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Las estrategias de las potencias globales y ascendentes en la guerra de las vacunas

La guerra global de vacunas ha empezado a generar un abismo entre los países productores de vacunas y aquellos que no lo son, entre los países con recursos suficientes para adquirir vacunas para toda su población y aquellos que carecen de ellos.

Prof. Dr. Sadik Unay   | 19.02.2021
Las estrategias de las potencias globales y ascendentes en la guerra de las vacunas YAKARTA, INDONESIA - 17 DE FEBRERO: Comerciantes indonesios reciben su primera dosis de la vacuna SinoVac contra la COVID-19 en el mercado de Tanah Abang en Yakarta, Indonesia, el 17 de febrero de 2021. (Anton Raharjo - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

Por: Sadik Unay

Los principales actores del mercado internacional de vacunas buscan acelerar sus programas de vacunación masiva fomentando la colaboración entre las farmacéuticas multinacionales y haciendo uso efectivo de su capacidad de producción. Sin embargo, cada vez se está haciendo más difícil para estos actores desviar el potencial de producción de vacunas existente en algunos países y bloques geográficos regionales hacia su población.

Si la presión sobre los países que albergan instalaciones productoras de vacunas alcanza niveles insoportables, esta podría provocar la implementación de restricciones de exportación de las vacunas e incluso su prohibición por completo dando lugar a una nueva ola de medidas proteccionistas. Estas medidas podrían causar problemas serios en la cadena global de distribución de las vacunas, acelerando a su vez la guerra comercial y restricciones en la compraventa de la materia prima usada en la producción de vacunas.

No hay que olvidar que la capacidad de producción global de vacunas solo cubre las necesidades de la mitad de la población global en 2022. Además, solo los países desarrollados y algunos en proceso de desarrollo tienen acceso a las vacunas, los cuales han comprado de antemano gran parte de esta capacidad de producción, ya de por sí escasa.

Los países en desarrollo que carecen de capacidad para la producción de vacunas se ven obligados a esperar ayuda de las organizaciones humanitarias internacionales a través del Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (Covax) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su lucha contra la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, el Covax actúa lentamente por motivos geopolíticos.

Los intentos por controlar el potencial productivo de los productores globales de vacunas escalan conflictos serios entre los países industrializados. Como ejemplo de esta situación se puede poner las amenazas de la Unión Europea de prohibir la exportación de las vacunas de la farmacéutica AstraZeneca producidas en las instalaciones de esta dentro de las fronteras europeas.

En un principio, la Unión Europea calculaba en relativamente poco tiempo que el mercado se llenaría de vacunas comerciales y que no habría problemas de oferta. Esto hizo que la burocracia lenta del bloque europeo se demorara a la hora de firmar acuerdos con las farmacéuticas para la adquisición de vacunas. Mientras la administración del expresidente Donald Trump firmaba acuerdos anticipados para la adquisición de vacunas con Moderna y Pfizer-BioNTech desde el pasado mes de julio, la Unión Europea esperó nada más que hasta el pasado mes de noviembre para hacer su primer pedido de 300 millones de dosis.

Ante el retraso en la entrega de las vacunas y el efecto negativo de este retraso sobre los programas nacionales de vacunación, países como Hungría y Dinamarca decidieron lanzar iniciativas de adquisición propias e individuales, dejando a un lado el programa de adquisición conjunto de la Unión Europea.

La “guerra” entre la Unión Europea y Reino Unido estalló luego de que la farmacéutica británico-sueca AstraZeneca anunció que solo sería capaz de suministrar una cuarta parte de las 100 millones de dosis de su vacuna contra la COVID-19 que desarrolló junto con la Universidad de Oxford y que en un principio acordó entregar a Bruselas.

La Unión Europea apostó fuerte por la vacuna de AstraZeneca por su precio relativamente reducido en comparación con el de las vacunas de Pfizer y Moderna y su facilidad a la hora de almacenar. Sin embargo, el anuncio de AstraZeneca tomó por sorpresa a la Unión Europea, por lo que ahora insinúa que la farmacéutica podría estar entregando a Reino Unido las dosis que en realidad le pertenecen a la Unión.

La Comisión Europea se puso la meta de vacunar al 70% de la población adulta hasta el próximo 1 de junio. Sin embargo, los retrasos en la entrega de las dosis pusieron en tela de juicio este objetivo. Por su parte, AstraZeneca negó haber prometido a la Unión Europea entregarles las dosis antes que a Reino Unido.

Países como Rusia y China han aprovechado la guerra global de vacunas para incrementar sus actividades diplomáticas e influencia. El éxito relativo de Argentina e Irán en su lucha por detener la propagación de la COVID-19 luego de haberse decantado por la vacuna rusa, cuyo uso fue aprobado sin haber llevado a cabo las pruebas clínicas preliminares requeridas, ha contribuido a mejorar la imagen de Rusia. Así mismo, muchos países han optado por las vacunas de China, país con el que mantienen estrechos lazos comerciales en megaproyectos como la Nueva Ruta de la Seda.

Ver también: Más de la mitad de los países del mundo no han recibido la vacuna contra el coronavirus.

Gracias a su infraestructura biomédica, la India posee casi la mitad de la capacidad de producción de vacunas del mundo. La administración de Narendra Modi también se ha aprovechado de la guerra médica en curso para aumentar su influencia, sobre todo en los países vecinos, donando millones de dosis de su vacuna Covaxin, también introducida en el mercado tras un proceso de desarrollo un tanto acelerado. Así mismo, la India, en continua competencia con China, produce bajo licencia la vacuna de AstraZeneca.

La guerra global de vacunas ha empezado a generar un abismo entre los países productores de vacunas y aquellos que no lo son, entre los países con los recursos suficientes como para adquirir vacunas para toda su población y aquellos que carecen de ellos, entre los países capaces de influenciar a las multinacionales y aquellos incapaces, entre los países capaces de adquirir las vacunas gracias a sus lazos geopolíticos y aquellos incapaces.

La desviación del potencial de producción industrial de las vacunas hacia los países norteños en el marco de una nueva ola de proteccionismo supone un factor de riesgo que podría aumentar las pérdidas económicas y humanas ocasionadas por la pandemia y alargarla a la vez que profundizaría la ya de por sí elevada desigualdad global.

*Traducido por Daniel Gallego.


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