Familia que inventó la bomba para derrocar a Somoza ahora es perseguida en Nicaragua
Un escuadrón antimotines se llevó a seis miembros de la familia García, reconocida porque uno de sus miembros inventó el explosivo artesanal que contribuyó a derrocar la dictadura de Somoza en 1979.
Managua
Por: Wilfredo Miranda Aburto
Un escuadrón antimotines irrumpió en la mañana del pasado sábado 8 de octubre de forma violenta en las entrañas del mítico barrio Monimbó, en la ciudad de Masaya, Nicaragua.
El objetivo de la incursión policial era la casa de la familia García, donde habita Julio García, a quien apodan como "Julián el Monimboseño" y quien es el inventor de la bomba de contacto, el explosivo artesanal que contribuyó a derrocar la dictadura de Anastasio Somoza en 1979, y que en la actual rebelión contra el gobierno de Daniel Ortega ha sido usada por los ciudadanos para resistir y enfrentar a las fuerzas del Gobierno.
Los oficiales se llevaron de un tajo a seis miembros de la familia, entre ellos a Lázaro García, hermano de Julio, el creador de la bomba de contacto en los años setenta.
A la familia García la embarga la preocupación, en especial por Lázaro, de 71 años, quien fue trasladado a las temidas celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), en Managua, a 30 kilómetros de Monimbó, el barrio donde se gestó la insurrección contra el somocismo.
Monimbó fue la “semilla de la liberación” en Nicaragua de la anterior dictadura de los Somoza. Su épica está tanto en el ideario sandinista como en las canciones de Carlos Mejía Godoy, quien compuso la banda sonora revolucionaria.
La humilde familia García, a través de su oficio de la pirotecnia, fue protagonista del triunfo revolucionario del pasado siglo, ya que las bombas de contacto desafiaron los fusiles y los tanques de la Guardia Nacional de Somoza. Los pequeños estallidos vencieron a la infantería de la dictadura.
Después de 1979, Monimbó se convirtió en un bastión sandinista leal al presidente Daniel Ortega, donde cada año, cada mes de julio, Ortega era recibido por multitudes que mostraban su fanatismo hacia su figura de comandante.
La familia García era invitada a los actos partidarios del Frente Sandinista en Masaya, donde se les rendían homenajes por el invento de la bomba de contacto, cuya fabricación fue aprendida por todos los guerrilleros sandinistas en aquella época.
En el año 2010, el actual alcalde de Masaya, Orlando Noguera, les otorgó a los hermanos García un diploma de reconocimiento por “integrar las primeras células del sandinismo”. Ellos enmarcaron los diplomas como pruebas de su trascendencia histórica.
Hasta antes del 18 de abril, cuando estallaron las protestas sociales contra la administración Ortega, era impensable que Monimbó y la familia García se rebelaran contra Ortega. Pero la brutal represión, que deja más de 336 muertos, miles de heridos y más de 500 presos políticos en cinco meses de protestas, parece haber provocado un quiebre.
Una estirpe pirotécnica
La familia García es una estirpe pirotécnica. Desde hace más de medio siglo trabaja la pólvora. Al inicio de las protestas, en abril, vendían morteros artesanales a los rebeldes, otro explosivo menos potente que la bomba de contacto. Sin embargo, pronto dejaron de vender porque, como represalia, las autoridades les suspendieron las licencias de operación de sus talleres. Pero lo peor vendría meses después.
“Nosotros no vendimos bombas de contactos a ninguno de los dos bandos”, le dijo Socorro Corrales, esposa de Julio García, a la Agencia Anadolu. “Nuestro negocio es vender pólvora, ya sea un bando y otro”, agregó la anciana.
Según ella, si se negaban a venderle morteros a los rebeldes, los acusaban de complicidad con el Gobierno, y si se negaban a venderle morteros a los simpatizantes del gobierno de Ortega, los acusaban de complicidad con los rebeldes. La eterna polarización nicaragüense.
Pese a su pasado histórico sandinista, la familia García asegura que no apoya “la represión” del gobierno. “Nosotros siempre hemos estado con el pueblo”, dijo uno de los hijos de Julio García, que prefiere no revelar su nombre por temor a ser apresado.
De acuerdo con él, durante esta rebelión ellos no vendieron la poderosa bomba de contacto a los universitarios que se atrincheraron en todo el país. “Es absurdo que nos vengan a echar presos por el hecho que la gente use bombas de contacto. Todo el mundo en Nicaragua sabe cómo fabricarlas”, añade.
“Hacer esas bombas es vox populi, todo el mundo lo domina porque es fácil en Nicaragua: pones pólvora en un pequeño vaso de vidrio, le echas vidrios o clavos, y ya está listo”, agregó el hombre, quien considera que lo que está pagando su familia con estas capturas es haber diversificado la fabricación de explosivos en el pasado siglo.
De los seis miembros de la familia capturados, solo dos fueron liberados. Hasta la publicación de este artículo, las autoridades no los habían presentado ante un juez para acusarlos de “terroristas”. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha denunciado una “tercera etapa de la represión”, que incluye persecución y apresamientos selectivos.
Irónicamente, los miembros de la familia García, que ahora son señalados por los simpatizantes del gobierno de Ortega de “golpistas y terroristas”, en febrero pasado, meses antes del inicio de las protestas, fueron presentados en los medios oficiales como héroes de la revolución sandinista.
De hecho, Lázaro García apareció en la revista Visión Sandinista arrojando una bomba de contacto, de las que ayudaron a derrocar la dictadura de Somoza y que 39 años después truenan contra el otrora guerrillero sandinista, el comandante Daniel Ortega.
