyendo las necesidades particulares de las refugiadas".
También instó a la comunidad internacional a intensificar su apoyo a Bangladés, donde se refugian los rohinyá perseguidos.
Sobre los pasos que deben tomarse, Karman dijo: "Los esfuerzos de repatriación no deben avanzar hasta que Birmania presente un compromiso claro y genuino de tratar a los rohinyá como ciudadanos plenos y defender sus derechos humanos”.
Mencionó que la emisión de Tarjetas Nacionales de Verificación por parte de Birmania son “otra señal de advertencia de que Birmania aún no está preparado para tratar a los rohinyás como ciudadanos plenos".
También aconsejó a que no se ejerza presión sobre los rohinyás para que regresen a su país "en las circunstancias actuales", y que hacerlo sería otra violación de sus derechos según el derecho internacional.
Karman apuntó que "la rendición de cuentas y la justicia por los crímenes perpetrados contra el pueblo rohinyá deben ser una prioridad para la comunidad internacional; el problema de los refugiados se deriva de los crímenes de lesa la humanidad cometidos por el Ejército y el Gobierno de Birmania contra los rohinyá", y agregó que apoyar a los refugiados era una responsabilidad "global y compartida".
La Nobel hizo un llamado a la comunidad internacional para que “amplíe urgentemente su apoyo a Bangladés, a medida que nos acercamos a la temporada de los monzones, y que prioricemos satisfacer las necesidades básicas de las mujeres sobrevivientes de violencia sexual, incluida la atención médica y psicosocial adecuada”.
También instó a la líder de facto de Birmania, Aung San Suu Kyi, a "detener" inmediatamente los crímenes contra los rohinyás para ayudarlos a regresar a su patria, otorgarles derechos plenos e iguales como ciudadanos y dueños de sus tierras.
Karman indicó que Aung San Suu Kyi sería finalmente responsable de los crímenes cometidos por las fuerzas militares en Birmania, y sugirió que el caso será llevado a la Corte Penal Internacional.
Los Premios Nobel exigen a Suu Kyi tomar medidas
Doce premios Nobel y otros 18, entre ellos políticos y artistas, enviaron una carta abierta al Consejo de Seguridad de la ONU, instándolo a intervenir para poner fin a la crisis Rohingya, en septiembre de 2017.
Los premios Nobel de la Paz Malala Yousafzai y Desmond Tutu también instaron al líder de Birmania a defender a los rohinyá.
El mismo llamado fue hecho por la Iniciativa de Mujeres Nobel a través de una carta abierta firmada por las ganadoras del Premio Nobel de la Paz Mairead Corrigan, Jody Williams, Shirin Ebadi, Leymah Gbowee y Tawakkol Karman.
Limpieza étnica a los rohinyá
Según los últimos datos de la ONU, 688.000 rohinyás que escaparon de la violencia desde el 25 de agosto de 2017 buscaron refugio en Bangladés.
Se estima que en la década de 1970 había alrededor de dos millones de musulmanes viviendo en el estado Rakáin, en Birmania, y la cantidad ha disminuido a menos de 350.000 debido a escapes de ataques sistemáticos.
Según imágenes satelitales obtenidas por instituciones internacionales de derechos humanos, más de 350 aldeas rohinyá han sido quemadas hasta el momento en la zona.
Los refugiados huyen de una operación militar en la que las fuerzas de seguridad y las multitudes budistas han matado a hombres, mujeres y niños, han saqueado casas y han incendiado aldeas rohinyá. Según el ministro de Asuntos Exteriores de Bangladés, Abul Hasan Mahmood Ali, alrededor de 3.000 rohingyás han muerto en la ofensiva.
Los rohinyá, descritos por la ONU como el pueblo más perseguido del mundo, han enfrentado un gran temor de ataque desde que decenas de personas murieron en la violencia comunal en 2012.
En octubre pasado, tras los ataques a puestos fronterizos en el distrito de Maungdaw, en Rakáin, las fuerzas de seguridad lanzaron una campaña de represión de cinco meses en la que, según los grupos rohinyá, murieron alrededor de 400 personas.
La ONU documentó violaciones masivas en grupo y asesinatos, incluso de bebés y niños pequeños, brutales palizas y desapariciones cometidas por personal de seguridad. En un informe, los investigadores de la ONU dijeron que tales violaciones podrían haber constituido crímenes de lesa humanidad.
*Carolina Zúñiga contribuyó a la redacción de esta nota.