Política

Evo Morales, el líder cocalero que partió la historia de Bolivia

El presidente boliviano llegó al poder en 2006 sobre una plataforma política de cultivadores de coca y se convirtió en el primer indígena en ocupar la jefatura del Estado.

Sergio Felipe Garcia Hernandez   | 18.10.2019
Evo Morales, el líder cocalero que partió la historia de Bolivia ANKARA, TURQUÍA - ABRIL 10, 2019: El presidente de Bolivia, Evo Morales, posa para una foto durante una entrevista exclusiva en Ankara, Turquía, el 10 de abril de 2019, en la que habló sobre sus relaciones con Turquía y sobre política internacional, especialmente sobre Venezuela. Al respecto, aseguró que rechazaba cualquier intervención extranjera en ese país y dijo que apoyaba el camino del diálogo. (Emin Sansar - Agencia Anadolu)

BOGOTÁ, Colombia

Por: Sergio García Hernández

El nombre de Evo Morales hace parte central de la historia de Bolivia. En diciembre de 2005, al ser elegido en primera vuelta con el 53,7% de los votos, se convirtió en el primer presidente de un movimiento cocalero e indígena que tuvo su país. Es además, el jefe de Estado en Bolivia que más tiempo ha permanecido en el poder; y aspira conservarlo por otros cinco años.

Morales representó una ruptura en la historia de Bolivia que durante gran parte del siglo XX tuvo militares en el poder, y gobiernos que una y otra vez fueron derrocados mediante golpes de Estado.

Mientras Bolivia lidiaba con el autoritarismo de los militares, Evo ganaba reconocimiento como uno de los líderes cocaleros más influyentes durante la década de los 80 y se convirtió en el dirigente de la Federación Especial del Trópico, una de las seis asociaciones sindicales de productores de coca del país.

El líder cocalero

Morales conoció la cárcel y sufrió un atentado a finales de la década de los 80 cuando lideraba los reclamos de los productores de coca que históricamente se han opuesto a la erradicación de sus cultivos, que consideran parte de su herencia cultural indígena.

Evo nunca abandonó su liderazgo como cocalero. Mantuvo, incluso en la presidencia, la dirección del Comité de Coordinación de las seis federaciones de productores de coca de la zona conocida como trópico cochabambino, en el centro de Bolivia, donde se siembran cerca de 7.800 hectáreas de coca, según la Oficina de la Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc).

El valor que Morales le da a los productores de coca no es gratuito. El actual mandatario le debe al movimiento cocalero su incursión en la política. Construyó una plataforma electoral con los cultivadores que le permitió lograr un escaño como diputado en las elecciones generales de 1997.

Desde su puesto como diputado, criticó en repetidas ocasiones al gobierno de Hugo Banzer Suárez, de 1997 a 2001, quien buscaba erradicar todos los cultivos de coca en Bolivia.

La férrea defensa de los intereses cocaleros le costó a Evo Morales, en enero de 2002, su puesto en la Cámara de Representantes de Bolivia.

Morales fue separado de su cargo como diputado en medio de acusaciones de haber promovido hechos violentos en unas protestas de productores de coca donde murieron tres campesinos y cuatro agentes de las fuerzas armadas.

La pérdida del escaño, una medida sin precedentes en más de 50 años, disparó la fama y la admiración por Morales en amplios sectores de la sociedad boliviana que vieron una injusticia en la decisión de la Cámara, aprobada con 104 votos a favor y 14 en contra.

"Ustedes están cometiendo un grave error. Mi delito fue cumplir el mandato popular (...) El pueblo será el juez", advirtió Morales, en medio de su expulsión. El tiempo le dio la razón.

Carrera a la presidencia

Evo lanzó su candidatura a la presidencia con sólo cuatro años de vida política, pero con la certeza de que su figura había alcanzado dimensiones nacionales.

Morales no ganó la presidencia ese año, pero logró el 20,9% de los votos y se ubicó segundo detrás de Gonzalo Sánchez de Lozada, que obtuvo el 22,5%.

Sánchez de Lozada fue confirmado como jefe de Estado de Bolivia por el Congreso, encargado entonces de elegir al mandatario en casos donde no hubiese un ganador por mayoría absoluta en las elecciones.

Durante el mandato de Sánchez de Lozada, Morales se convirtió en un temerario líder opositor que impulsó continuas protestas hacia un impuesto al salario decretado por el Ejecutivo que terminaron con la dimisión del presidente en octubre de 2003.

Carlos Mesa, máximo rival de Morales en las elecciones del próximo domingo, heredó la presidencia de Sánchez de Lozada de quien era su vicepresidente.

En junio de 2005, Evo, con un respaldo social creciente, provocó la renuncia de Mesa en medio de protestas por una ley de hidrocarburos que no correspondía con los resultados de un referendo donde los bolivianos votaron a favor de la nacionalización de los yacimientos petroleros.

La renuncia de Mesa fue el último escollo superado por Morales para llegar a la presidencia. Se convocaron elecciones para diciembre de 2005 donde el líder cocalero tuvo una votación del 53,7%.

“En Bolivia, contra lo que sostienen las teorías más difundidas, esta decisión fue consecuencia de la cerrazón del sistema político y no de su apertura”, mencionaba Rafael Archondo, analista político boliviano en su ensayo ‘La Ruta de Evo Morales’, sobre la incursión de cultivadores de coca en la política boliviana.

La economía y la inclusión social

Desde 2006, Morales ha sido presidente de Bolivia luego de dos reelecciones ganadas desde entonces donde se ha impuesto con contundencia al sumar en ambas cerca del 64% de los votos.

Bolivia, bajo el mandato de Evo Morales, ha emergido como uno de los países con mayor crecimiento económico de Latinoamérica, con un 4,7%, en promedio en los últimos 13 años, según datos del Banco Mundial.

La reducción de la pobreza extrema en Bolivia es uno de los principales logros de Morales. Cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) indican que en 2005 un 36,7% de la población vivía en esa condición, en 2017 la cifra es de 15,9%.

Morales ha estructurado el crecimiento de la economía en la explotación de los recursos naturales, entre los que se destaca la venta de gas. El mandatario ha enfocado la redistribución de la riqueza basado políticas inclusivas, especialmente de sectores indígenas. Bolivia, sin embargo, sigue siendo uno de los más pobres de latinoamericana.

Bolivia ocupa la posición 118 entre 189 países del mundo en el índice de desarrollo humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y se mantiene por debajo de naciones regionales como Colombia, Perú y Ecuador donde las poblaciones tienen mayores expectativas de vida e ingreso per cápita.

Dimensión histórica y perpetuación en el poder

“En América Latina no logramos dimensionar lo que es Evo Morales para Bolivia. Es un símbolo de lucha social, de dignidad, de reivindicación histórica, y eso es lo que él encarna a grandes rasgos”, afirmó Carolina Cepeda, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana de Bogotá, a la Agencia Anadolu.

Mauricio Jaramillo, investigador de la Universidad del Rosario de Colombia y exasesor de la Unasur, aseguró que Evo Morales representa un punto de inflexión en Bolivia luego de un período “de larga inestabilidad”, evidenciado en la caída de Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.

“Me parece que con Evo Morales el país encontró estabilidad. No obstante, llega a una tercera reelección de una manera muy controvertida, con muchas dudas respecto de la misma”, sostuvo Jaramillo a la Agencia Anadolu.

Evo aspira a un cuarto mandato, con el que sumaría 19 años en el poder, pese a un referéndum de febrero de 2016 en el que una nueva reelección fue rechazada con un 51,3% de los votos. La decisión de aspirar nuevamente a la Presidencia ha sido criticada nacional e internacionalmente.

El mandatario confirmó su intención de ser candidato en la elección de 2019, luego de un fallo del Tribunal Constitucional en noviembre de 2017 que aprobó la reelección para el presidente pese a los resultados del referendo.

La historia de Evo, más allá de su victoria o derrota el domingo, ya está escrita en Bolivia. Podría terminar o abrírsele un nuevo capítulo, esta vez bajo el fantasma de los resultados de un referendo donde el pueblo, al que alguna señaló como juez, le pidió no perseguir una tercera reelección.


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