La campaña a las elecciones presidenciales en Brasil empezó en el tribunal. El pasado miércoles, el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva recibió la confirmación de su sentencia (ampliada de nueve años y medio a 12 años y un mes) por corrupción pasiva y lavado de dinero, en el caso de un lujoso apartamento de tres plantas que le habría sido entregado por la constructora OAS como un soborno.
No obstante, este jueves el Partido de los Trabajadores (PT) anunció la candidatura de Lula en las elecciones presidenciales que se celebran en octubre de este año, de modo que Brasil se despertó este viernes con la incertidumbre no solo sobre el destino del hombre que dejó el Gobierno, en 2011, con el 83% de aprobación, sino respecto a todo el futuro político del país.
Lula se enfrenta ahora al riesgo de volverse inelegible o de ir a la cárcel (aunque esa posibilidad no es inmediata), lo que, según diferentes politólogos, arroja una sombra de inseguridad jurídica y política sobre las elecciones de este año.
Las encuestas más recientes indican que el expresidente recibiría el 36% de los votos, el doble que su rival más cercano, Jair Bolsonaro, candidato de extrema derecha.
La Ley de Ficha Limpia, sancionada por el propio Lula en 2010, prohíbe a los candidatos con condenas confirmadas por un tribunal de apelación que se postulen para un cargo durante ocho años.
Dicha ley solo puede ser invocada cuando el expresidente se registre oficialmente como candidato en el Tribunal Superior Electoral (TSE), lo que debe ocurrir hasta el 15 de agosto.
Además, una brecha permite que Lula apele al TSE, y después al Supremo Tribunal Federal (STF), contra cualquier objeción a su candidatura y, mientras tanto, pueda realizar actos de campaña. Así empieza una carrera de los tribunales contra el calendario electoral.
“El carácter jurídico de esos comicios es inédito en la historia democrática de Brasil. Las decisiones judiciales tendrán gran influencia en el desenlace político de los próximos meses y en el resultado de las elecciones”, analiza Wilson Gomes, politólogo experto en democracia digital.
Aunque a Lula se le conceda una orden judicial que resguarda el derecho de la persona que hizo una apelación ante la justicia, no hay garantías de que pueda presentarse al pleito, porque la ley determina que si se concede ese recurso el Supremo Tribunal debe analizar el caso con carácter de urgencia, conforme explica el juez Márlon Reis, uno de los creadores de la Ficha Limpia.
Si las cortes tardan en tramitar el proceso, Lula podría incluso llegar a ganar la elección, pero después perdería su mandato, en caso de que la apelación sea derogada después de los resultados de los comicios.
Además, si los tribunales anulan su candidatura antes del 17 de septiembre, el PT tendría tiempo de registrar otro candidato. La presidenta de la formación, Gleisi Hoffmann, ha dicho en más de una ocasión que “no hay plan B”, pero fuentes del partido le mencionaron a la Agencia Anadolu nombres como el de Jacques Wagner, exgobernador de Bahía, y Fernando Haddad, exalcalde de Sao Paulo.
Para Wilson Gomes, es pronto para especular sobre un potencial sucesor. “Para el PT, sería ideal tener a alguien que pudiera canalizar los votos que se destinarían a Lula, pero ahora mismo no hay la posibilidad de un heredero político como fue Dilma Roussef”, considera el experto.
Si el expresidente logra sobrepasar los reveses judiciales y ganar los comicios, se prevé un aumento en la brecha que, en los últimos dos años, ha separados dos partes de Brasil: por un lado, los que creen que él debe estar en la cárcel y no en la presidencia —40% de la población afirma que nunca votaría por él, según las encuestas—; y por otro, su grupo de adeptos (cerca de 15.000 personas acamparon en Porto Alegre para seguir de cerca su juicio), que considerarán ilegítimos los comicios en caso de que su candidato no pueda presentarse.
¿Qué cambia para los demás candidatos?
Si el expresidente se queda fuera de la disputa electoral, candidatos de partidos menores como PSOL o Rede Sustentabilidade (formación de Marina Silva) pueden beneficiarse de una posible redistribución de votos, según los politólogos consultados. “Aquellos que todavía no han tenido oportunidad de destacarse en la disputa pueden tener más visibilidad”, comenta Gomes.
Bolsonaro, el segundo en la carrera electoral, podría, sin embargo, verse perjudicado por la ausencia de su principal antagonista. “Bolsonaro perdería su función de ser el “anti-Lula”, dice el politólogo Claudio Couto.
“Lula es su némesis. Sin él, esa derecha más radical, cuyo gran miedo desde 2015 es la vuelta del expresidente al poder, pierde su discurso. Y gran parte de los votos de Bolsonaro son para impedir que el PT vuelva al poder”, añade Gomes.
Sobre el surgimiento de un candidato de centro, que rompa con la polarización política de Brasil, los expertos consideran que se trata de una posibilidad remota, porque el “elector brasileño parece rechazar el centro”. También descartan una posible coalición de formaciones de izquierda.
Así, la previsión es de unas elecciones “convulsionadas”, “radicalizadas” y con la probable formación de dos grandes bancadas de extremos en el Congreso Nacional.