El silencio de Aung San Suu Kyi para rechazar los ataques en contra de la población musulmana rohinyá en Birmania ha dejado su reputación muy empañada.
La Premio Nobel de Paz una vez fue celebrada por líderes mundiales, activistas de derechos humanos y estrellas de rock como un faro de resistencia pacífica frente a los generales de Birmania.
Hoy, dos años después de que su partido político, Liga Nacional para la Democracia, ganara las elecciones y ella se posesionara como líder de facto de Birmania, es acusada de su complicidad en la campaña de homicidios y violaciones cometidas por el Ejército nacional que ha llevado a 617.000 musulmanes rohinyá a huir hacia Bangladés desde agosto.
El jueves, grupos de derechos humanos le dijeron a un comité de legisladores británicos que Suu Kyi era “parte del problema” y estaba implicada en la “limpieza étnica” llevada a cabo en el estado de Rakáin, reportó el periódico The Guardian.
Desde el inicio de la violencia, los antiguos aliados de Suu Kyi se han movido para denunciarla por no condenar los actos del Ejército.
Muchos han pedido que le sea retirado el Premio Nobel que le fue entregado en 1991 mientras permanecía en arresto domiciliario.
El músico y defensor de los derechos civiles, el irlandés Bob Geldof, se refirió a Suu Kyi como “una servidora del genocidio” y el lunes devolvió el premio Libertad de Dublin que le había sido entregado a él y a la líder birmana.
"Su asociación con nuestra ciudad nos avergüenza a todos y no deberíamos tener problemas con eso", dijo Geldof en un comunicado. "La honramos y ahora ella nos horroriza y avergüenza".
El organizador de Live Aid, que fue galardonado con ese premio en 2005, seis años después de Suu Kyi, agregó: "En resumen, no deseo estar asociado de ninguna manera con un individuo que actualmente está vinculado a la limpieza étnica masiva de la gente rohinyá del noroeste de Birmania".
Silencio
El cantante irlandés Bono, quien también recibió el premio de Dublín, criticó este fin de semana, junto a su banda U2, a Suu Kyi, de 72 años.
"La violencia y el terror que agobia al pueblo rohinyá son atrocidades espantosas y deben detenerse", dijo la banda en un comunicado en su sitio web.
"El silencio de Aung San Suu Kyi está comenzando a verse como una aprobación".
El arzobispo Desmond Tutu, ganador del Premio Nobel y héroe de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica, instó a Suu Kyi a enfrentarse a los militares y detener la matanza en Rakáin.
"Durante años tuve una fotografía suya en mi escritorio para recordarme la injusticia y el sacrificio que soportó por su amor y compromiso con la gente de Birmania", dijo en una carta publicada en las redes sociales en septiembre.
Tutu agregó: "Pero lo que algunos han llamado 'limpieza étnica' y otros 'un lento genocidio' ha persistido y se ha acelerado. Es incongruente que un símbolo de rectitud lidere ese país. Si el precio político de su ascenso a la oficina más alta de Birmania es su silencio, ese precio seguramente es demasiado alto".
En la ciudad inglesa de Oxford, donde Suu Kyi estudió en la década de 1960, St. Hugh's College eliminó su retrato de la exposición ubicada en la entrada principal.
Los estudiantes de la universidad donde Suu Kyi estudio política, filosofía y economía de 1964 a 1967, también votaron por eliminar su nombre de la sala común.
Libertad
"La incapacidad de Aung San Suu Kyi para condenar el asesinato en masa, las violaciones en grupo y los graves abusos contra los derechos humanos en Rakáin es inexcusable e inaceptable", aseguraba la moción emitida por la universidad.
"Ella se ha opuesto a los principios e ideales que había promovido vehementemente".
El mes pasado, el consejo municipal dijo que la despojaría del Premio Freedom of Oxford que le fue otorgado en 1997.
El sindicato estudiantil del London School of Economics también dijo que quitaría a Suu Kyi su presidencia honoraria y el Ayuntamiento de Glasgow en Escocia votó a favor de retirar su oferta de premiarla con el galardón Freedom of Glasgow.
En septiembre, el ministro de Relaciones Exteriores de Bangladés, Abul Hasan Mahmood Ali, dijo que alrededor de 3.000 rohinyás habían muerto en la ofensiva militar del Ejército birmano y turbas budistas.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
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