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Se intensifica la rivalidad global por África

La segunda "lucha por África" ​​está cobrando vidas a medida que las potencias mundiales y en ascenso buscan nuevos mercados y recursos para superar la recesión de la década de 2000 en la economía mundial.

Sadık Ünay   | 14.02.2020
Se intensifica la rivalidad global por África Sesión inaugural de la 33ª Cumbre de Jefes de Estado de la Unión Africana en Adís Abeba, Etiopía, el 9 de febrero de 2020, realizada con el tema 'Silenciar las armas para 2020', que incluye cuestiones económicas, sociales y de seguridad en África. (Mınasse Wondımu Haılu - Agencia Anadolu)

ANKARA, Turquía

Por: Sadik Unay

Las principales potencias mundiales están, una vez más, compitiendo por los ricos recursos naturales, el potencial de mercado y las oportunidades de influencia que ofrece el continente africano.

El continente fue testigo de las luchas imperiales de los países colonizadores y sus esfuerzos por obtener acceso a nuevos mercados y acumular más recursos después de la revolución industrial, en lo que se llamó la primera "lucha por África", que tuvo lugar entre 1881 y 1914 entre la Gran Bretaña de la reina Victoria y otros países europeos.

De hecho, siglos antes de que este proceso de regiones africanas se pusiera oficialmente bajo el dominio de los colonialistas europeos, el comercio de esclavos en el Atlántico ya había comenzado, se tomaron iniciativas de agricultura industrial dirigidas a los mercados globales y se crearon redes para transferir los recursos naturales, humanos y económicos del continente a centros coloniales creados.

A África se le dio un papel internacional de suministro de materias primas, productos agrícolas y mano de obra barata, a través del comercio de esclavos, para los campos que requerían mano de obra pesada por parte de Europa y Estados Unidos, que estaban en proceso de industrialización.

El continente, que posee algunas de las regiones más vitales del mundo en términos de recursos naturales y rutas comerciales, se integró en los sistemas coloniales británicos, franceses, alemanes, italianos y belgas, mientras sus redes comerciales tradicionales, instituciones políticas, culturales, estilos de vida y medios de vida fueron destruidos.

El continente africano fue explotado hasta el agotamiento por soldados, misioneros y comerciantes, se definió como la "carga del hombre blanco" y tuvo que vivir guerras interminables, enemistades, pobreza, caos político y presiones internacionales durante los últimos dos siglos.

Junto con las grandes potencias como China, Rusia y EEUU, las potencias emergentes de Japón, India, Brasil y Turquía, así como las antiguas potencias coloniales europeas, que no quieren perder sus privilegios, compiten continuamente por el continente africano.

De la descolonización a la trampa de la financiación internacional

Los países africanos que obtuvieron su independencia oficialmente después del proceso de descolonización de la década de 1960 se vieron obligados a enfrentar los obstáculos para su desarrollo y la dinámica de las dependencias políticas, culturales y económicas que habían desarrollado durante la Guerra Fría. 

Al caer en la trampa de la financiación internacional después de las olas de globalización económica en la década de 1980, los países africanos tomaron créditos en cantidades mucho mayores de lo que podrían pagar del FMI, el Banco Mundial y también algunos bancos comerciales occidentales.

Estos países pronto no pudieron proporcionar servicios de educación, atención médica, seguridad e infraestructura fundamental a su gente debido a la cantidad de intereses pagados a esas instituciones.

Siendo víctima del "saqueo masivo" durante siglos, el continente continúa luchando contra el hambre, la pobreza y las enfermedades contagiosas, mientras que su ingreso nacional bruto per cápita se ha mantenido en torno a los USD 850. La mayoría de la población, con una esperanza de vida de 55 años (mientras que la esperanza de vida en Japón es de 85 años) no tiene acceso a electricidad y agua potable. Estos desafíos que enfrenta el continente son el resultado de su historia.

Pero también es necesario señalar que la segunda "lucha por África" ​​está cobrando vidas a medida que las potencias mundiales y en ascenso buscan nuevos mercados y recursos para superar la recesión de la década del 2000 en la economía mundial.

Este nuevo escenario de lucha se juega a través del control de puertos críticos, vías fluviales y rutas comerciales, así como de materias primas estratégicas como el petróleo, el gas natural, el oro, el diamante y el uranio.

Estados Unidos consume una cuarta parte del petróleo mundial, con su población y por su gran Ejército, mientras que solo posee el 3% de las reservas mundiales de petróleo. Las importaciones de petróleo de países de África occidental como Nigeria, Angola, Chad, República Democrática del Congo y Gabón, que superan las fuentes tradicionales de Oriente Medio, son un indicador significativo de que África occidental es una fuente de materia prima fundamental para Estados Unidos.

La "fábrica global", China, cuyo consumo de petróleo se duplicó en la última década, también busca beneficiarse de los recursos petroleros inexplorados y de las materias primas vitales en África para mantener su crecimiento económico acelerado. El gobierno chino aprovecha el sistema del "capitalismo de Estado" y realiza proyectos tangibles en África a través de corporaciones públicas o casi públicas, como la Corporación Nacional de Petróleo de China (CNPC), que trabaja simultáneamente en energía, minería, petroquímica, construcción, transporte y finanzas.

El dominio de Estados Unidos en el continente ha disminuido

Con un historial claro de no tener un pasado colonial en África, la administración china no tuvo dificultades para tomar el control de puertos, aeropuertos, ferrocarriles y refinerías claves, gracias a proyectos de infraestructura y acuerdos de crédito a bajo interés realizados con países africanos productores de petróleo como Sudán, Nigeria y Angola a cambio de sus recursos energéticos.

Además, las empresas chinas, con sus fondos, tomaron iniciativas mineras estratégicas que van desde oro hasta diamantes, uranio y paladio, en países como Zambia, Namibia, Sudáfrica y Níger.

China se convirtió en la segunda economía más grande del mundo en los últimos veinte años, y funciona como el socio de desarrollo y comercio exterior más importante de África, lo que sin duda es parte de una estrategia neocolonial a largo plazo.

Estados Unidos ha gestionado y catalogado su política exterior posterior al 11 de septiembre en el continente africano como la "lucha global contra el terrorismo", que parece haber dado lugar a que los gobiernos de la región tomen una posición más distante de Washington, lo que hace el trabajo más fácil para Pekín.

El enfoque de la administración de Obama en Oriente Medio en sus iniciativas de política exterior, y luego el enfoque de la administración de Trump en las guerras comerciales con China, con un evidente lenguaje político discriminatorio e incluso ocasionalmente racista, redujeron considerablemente el dominio de Estados Unidos en el continente.

Mientras la administración de Pekín, que invirtió miles de millones de dólares en proyectos de industrialización, agricultura moderna, transporte, comunicación, energía, educación, salud y reducción de la pobreza y creó un evento diplomático que casi supera a la ONU, a través del Foro sobre Cooperación China-África, las prioridades de Estados Unidos en la región solo se limitan a los recursos antiterroristas y energéticos.

Sin embargo, EEUU intentó responder a la creciente influencia china en países del este de África como Sudán y Etiopía, que tradicionalmente están abiertos a la influencia de Washington y ubicados cerca de Oriente Medio, a través de reacciones políticas y diplomáticas.

Rusia busca ganar terreno en África

Otra potencia global que apunta a establecer una presencia militar y económica en África es la Federación Rusa. Rusia se convirtió en una gran potencia, interfiriendo directa e indirectamente con las regiones en conflicto en Oriente Medio. Después de estar sujeto a las sanciones económicas del mundo occidental, Rusia aceleró sus iniciativas orientadas a África.

Al reconocer la efectividad del Foro de Cooperación China-África, Vladimir Putin organizó la primera Cumbre Rusia-África el año pasado. Además, no es ningún secreto que el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, realiza visitas frecuentes a países con fuentes de materias primas como petróleo, oro, uranio, cobre y cobalto y busca nuevos mercados para las armas rusas en el África subsahariana. Moscú busca ganar terreno para aumentar su influencia política y en el comercio de armas en áreas donde potencias como Francia y el Reino Unido dominan.

Y si también se consideran los esfuerzos japoneses para la expansión en África a través de bases militares y petroleras, debido a sus preocupaciones sobre el aumento de la influencia china y otras potencias económicas en ascenso, como India y Brasil, las dimensiones reales de la "nueva lucha por África" saldrá a la superficie.

África fue testigo de una gran vitalidad diplomática con la apertura de más de 300 embajadas y consulados desde 2010. Turquía se destaca como uno de los países más activos en el periodo reciente, con 42 embajadas en África.

Si bien las visitas periódicas de Erdogan a África aceleraron las relaciones políticas, económicas y estratégicas entre Turquía y los países africanos, todavía queda un largo camino por recorrer, ya que muchos actores mundiales compiten por su presencia en esta región.

Todos los poderes económicos globales y en ascenso, excepto Estados Unidos, cuyo presidente actual no ha puesto su pie en el continente africano todavía, han puesto a África en una posición importante en sus estrategias de competencia global.

Para que el "destino trágico" del continente no se repita y los efectos destructivos de la lucha del siglo XIX sobre el pueblo de África no vuelvan, los países de la región deben tener cuidado al tratar con actores globales que buscan crear deliberadamente lazos políticos y económicos entre ellos.

*El escritor es economista en la Universidad de Estambul.

**Las opiniones expresadas en este artículo son propiedad del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Traducido por Juan Felipe Vélez Rojas

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