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El grupo de fotoperiodistas que se unió para mostrar el lado más crudo del coronavirus en España

Mediante el proyecto Covid Photo Diaries este colectivo ha retratado la vida de los que quedaron más marginados durante la pandemia, desafiando la historia contada por los medios de comunicación tradicionales.

Santiago Sánchez B   | 27.07.2020
El grupo de fotoperiodistas que se unió para mostrar el lado más crudo del coronavirus en España Jose A. Aguilera, gerente de un complejo de turismo rural en la Sierra de Sevilla, espera en la puerta de entrada de su restaurante la llegada de sus empleados para la firma del ERTE (Expediente de Regulación de Empleo Temporal) que ha tenido que aplicar a todos sus trabajadores por el cierre temporal de la empresa a causa de la crisis del Coronavirus. (Crédito obligatorio: Susana Girón - Handout Agencia Anadolu)

MADRID, España

Por: Santiago Sánchez B.

Para ese momento de la entrevista, Fran intenta secarse las lágrimas. Sin embargo, el sufrimiento y la soledad emergen, incontenibles, y hablan por él. La fotoperiodista Susana Girón lo retrata sentado en la raída furgoneta en la que vive junto al río Guadalquivir, en Sevilla, en una imagen que basta con ver una sola vez para sentir un atisbo de esa angustia que acompaña a quienes no tienen hogar.

El confinamiento significó para Fran un periodo dramático. Sin acceso a fuentes de agua pública ni a baños, sin los ingresos que solía conseguir entre semáforos y esquinas, y dependiendo del bocadillo diario que llegaba a sus manos a través de las ONG de turno, cada día era un encuentro con el desespero. “Aquel chico se rompió a llorar y me pidió que lo fotografiara, con la esperanza de que esto pudiera cambiar su vida”, recuerda Girón sobre esa imagen publicada a comienzos de abril, cuando la pandemia ya comenzaba a cebarse con el país.

Esta es una de las historias reveladas a través de las más de seiscientas fotografías de Covid Photo Diaries, un proyecto periodístico sin precedentes impulsado por ocho fotoperiodistas españoles que asumieron la responsabilidad –y el riesgo- de documentar en distintas ciudades (desde Gijón hasta Sevilla y Cádiz, pasando por Madrid, Zaragoza y Barcelona) los efectos de la COVID-19 en la realidad social española.

El trabajo de Manu Bravo, Susana Girón, Javier Fergo, Isabel Permuy, José Colón, Judith Prat, Olmo Calvo y Anna Surinyach comenzó a principios de marzo, en cuanto se dio a conocer la decisión del Gobierno central de confinar a la población y declarar el estado de alarma; un hecho histórico a todas luces.

Aunque sus fotografías han sido publicadas por importantes medios alrededor del mundo, eligieron Instagram como la plataforma de difusión “por la inmediatez, la facilidad y la forma”, explica Javier Fergo, que realizó sus contribuciones desde Jeréz de la Frontera, en la provincia de Cádiz, donde tuvo que compaginar este trabajo con el cuidado de sus padres, ya mayores, manteniendo las distancias y estableciendo un sistema meticulosamente antiséptico. “No teníamos equipos de protección, ni mascarillas, ni nada”, relata. “Cada uno tuvimos que buscarnos la vida en ese sentido, encontrar algún material de protección, información de cómo no contagiarnos y cómo actuar”.

Y no era algo menor. La frecuente exposición a escenarios de vulnerabilidad en momentos en los que el virus era una amenaza exponencial, significaba también la posibilidad de convertirse en una fuente de contagio para los suyos. “Era tocar a mi padre con guantes, con mascarilla, y muchas veces ni acercarme. Eso ha sido lo más doloroso”, afirma Susana Girón.

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Sin embargo, el patógeno no fue el único obstáculo persistente. Todos experimentaron prácticamente lo mismo en diferentes puntos de España: las trabas a la hora de acceder a hospitales, sanatorios, residencias y demás sitios sensibles para realizar sus coberturas eran frecuentes y provenían incluso de las autoridades. “Podríamos escribir un libro con todos los noes que recibimos”, advierte Girón. 

Sufrir sin testigos 

La pareja de Hassana, una mujer de origen marroquí, apátrida y sin documentación que vive en Jerez de la Frontera, fue diagnosticada con un falso positivo del virus. Su comunidad, motivada por el miedo y la desinformación, los apartó al punto de recluirlos en el piso de alquiler social en el que viven, agudizando la exclusión ha vivido toda su vida, desde que fue vendida siendo una niña.

Su drama está plasmado en una foto de Javier Fergo. En otra imagen, captada por Isabel Permuy, se observa a Telmo, un joven senegalés que oculta su rostro tras la estela de humo de un tabaco. Teme que ser reconocido “tenga repercusiones”. A sus 29 años se gana la vida tocando tambores y cantando ritmos africanos en esquinas madrileñas. Su anonimato, su miedo y su incertidumbre es la de todo un grupo. “Esta pandemia destapó la situación de vulnerabilidad de tanta gente que vive el día a día, que gana un sueldo del que no puede ahorrar nada, que se queda sin trabajo y sin ahorros, y esta situación los pone a depender de la caridad” explica Permuy, quien durante su cobertura estuvo en contacto con comunidades de migrantes de Bangladesh, Senegal, Marruecos y Rumanía.

En Barcelona, esa desoladora realidad de abandono también fue registrada por José Colón. Allí, los dirigentes políticos, las organizaciones privadas y las ramificaciones del Estado, como Sanidad, abandonaron a su suerte a algunos ciudadanos. “En las residencias de mayores los han dejado morir, por una falta de estructura de la administración para dar una respuesta médica, de atención primaria, o de recursos básicos”, señala Colón. Sus fotografías ofrecen homenajes a las personas de avanzada edad que han transitado esta crisis con dignidad y resistencia. 

En España, el Gobierno no ha publicado cifras oficiales del número de ancianos que han muerto como resultado de la COVID-19, argumentando falta de datos homogéneos. Sin embargo, un documento interno que ha trascendido a los medios locales, habla de más de 27.000 víctimas.

“La única respuesta válida en el caso de Cataluña ha sido la propia sociedad”, sentencia Colón, quien relata que en barrios como el Raval han sido las asociaciones y redes civiles las que han buscado autogestionar soluciones para ayudar a las personas mayores y llevar suministros de comida a quienes lo necesitan. “En distritos y barrios céntricos, lo único que se veía era la intención de los cuerpos de seguridad de controlar a la gente que no tiene recursos y necesitaba salir para buscarse la vida. Y ahí ha habido una represión brutal”.

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Estos reporteros coinciden en que la crudeza y el verdadero dolor de distintas víctimas han sido ignorados por las autoridades, medios de comunicación y sociedad civil. Entre las vacilaciones científicas, los enfrentamientos políticos, los datos y conteos, los análisis de la tragedia, los aplausos y el pudor en las imágenes y las palabras, se construyó un relato que, según ellos, ha “infantilizado” la información.

“A mí me llamó mucho la atención que durante los primeros días se mostraban las imágenes de ciudades vacías, del centro o las calles principales, pero no se hablaba mucho de la gente que estaba confinada en condiciones muy malas, en pisos pequeños y húmedos, o familias muy grandes en muy poco espacio y pasando necesidades importantes”, expresa Permuy, para quien esa realidad tardó mucho conocerse.

“No se ha mostrado lo que realmente ha ocurrido y algunos pensamos que eso ha provocado las actitudes irresponsables que se están viendo, porque si no muestras a una persona lo que ocurre, no se lo cree”, adhiere Javier Fergo. Y ahí es donde el periodismo, según este colectivo, le ha fallado a España: “No querían historias crudas, lo único que querían eran aplausos”, añade.

La crítica de los miembros de Covid Photo Diaries llega hasta las altas esferas de los medios de comunicación, que desde su perspectiva debieron gestionar lo necesario para que sus trabajadores y trabajadoras pudieran acceder, presionar y utilizar los medios como un mecanismo de visibilización y denuncia. “Se han quedado en blanco y eso es la antítesis de lo que somos (en el colectivo)”, manifiesta Colón.

Ahora que los rebrotes del virus repuntan en España de manera inquietante, una última reflexión planteada en la entrevista toma relevancia: la pandemia no se ha terminado. La reactivación económica, la nueva normalidad y la agitación del verano contrastan con unas heridas sociales que están lejos de sanar y con una amenaza que evidentemente no está bajo control.

La sociedad en su conjunto –incluyendo a los medios de comunicación- enfrenta un escenario en el que pueden revivirse las circunstancias recientes que vulneraron a personas como Fran, Hassana, Telmo o las personas mayores en Cataluña. Las historias contadas por estos fotoperiodistas seguirán ahí, como un recordatorio y un símbolo de que esa sociedad está llamada a proteger a los más vulnerables.

*Crédito de las fotos: Judith Prat (primera) y Javier Fergo (segunda)

El sitio web de la Agencia Anadolu contiene sólo una parte de las historias de noticias ofrecidas a los suscriptores en el Sistema de Difusión de AA News (HAS), y en forma resumida.