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"La vacuna no es para acabar con el virus": experto epidemiólogo

Aunque en Colombia existen muchas dudas alrededor de las vacunas, para el epidemiólogo Luis Hernández el Gobierno debería crear una cultura ciudadana en torno a la vacunación, mientras se sigue cumpliendo con las normas preventivas.

Camila Fernanda Moreno Camargo   | 20.02.2021
"La vacuna no es para acabar con el virus": experto epidemiólogo El epidemiólogo Luis Hernández. (Universidad de Los Andes - Handout - Agencia Anadolu).

Colombia

Por: Camila Moreno Camargo

El martes 17 de febrero Verónica Machado se convirtió en la primera persona en recibir la vacuna contra el coronavirus en Colombia. La primera de 35 millones de colombianos que el Gobierno busca vacunar para lograr la inmunidad de rebaño y que el país salga victorioso de la pandemia del coronavirus que no solo se ha llevado la vida de más de 58.000 ciudadanos hasta la fecha, sino que provocó la peor caída del PIB en la historia: -6,8% en 2020.

Con el inicio del plan de vacunación llegan varios interrogantes generados por la incertidumbre que desde el inicio ha acompañado a la pandemia: ¿es seguro vacunar a los adultos mayores con cualquier biológico?, ¿cuánto tiempo más las personas deberán usar tapabocas y mantener la distancia?, ¿seguirán imponiendo cuarentenas?, ¿las vacunas acabarán con el virus?

El doctor Luis Hernández Flórez, doctor en Salud Pública de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en Epidemiología y profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Los Andes, habló con la Agencia Anadolu sobre lo que la ciudadanía puede esperar en el corto y mediano plazo.

La vacunación de los adultos mayores

En 2020 los mayores de 60 años se volvieron, sin quererlo ni esperarlo, protagonistas de la crisis sanitaria más grande a la que se enfrenta la humanidad desde 1918: la pandemia del coronavirus Sars-Cov-2. Mientras que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Europa más del 50% de las muertes causadas por el virus se produjo entre los residentes de centros geriátricos, en Brasil el 76% de los fallecimientos relacionados con la COVID-19, entre marzo y septiembre del año pasado, ocurrió entre la población mayor de 70 años.

Lo anterior no es una particularidad del comportamiento del virus en estos lugares, sino que fue una constante a nivel mundial. Por ese motivo, al trazar la ruta de los planes de vacunación, los Gobiernos incluyeron a los mayores de 60 años entre las poblaciones prioritarias para recibir la vacuna, al lado de otros grupos de alto riesgo como los trabajadores de la salud.

Sin embargo, se ha abierto un debate sobre cuál vacuna aplicarles y cuál no a los adultos mayores, luego de que la Unión Europea autorizara la aplicación del biológico de Astrazeneca únicamente para los menores de 65 años. La polémica aumentó cuando la autoridad sanitaria de España prohibió su uso para mayores de 55 años.

Por ese motivo, la OMS vio la necesidad de pronunciarse al respecto. “No hay razones para no administrar a mayores de 65 años con la vacuna de AstraZeneca. Como hemos identificado a los mayores de 65 años como grupo prioritario, no debería haber un límite de edad para administrar la vacuna”, aseguró Alejandro Cravioto, presidente del comité de expertos que asesora a la OMS en temas de vacunas y vacunación, en una rueda de prensa el 10 de febrero.

El doctor Luis Hernández Flórez le halló la razón: “No es de extrañar que haya diferencias entre los planes de vacunación, no puede haber uno unificado a nivel internacional. Todas las vacunas que han llegado y van a llegar a Colombia y Latinoamérica están habilitadas para personas mayores de 16 años, sin límite de edad”.

La razón principal por la que Europa se puede “dar el lujo” de escoger qué vacuna aplicar a qué población es porque muchos países del continente adquirieron casi el doble de dosis necesarias para vacunar al 100% de su población, es decir, pueden optar por rechazar o aceptar las vacunas a su antojo. "¿Por qué se priorizan grupos poblacionales en Colombia diferentes a Europa? Porque Europa está produciendo vacunas, Rusia también, ellos no van a tener problemas de desabastecimiento. Latinoamérica está recibiendo como el rezago", explicó el doctor Hernández. Además, en Colombia nadie va saber qué marca de vacuna le van a aplicar.

¿Hasta cuándo el tapabocas?

Para enfrentar la pandemia, mientras se consigue la inmunidad de rebaño, existen dos tipos de estrategia: "La de contención, que es la cuarentena masiva, y de mitigación, que son las de usar tapabocas o mascarillas, distancia física, aforos, lavado de manos y demás protocolos. Las cuarentenas son un fracaso de la salud pública, esta funcionó al principio, en marzo, abril y mayo del año pasado y servían para bajar la curva y alistar los servicios de salud, ya después no tienen efecto”, comentó el epidemiólogo.

Con un comportamiento constante y comprometido con la mitigación y el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad, no sería necesario implementar más cuarentenas. Sin embargo, para el Gobierno esto implica invertir presupuesto en educación ciudadana, alistamiento sostenible, hacer tamizajes a la población y cortar cadenas de contacto, entre otros.

Para el doctor, las cuarentenas estrictas no solo son medidas extremas que muestran una visión restrictiva de las libertades, sino que además de afectar la economía y la salud mental, son muy difíciles de cumplir. “En Bogotá, con cifras de la Secretaría de Salud, el 40% de las personas que salieron positivas para COVID-19 o con síntomas que debían estar en aislamiento no lo cumplieron... Por ejemplo, en el estudio que hacemos en la Universidad de Los Andes en el que monitoreamos taxistas, vimos que casi el 20% de ellos que deberían estar aislados no se pueden aislar, porque no les pagan la incapacidad, no ganan, viven de eso. Entonces está con el pasajero y sigue transmitiendo. Cuando dicen ‘encerremos a todos’, ese taxista no se encierra”, dijo el experto.

Por eso, en sus palabras, “el tapabocas llegó para quedarse”, por lo menos hasta que el 70% de la población sea inmunizada. “Las medidas de mitigación hay que mantenerlas varios meses, de pronto uno o dos años más: el tapabocas, la distancia física, el lavado de manos, evitar las aglomeraciones. Mientras tanto, hay que ir saliendo y reincorporándose a la vida cotidiana, pero con estas medidas. A medida que logremos la inmunidad de rebaño se va a ir suprimiendo la pandemia y la principal medida que va a lograr su supresión es la vacunación, más las otras medidas”.

Las vacunas no son para acabar con el virus

De acuerdo con el doctor Hernández, “muy seguramente la vacuna contra la COVID-19 va a ser una vacuna estacional, es decir, una vacuna cambiante. Eso no es nuevo, con la influenza ocurre que todos los años circulan virus de influenza diferentes y todos los años hay que hacer una vacuna diferente. Con el coronavirus va a ser lo mismo, finalmente va a quedar endémico”.

Sin embargo, es importante tener presente que las vacunas contra el virus no están diseñadas para eliminar la enfermedad. Es decir, “la vacuna está orientada a proteger contra las formas graves, la mortalidad, la morbilidad y bajar la transmisión, pero no es para que no dé COVID-19. Es como la influenza, muchas personas se la colocan y dicen que a la semana les dio gripa. Claro, no es para que no les dé gripa, es para que no les dé en forma grave”, aclaró el epidemiólogo.

Ese es el motivo por el que el doctor Hernández considera que la vacunación debería considerarse como un acto de cultura ciudadana, pues ayudaría a evitar una mayor mortandad de personas y los vacunados protegerían a su círculo social, mientras a ellos les llega el turno de inocularse.

“Mientras más personas se vacunen mejor, porque vamos a tener menos ‘susceptibles’. Ese es el principio de la inmunidad de manada: antes, de 100 personas sin vacunar 50 eran susceptibles al virus; pero vacunando a 100 personas el virus solo va a encontrar 20 susceptibles, entonces va a ser muy difícil que el virus se siga propagando igual que antes porque las personas ya estarán protegidas”, aseguró el doctor Hernández.

De acuerdo con el experto, aunque ninguna vacuna puede ser obligatoria, es importante que los mandatarios envíen un mensaje positivo sobre la vacunación y, a la vez, que lo muestren como un compromiso inaplazable. “En eso hay que reforzar la comunicación social del riesgo: que haya una obligación civil, por adherencia ciudadana, por educación ciudadana. Incluso se puede hacer como se hace en las elecciones, ofrecer estímulos o incentivos positivos a las personas que se vacunen, por ejemplo como días libres o un bono. Eso está permitido. Lo importante es hacerlo positivo, pero perentorio”.

Ver también: Obstáculos e inconsistencias que se han presentado en los planes de vacunación en Latinoamérica.

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