
Mientras la mayoría de liberales continúan aclamando al presidente Emmanuel Macron como su campeón, la realpolítik detrás de su retórica es mucho más preocupante de lo que uno podría suponer. En contraste a Donald Trump cuyas mentiras han sido continuamente identificadas, Macron es mucho más exitoso enmascarando la realidad de sus políticas detrás de una cara cosmopolita y aparentemente liberal.
Una nueva ley laboral pro empresarial y reformas universitarias que restringen los procesos de admisión pasaron sin mucha protesta. El último blanco de reforma es la política de inmigración que será introducida en febrero o marzo y que ha levantado críticas entre grupos de derechos humanos, así como de defensores del pueblo con mandato constitucional.
En medio de estas políticas restrictivas, Macron llegó a los titulares al pedir una "reorganización del Islam" en Francia.
Macron ya intentó impresionar al electorado musulmán durante las elecciones. No repetiría el discurso sobre la identidad nacional francesa y el laïcité [secularismo francés] que excluye a los musulmanes del cuerpo colectivo francés. Muchos musulmanes se sintieron optimistas.
Algo del mismo optimismo se sintió hacia Sarkozy cuando comenzó a abrazar a los musulmanes antes de que les diera la espalda años después. Entonces, hay espacio para el escepticismo.
Macron argumentó que estaba "trabajando en la estructuración (usó la palabra "estructuración") del Islam en Francia y también en cómo explicarlo, lo cual es extremadamente importante".
El objetivo final de este proceso es la preservación de la cohesión nacional, argumentó Macron, que se situaría en el corazón de la idea francesa del secularismo para dar a las personas la libertad de elegir creer o no creer. Pero al mismo tiempo, también argumentó que esto sería parte de un esfuerzo para "luchar contra el fundamentalismo".
Esta idea de defensa, al ver a Francia amenazada por el fundamentalismo islámico, se entrelaza con el intento de Macron de "integrar mejor" el Islam en Francia para "ubicarlo en una relación más pacífica con el Estado". Con esto, él quiere "sentar las bases para toda la reorganización del Islam en Francia”. Entonces, ¿qué está en juego para el presidente francés?
El plan de Macron, que aún no se ha revelado con todo detalle, parece estar basado en numerosos puntos de vista: uno es la financiación del Islam y el segundo es el entrenamiento de los imanes en Francia. El establecimiento de un "gran imán de Francia" parece ser un aspecto de esta reestructuración.
Macron argumentó explícitamente que quiere "reducir la influencia de los países árabes", lo que para él, "impide que el Islam francés regrese a la modernidad". Esto refleja una noción muy racista, suponiendo que Europa representa el apogeo de la civilización, mientras que los árabes representan el atraso. Pero este enfoque legitima su demanda de restringir a gobiernos extranjeros de financiar instituciones musulmanas en Francia.
La institucionalización del Islam significaría desviar a los musulmanes de una ley que regula las asociaciones sin fines de lucro a una ley que regula las asociaciones culturales y está bajo un control financiero más estricto por parte del Estado. El ministro del Interior francés ya dijo que el Gobierno francés debería intervenir y crear "imanes de la República francesa" en lugar de "imanes de países extranjeros".
Si bien este argumento tiene sentido en la medida en que los imanes no deben ser representantes de gobiernos extranjeros, se deben presentar pruebas de que este es el caso en cuestión.
El ministro del Interior representó una línea dura sobre este tema: "Sugiero detener la financiación extranjera de mezquitas y cerrar las mezquitas salafistas. Cualquier imán extranjero que haga un discurso contrario a los valores de la República debe ser expulsado ".
Una vez más, esto parece apuntar a los musulmanes en primer lugar, mientras les da a otras denominaciones religiosas espacio para tener relaciones transnacionales, obteniendo apoyo financiero del exterior, como, por ejemplo, misioneros mormones o el Vaticano ayudando a la Iglesia Católica.
Esto nos recuerda proyectos similares en otros países europeos. De forma similar a otras iniciativas, este plan francés que se anunciará con mayor detalle en el próximo medio año, es seguido con la misma intensidad por parte del Ministerio del Interior francés. Además, en 2017, el Gobierno italiano proclamó su intento de crear un Islam italiano. Una vez más, fue hecho por el Ministerio del Interior de ese país.
Por otro lado, el Ministerio del Interior de Austria estaba iniciando un proceso para crear una nueva Ley del Islam que finalmente se introdujo en 2015 bajo severas críticas.
Además, en Alemania, es el Ministerio del Interior el que inició la Conferencia del Islam en ese país en 2007, lo que también generó muchas críticas. Un rasgo estructural de estas políticas es un discurso relativamente suave acompañado de políticas duras.
El recién elegido canciller austriaco Sebastian Kurz es probablemente un ejemplo ideal de esta estrategia. Aunque apoyó totalmente la declaración de que el Islam era parte de Austria y, por lo tanto, se ganó los corazones de muchos musulmanes, más tarde introdujo el sistema más autoritario de institucionalización del Islam en Austria, nuevamente con una cara sonriente.
Emmanuel Macron argumenta que "el Estado debe ser neutral" en Francia, que, según él, "está en el corazón del secularismo". Este reclamo es muy cierto. Pero contradice fundamentalmente las restricciones postuladas a las instituciones musulmanas, como la regulación de sus finanzas y el solo hecho de que los musulmanes educados en Francia sean los buenos musulmanes, mientras que los educados en el extranjero son los malos. Será importante observar de cerca las propuestas que Macron prometió presentar en los próximos seis meses.
*Maria Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.