
"Si [los iraníes] comienzan a enriquecerse [con uranio], también estamos totalmente preparados para responder a eso. Ciertamente, no voy a compartir con ustedes hoy cuál será nuestra respuesta… Espero que tomen una decisión diferente, que elijan un camino diferente", afirmó el Secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo.
Estas palabras fueron pronunciadas la semana pasada en la Heritage Foundation [corporación política con sede en Washington], en un discurso que el Departamento de Estado denominó como el "Plan B" de Estados Unidos sobre Irán.
El Plan B se puso en práctica después del fracaso del Plan A, que intentaba enmendar el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), también conocido como el Acuerdo Nuclear con Irán. Con la ayuda europea, Washington esperaba cambiar tres artículos del acuerdo: desechar las cláusulas de extinción que eventualmente permitieron a Irán enriquecerse con uranio, endurecer el régimen de inspecciones y prohibir el programa de misiles balísticos de Irán.
EEUU sabía que el Plan A estaba muerto al llegar. Incluso los europeos no mostraron entusiasmo al mencionar las enmiendas con los iraníes. Por lo tanto, Pompeo anunció el Plan B.
Pero con Pompeo diciendo que no iba a compartir cuál sería la respuesta estadounidense a la retirada de Irán de un acuerdo que Estados Unidos ya había declarado muerto, el Plan B de Washington sonaba ambiguo y sugirió que EEUU tenía en realidad un Plan C, siendo este el más secreto de todos.
Solo pocos podrían haberlo notado, pero si Estados Unidos tuviese un Plan C, lo más probable es que se extrajera de la Sección 4 del Memorando que firmó Trump el día que anunció el retiro de Estados Unidos del JCPOA, el 8 de mayo pasado.
En Contingencias Regionales, la Sección 4 dice: "El Secretario de Defensa y los jefes de cualquier otra agencia relevante se prepararán para enfrentar, rápida y decisivamente, todos los modos posibles de agresión iraní contra Estados Unidos, nuestros aliados y nuestros socios… El Departamento de Defensa se asegurará de que EEUU desarrolle y conserve los medios para evitar que Irán desarrolle o adquiera un arma nuclear y sistemas de entrega relacionados".
Combinar la amenaza apenas revelada de Pompeo a Irán con el texto de la Sección 4 del memorándum de la Casa Blanca puede ofrecernos los contornos de la estrategia de Trump: Estados Unidos usará su poder militar para impedir que Irán se enriquezca con uranio y realice experimentos con misiles balísticos.
Al no compartir "lo que será precisamente la respuesta [de EEUU]", Pompeo no hizo un intento por ocultar las intenciones estadounidenses hacia Teherán. Por el contrario, Washington quería que se supiera que los amenazaba militarmente.
La amenaza para Irán se inspiró en lo que la administración Trump había creído, hasta entonces, era una política exitosa en Corea del Norte. Las primeras declaraciones de Trump sobre los experimentos nucleares de Pyongyang fueron lanzar "fuego y furia como el mundo [no] había visto". Poco después de las declaraciones de Trump, Washington desplegó tres grupos de artilleros de aviones cerca de la península de Corea y programó extensos juegos de guerra con Seúl. Washington estaba golpeando los tambores de guerra con Pyongyang.
Luego vino el cambio del tono y el comportamiento del líder norcoreano Kim Jung Un. El anuncio de Kim de suspender su programa nuclear, su histórica reunión con su homólogo surcoreano Moon Jae-in, el recibimiento de Mike Pompeo en su territorio y la liberación de tres estadounidenses encarcelados en Pyongyang, enviaron un mensaje inequívoco de que Corea del Norte se había doblegado bajo la presión militar estadounidense.
Tan seguro estaba Trump de su victoria en Corea del Norte que comenzó a exagerar su cumbre programada con Kim para el 12 de junio en Singapur, y lo hizo sonar como un éxito sin precedentes que ya estaba en su bolsillo.
Sin embargo, cualquier persona con un conocimiento mínimo de los asuntos mundiales, y familiaridad con la historia reciente, sabía que Kim estaba mintiendo. Él convenció a Trump de atacarlos con "fuego y furia" y para cuando el presidente de EEUU había revertido su agresiva conversación, Kim renegó sobre sus promesas pasadas y dejó a Trump plantado.
Ahora que la escalada militar estadounidense contra Corea del Norte se desinfló, Kim hizo más difícil que Trump volviera a crecerse, sabiendo que si Trump intentaba volver al "fuego y la furia", esta vez los estadounidenses, y el mundo, no lo tomarían como una mera amenaza, sino como una inevitable marcha hacia la guerra, una confrontación que Trump - un presidente que hizo campaña para poner fin a todas las guerras de Estados Unidos en el exterior - no tenía interés en seguir adelante.
Al modelar la política que hay hacia Corea del Norte en el caso de Irán, la administración Trump jugó al límite sin una estrategia de salida. Cualquiera que esté familiarizado con la situación iraní sabía que Teherán esperará para ver cuán efectivas serán las sanciones unilaterales de EEUU contra Teherán. Si los europeos se derrumban y rompen sus contratos con Irán, la República Islámica seguramente reiniciará su programa de enriquecimiento de uranio, junto a sus experimentos con misiles balísticos.
Si Irán desafía la "Sección 4" de Trump y las amenazas de Pompeo, la única salida segura de Washington será lanzar un ataque militar, que a su vez necesita y finalizaría el juego. Si Estados Unidos ataca lo suficiente como para derrocar al régimen, se verá obligado a ocupar Irán y administrarlo por un tiempo, una pesadilla demasiado familiar que condenaría las esperanzas de Trump para un segundo mandato. Si EEUU golpea a Irán sin derrocar al régimen, entonces Teherán surgirá más fuerte, en la línea del dicho de que "lo que no te mata solo te hace más fuerte".
Hasta el momento, la administración Trump está arrinconada. Sin aprender lecciones de las administraciones pasadas y la diplomacia, usó sus amenazas militares al azar y así abrió la puerta para que sus adversarios jugaran con Trump y lo engañaran. Ahora que el presidente estadounidense se encontró a sí mismo dependiendo de Corea del Norte, es casi seguro que su política sobre Irán no llegará muy lejos.
* Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.
*Maria Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
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