Fatih Erel
13 Marzo 2018•Actualizar: 13 Marzo 2018
Las autoridades de Birmania siguen utilizando una política de hambre forzosa para hacer más insostenible la vida al pueblo rohinyá, dijo un experto de la ONU este lunes.
“Parece que hay una política de hambre forzosa diseñada para hacer insostenible la vida de los rohinyás que aún están vivos en el estado de Rakáin (al norte de Birmania)”, dijo Yanghee Lee, ponente especial de la ONU sobre la situación de derechos humanos en Birmania al Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra.
“Antes de que la repatriación pueda ser realmente considerada, Birmania debe acabar con el ciclo de violencia en Rakáin, reconocer el derecho a la identidad de los rohinyás, restaurar su ciudadanía y defender sus derechos humanos”, afirmó Lee.
Las aldeas que una vez fueron hogar para los rohinyás que huyeron hacia Bangladés están siendo destruidas hasta el suelo, según Lee.
“Precisamente ayer (domingo), nuevas imágenes satelitales revelaron que bases militares están siendo construidas en esas zonas arrasadas”.
Lee dijo que los crímenes cometidos por las autoridades birmanas, especialmente en el lapso de octubre de 2016 a agosto de 2017, “llevan el sello de un genocidio y el llamado más enérgico a la rendición de cuentas".
Nuevas ofensivas
Lee también advirtió nuevos ataques en los poblados de Kachin y Kayin, en el estado de Rakáin.
“Recibí información de que el Ejército realizó nuevas ofensivas en el terreno la semana pasada, usando artillería pesada en las áreas mineras de Tanai y Kachin”, dijo Lee.
Los rohinyás, descritos por la ONU como el grupo de personas más perseguidas del mundo, se enfrentan a crecientes temores de ser atacados después de que docenas fueran asesinados, víctimas de la violencia comunitaria en el 2012.
Desde el 25 de agosto de 2017, más de 750.000 rohinyás han cruzado la frontera desde el estado Rakáin, al occidente de Birmania, hacia Bangladés, según la ONU.
Los refugiados se escapan de una nueva operación de seguridad en la cual las Fuerzas Armadas y hordas de budistas han asesinado hombres, mujeres y niños, saqueado hogares y quemado aldeas enteras.
Según Médicos sin Fronteras, por lo menos 9.000 rohinyás murieron en el estado de Rakáin desde el 25 de agosto hasta el 24 de septiembre.
En un reporte publicado en diciembre de 2017, la organización humanitaria dijo que el 71.7 % de esas muertes (o 6,700) fueron violentas, incluyendo las de 730 niños menores de cinco años.
La ONU documentó violaciones masivas, asesinatos, palizas brutales y desapariciones. Representantes de la comunidad rohinyá dijeron que aproximadamente 400 personas han muerto en las operaciones.
La ONU también expresó "fuertes sospechas" de que los rohinyás han sido víctimas de "genocidio" y que la "limpieza étnica" continúa.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.