La onceava edición de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín tuvo por primera vez un país invitado: Brasil. Una delegación de casi 100 personas de la nación más grande de Suramérica trajeron muestras no sólo de su literatura, sino de su gastronomía, música y arte urbano. Entre los artistas, Rodrigo Cardoso y Alexandre Keto estuvieron en la labor de adornar espacios públicos de la capital antioqueña con sus murales.
El camino para que Brasil fuera el país invitado a la Fiesta del Libro comenzó, literalmente, por accidente. El 29 de noviembre de 2016, un avión que transportaba al equipo de fútbol Chapecoense, de la ciudad brasileña de Chapecó, se estrelló antes de aterrizar en el aeropuerto José María Córdoba de Medellín. Murieron 71 personas y sobrevivieron seis. Esta es considerada la peor tragedia en la historia del deporte.
Diez meses después, con profundos lazos de hermandad entre Medellín y Chapecó, una gran delegación de Brasil aterrizó en Medellín para expresar su agradecimiento y mostrar lo mejor de su cultura.
Rodrigo Cardoso es un artista de Chapecó. Empezó a hacer grafiti en 2001 y en 2009 eso se tornó en su trabajo formal. Desde entonces se ha dedicado a pintar espacios de su ciudad y en 2014 viajó a algunos países de Europa para pintar por su cuenta. “Mi grafiti tiene tres motivos: las cosas cotidianas, el folclor y los niños. Tengo dos hijos que me inspiran a trabajar los motivos infantiles, cosas muy lúdicas pero también un poco surrealistas. Lo que imaginamos a veces es mejor que la realidad, por eso me gusta plasmarlo”.
Cardoso hizo un mural de aproximadamente 9 metros de ancho y 2,5 de alto al interior del estadio de fútbol Atanasio Girardot, el mismo donde el 30 de noviembre de 2016 se hizo una solemne ceremonia para conmemorar a las víctimas de Chapecoense, que venían a disputar la final de la Copa Sudamericana contra el Atlético Nacional. Explica él que en su obra hay dos personajes que representan la amistad de Chapecó con Medellín.

“La oportunidad es muy importante para mí, es un privilegio venir a mostrar el agradecimiento a nombre de todos los chapecoenses. Cuando fue el accidente, por primera vez vi a toda una ciudad de luto, todo vacío, callado, muy triste. Fue una experiencia dura y Medellín nos ha ayudado a volver a levantar la cabeza”, dice el artista.
A Cardoso lo acompañó durante los cuatro días en que hizo su mural un grafitero de Medellín conocido como Worm, miembro del colectivo Graffiti de la 5. Este colectivo ha dado clases de arte urbano, ha reunido a la mayoría de artistas de la ciudad y actualmente impulsa un evento que se llama Batalla de Tags. Los principales trabajos de Worm se encuentran en el zoológico, en columnas del metro, en los deprimidos, en la Avenida La Playa y en el sector de El Poblaldo.

Para Worm, la visita que llega desde Brasil no es sólo importante por el significado que tiene en relación a la tragedia de Chapecoense, sino que para los artistas urbanos abre nuevas puertas. “Esto de pintar en el estadio, con autorización, era algo que yo nunca había visto. Es un lugar público muy importante y así se abren espacios a artistas para que puedan intervenir lugares como este. Nunca lo habían hecho aquí con autorización, así que también es una puerta para que el grafiti deje de verse como un tema de vandalismo, de drogas, sino como un arte del que es posible vivir”.
En la biblioteca pública de Guayabal, frente al aeropuerto Olaya Herrera, el brasileño Alexandre Keto trabajó cuatro días con el sol en la espalda en un mural de 12 metros de ancho por 2,50 de alto. Keto es un artista de Sao Paulo que se dedica principalmente a trabajar inspirado en la cultura africana. “Los africanos, y los indígenas también, ayudaron mucho a la construcción de mí país. Por eso hago un trabajo como agradecimiento, que involucra toda una investigación sobre su cultura”.
El arte de Keto ha viajado a países africanos como Mauritania, Senegal, Ghana, Benín y Sudáfrica. Pero también ha ido a Portugal, España, Francia, Alemania, Holanda, Inglaterra, República Checa, Estados Unidos, Haití. Digamos que, sin olvidar sus raíces, Keto es un artista de mundo. Ahora que está de vuelta en Brasil estudia sociología. “Y no es que quiera ser sociólogo, sino que quiero tener más elementos para entender la realidad y desenvolverme en mi quehacer diario”, dice.

Su mural es producto de una investigación que hizo sobre la cultura afrocolombiana. Entendió la importancia de la población palenquera y quiso hacer un homenaje a ellos. “Así como en Brasil, en Colombia la población descendiente de África ha sido muy importante para la construcción del país, aunque no siempre esto se valora desde la sociedad y el gobierno. Mi trabajo es un homenaje a ellos”.
A Keto lo acompañó durante los cuatro días de trabajo el artista urbano Andrés Hoyos, más conocido como Nino. Es miembro de varios colectivos de Medellín como Animal Poder Cultura (APC), Medekings, el Grupo de Dibujo y Black Cap Crew.
Para Nino, el intercambio con los artistas brasileños “es importante, primero, porque le da proyección a una ciudad que tiene un intenso movimiento alrededor del arte urbano. También para los brasileños es importante el hecho de estar en una ciudad de contrastes. Aquí estamos al lado del aeropuerto y del barrio Trinidad, característico por las dinámicas de expendio de drogas, por habitantes de calle, por la pobreza. Es una zona con una enorme movilidad, con todo tipo de gente, y el arte también es para todos”.
