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El cannabis medicinal se proyecta como alternativa para pacientes en Colombia

Tatiana Muñoz usa la planta como parte del tratamiento para el cáncer en el cerebro de su hija. Afirma que es clave terminar de reglamentar esos productos para mejorar la vida de los pacientes con diversas enfermedades.

Susana Patricia Noguera Montoya   | 26.12.2018
El cannabis medicinal se proyecta como alternativa para pacientes en Colombia Tatiana Muñoz ha usado el cannabis medicinal como parte del tratamiento contra el cáncer que sufre Isabela, su hija de seis años. (Juan David Moreno - Agencia Anadolu)

BOGOTÁ, Colombia

Por: Susana Noguera

Cuando Isabela tenía apenas un año y medio fue diagnosticada con cáncer en el cerebro. Tatiana Muñoz, su mamá, cuenta que entró en shock mientras los doctores le explicaban que el tumor era del tamaño de una naranja y le estaba obstaculizando el líquido cefalorraquídeo que debe fluir por su columna vertebral para posibilitar funciones como caminar o mover los brazos. También le estaba presionando los ojos causándole graves daños a su visión.

“Los doctores no se explicaban cómo todavía veía, cómo había mantenido su movilidad, cómo hablaba. No se explicaban cómo estaba viva”, narra Tatiana.

El tratamiento fue agresivo. Meses de cirugías y hospitalizaciones, de levantarse a las 4 de la mañana para ir a citas con especialistas y de sostenerla en brazos esperando a que le pasaran los intensos dolores de cabeza que le daban casi a diario. Después de su primera cirugía, Isabela tuvo que ser internada en cuidados intensivos durante un mes debido a una complicación durante uno de los procedimientos.

Luego de todas esas intervenciones, los doctores le dijeron que Isabela debía iniciar quimioterapia. “Me daba demasiado miedo la quimioterapia. Yo decía: ¿cómo voy a acceder sabiendo que ella iba a sufrir tanto y los doctores no me daban la certeza de que eso fuera a funcionar?”.

Una amiga le recomendó a Tatiana usar goticas de cannabis medicinal como parte del tratamiento. “El cambio fue total. Después de usar cannabis, Isabela empezó a dormir bien, se le abrió el apetito y le contrarrestó todos los efectos secundarios de la quimioterapia”, dice Tatiana.

La marihuana se ha estudiado en el mundo como un tratamiento para enfermedades como la artritis reumatoide, la epilepsia, enfermedades cardiovasculares, la esquizofrenia y como analgésico contra espasmos musculares, entre otros. Médicos defensores del producto afirman que contribuye a mejorar la calidad de vida de pacientes con enfermedades muy dolorosas.

Por los últimos dos años Isabela, quien ahora tiene 6, ha tomado 7 gotas de extracto de Cannabidiol, el principal componente de la planta de marihuana abreviado, en la noche y en la mañana. También toma 10 gotas de Tetrahidrocannabinol (THC) en la noche.

Tatiana está segura de que ese tratamiento, junto con una dieta sana, ha sido clave para que Isabela soportara las quimioterapias. Hoy el tumor está del tamaño de una uña y ambas sueñan con el día en que los médicos les digan que la masa desapareció. Que Isabela le ganó al cáncer.

Mientras continúan con el proceso médico, Tatiana quiere seguir el tratamiento con cannabis, pero ha tenido dificultades para encontrar extractos de calidad y doctores que hayan estudiado las propiedades medicinales de la planta en Colombia. Ha encontrado personas que le venden extractos a precios muy caros y que no le pueden asegurar su procedencia.

La producción de cannabis medicinal en Colombia

En Colombia la reglamentación del cannabis medicinal comenzó en 2015, cuando el Gobierno expidió el Decreto 2467 para otorgar las primeras licencias de transformación de la planta a productos terapéuticos. En 2016 el Congreso aprobó otra ley que creó el marco legal para el uso médico y científico de la planta. En 2017 se terminó la reglamentación para la fabricación, uso de semillas y licencias de fabricación de derivados medicinales del cannabis.

A partir de la reglamentación, varias empresas iniciaron los procesos para producir marihuana medicinal, pero el trámite ha sido lento y ha evidenciado diferentes vacíos legales y carencias científicas.

Uno de los problemas que enfrentaron las empresas es el registro de las semillas de cannabis. Así lo explica a la Agencia Anadolu Camilo Cruz, encargado de laboratorio y licencias de Pideka SAS, una empresa colombiana que empezará en 2019 a producir cannabis para fines medicinales.

“En el mundo no existen registros claros sobre las semillas porque no se le ha hecho un seguimiento técnico al tema. Colombia quiere ser un innovador”, dice Cruz.

Explica que, lentamente, el gobierno ha empezado a entender la necesidad de activar el registro de las semillas, ya hay cinco variedades inscritas, pero es necesario aumentar ese número para poder empezar una producción a gran escala en el país.

Otro problema es que Colombia nunca ha sido productor de estupefacientes legales, a pesar de ser uno de los mayores productores de narcóticos ilegales del mundo. Cuando un medicamento requiere opiáceos para su producción, los laboratorios importan la materia prima de otros países que sí los producen de forma regulada.

“Colombia ya tiene una legislación para producir opiáceos legales, con el primer caso que vienen a ser lo cannabinoides y la está desarrollando, pero eso implica burocracia y requerimientos técnicos”, añade Cruz.

Los fabricantes también han tenido problemas para el registro de productos con base en el cannabis porque la reglamentación para esos casos no está del todo desarrollada. “Vemos la necesidad del mercado, la gente quiere comprar, pero no hay forma fácil de vender los productos”, explica el experto.

Pilar Sánchez, gerente ejecutiva de Pideka SAS, añade que otro de los retos que enfrenta la industria del cannabis medicinal a nivel mundial es estabilizar los cultivos para que den propiedades químicas estandarizadas y así poder hacer pruebas clínicas a gran escala. Por eso, ellos optaron por una producción “indoor” que le permita controlar todos los factores que determinan la composición química de la planta. Afirman que de esa manera podrán asegurarles a sus clientes un producto de calidad.

En este momento el único medicamento con base en el cannabis registrado en Colombia es el Sativex, de Bayer, para tratar la esclerosis múltiple, pero cuesta entre USD 400 y USD 600.

Camilo explica que para que Colombia pueda producir medicamentos, ya sean con contenidos de cannabis u otros, haría falta una inversión importante.

Estos inconvenientes en la cadena productiva del cannabis medicinal han llevado a que familias como la de Tatiana e Isabela no tengan fácil acceso a productos medicinales de cannabis de buena calidad.

A pesar de los tropiezos, la industria del cannabis medicinal se ha empezado a desarrollar y Pideka SAS ya anunció que a principios del próximo año abrirá una bodega de 1.200 metros cuadrados para cultivar unas 3.000 plantas. La empresa tiene la meta de construir cuatro bodegas más en 2019 y ofertarlas para que en el año 2020 inicien investigación y elaboración de productos estandarizados. Afirman que llegarían a 20 bodegas en unos tres años.

La empresa está trabajando para terminar de tramitar los permisos y registros para exportar la materia prima del cannabis usando las investigaciones y legislación internacional para agilizar el proceso, luego buscará realizar el proceso para crear productos finales y venderlos en Colombia.

Este proceso tan técnico y burocrático es clave para la calidad de vida de Isabela, explica Tatiana. “Lo que espero a futuro es que los doctores lo estudien y lo vean como una nueva forma de tratar el cáncer”, concluye ella.

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