
La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) enfureció a Israel.
En un reporte, la organización internacional dijo que 206 compañías están violando el derecho internacional al operar en asentamientos israelíes en territorios ocupados palestinos.
Los amigos de Israel en Washington están corriendo para rescatarlo. El Comité de Relaciones Públicas Estados Unidos-Israel (AIPAC) calificó el reporte de la ONU como “pernicioso” y advirtió que podría servir como base para un boicot general de Israel.
Aunque hasta el momento la ONU no ha revelado los nombres de las 206 compañías, AIPAC dice que “el reporte tiene en la mira a por lo menos 22 compañías estadounidenses” con lazos comerciales con los asentamientos israelíes. A manera de contrarrestar el esfuerzo de la ONU, AIPAC pidió al Congreso aprobar la Ley Anti Boicot de Israel, “la cual expandiría las actuales leyes antiboicot de EEUU existentes a organizaciones internacionales tales como las Naciones Unidas y la Unión Europea”. La legislación fue introducida en respuesta a una resolución de la OACNUDH en marzo.
Pero a pesar de su amplia influencia en el Congreso, AIPAC ha tenido dificultades para lograr la aprobación de la ley, después de que varios de sus allegados, como la senadora demócrata Christine Gillibrand, retiraran su apoyo a la ley.
Gillibrand justificó su decisión diciendo que no puede apoyar una ley que al final del día prohíbe cualquier tipo de boicot, ya que este es un derecho consagrado en la primera enmienda de la Constitución de los EEUU, la cual garantiza la libertad de expresión.
La senadora de Nueva York no ha sido la única amiga estadounidense de Israel que ha expresado molestia con los asentamientos en los territorios palestinos. El Departamento de Estado de EEUU considera ilegales a los asentamientos y ha llegado al punto de culparlos de fomentar el “extremismo violento” de algunos palestinos.
Incluso el presidente Donald Trump ha expresado molestia con los asentamientos, a pesar de la controversial decisión de reubicar la embajada de su país de Tel Aviv a Jerusalén.
“Los asentamientos no ayudan al proceso [de paz]”, dijo Trump a Israel Hayom, periódico propiedad de un defensor de los asentamientos, el billonario estadounidense Sheldon Adelson. “Cada vez que toman tierras para construir los asentamientos, queda menos”, expresó Trump al periódico en hebreo.
El descontento con los asentamientos israelíes proviene de todas las esquinas en el poder estadounidense: republicanos y demócratas, la administración y el Congreso.
La oposición estadounidense a los asentamientos, aunque sutil, le dice algo a los israelíes: su experimento único de apoderarse de tierras fuera de sus fronteras reconocidas internacionalmente, y anexarlas a su Estado, no promete tener éxito.
En su libro Israel: un lugar bajo el sol, publicado a mediados de la década de los noventas, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, arguye que independientemente de cuál sea el resultado de un proceso de paz con los palestinos, Israel anexará varios bloques de asentamientos en Cisjordania. Netanyahu cita preocupaciones militares y estratégicas, diciendo que un corredor estrecho conecta el sur y el norte de Israel, y que en caso de que los árabes lancen un ataque similar a los de 1948 o 1973, Israel no será capaz de proteger esta franja de tierra, por lo tanto, la necesidad de engrosarla con terrenos palestinos adyacentes.
Pero desde mediados de los noventa, la tecnología ha avanzado drásticamente, los ejércitos obtuvieron la capacidad de proyectar su fuerza en cualquier lugar sin necesidad de ocupar terreno. El argumento israelí de “seguridad” para anexar unos cuantos bloques de asentamientos ya no está de moda y ha sido reemplazado con el argumento “de facto”, es decir, que la población ha crecido tanto que desplazarla y reubicarla en Israel es imposible.
Pero el argumento “de facto” es uno que Israel da al mundo. La historia que los legisladores israelíes cuentan a sus ciudadanos está más ligada a temas religiosos e históricos, diciendo que ningún gobierno israelí entregará tierras en Cisjordania, territorio donde se ubicaban los antiguos reinos de Judea y Samaria.
Dejando de lado la validez de los argumentos históricos, la historia puede ser usada como una plataforma populista para ganar adeptos, pero es de poco peso en las relaciones exteriores gobernadas por el derecho internacional. A menos que los palestinos entreguen un pedazo de Cisjordania o Jerusalén Oriental a Israel, Tel Aviv siempre llevará la marca de “ocupador” al controlar esas tierras. Los colonos serán vistos como ocupadores bajo el derecho internacional.
Las restricciones del derecho internacional han dificultado, incluso a los más ardientes partidarios de Israel en EEUU, apoyar los asentamientos, más allá de decir que los territorios están “en disputa”, y que su estatus final está abierto a discusión en las charlas de paz. Sin importar cuan fuertes y estratégicos sean los lazos entre Israel y EEUU, Washington siempre tendrá el problema de violar el derecho internacional, en caso de apoyar el punto de vista israelí sobre los asentamientos.
Aun así, el apoyo de EEUU a Israel, material y diplomático, continuará. Pero cuando se trata de violar la Cuarta Convención de Ginebra, la cual prohíbe la ocupación, EEUU, incluso Trump, no tienen deseo de cruzar esa línea. A pesar de su forma de ser, Trump aún no ha descrito a los asentamientos israelíes como entidades legales, a pesar de que su embajador en Israel lo ha hecho, una moción que parece más reflejar una posición personal que un cambio en la política de EEUU.
Entonces: ¿Cómo afectará a Israel el reporte de la OACNUDH y la posible vergüenza pública de las 206 empresas que operan en Israel?
La respuesta aún es desconocida. Los simpatizantes del boicot, el movimiento Desinvertir y Sancionar (BDS) esperan replicar un régimen similar a aquel que le puso fin al apartheid en Sudáfrica.
Pero la situación de Israel es diferente. De entrada, las compañías dentro de Israel no son sujetas a ningún boicot ni sanciones. Por otra parte, el actual sistema financiero hace más fácil esconder capital israelí en comparación a Sudáfrica de los años ochenta. Los israelíes actualmente pueden comprar una gran porción de cualquier compañía y mantener su identidad escondida. Por lo tanto, tendrán ganancias independientemente de la campaña de BDS. Para que BDS tenga éxito en arremeter contra Israel, tendrían que devolver el tiempo a la época en la que los negocios se regían más por transacciones uno a uno en vez de ser controlados por grandes conglomerados internacionales.
No obstante, hasta el momento, BDS ha vuelto a sacar a la luz el movimiento antiasentamientos. Las compañías que invierten en los territorios palestinos ocupados terminan siendo blanco de boicots y vergüenza. La ONU se acaba de unir a esta iniciativa. Si las condiciones persisten, la única manera de que los asentamientos israelíes puedan sobrevivir es si el Gobierno israelí los subsidia por completo o si sirven como suburbios de los centros económicos israelíes, pero nunca como centros económicos independientes viables.
*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.
**Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
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