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El brexit, un divorcio más nominal que real

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, el 31 de enero, traerá algunos cambios institucionales, pero de momento poco cambiará la vida diaria de los europeos y británicos.

Germán Daniel Díaz Rivas   | 31.01.2020
El brexit, un divorcio más nominal que real LONDRES, REINO UNIDO - 31 DE ENERO: Manifestantes pro-UE y anti-brexit sostienen pancartas en la Plaza del Parlamento en Londres, Reino Unido el 31 de enero de 2020, el día en que el Reino Unido abandona formalmente la Unión Europea. (İlyas Tayfun Salcı - Agencia Anadolu)

BOGOTÁ, Colombia

Por: Germán Daniel Díaz-Rivas

Tres exministros y más de tres años después del referendo del brexit, el Reino Unido deja oficialmente la Unión Europea el 1 de febrero. Una despedida solo nominal, que en la práctica poco cambia. De momento no habrá infartos en la frontera irlandesa, ni deportaciones de trabajadores europeos, ni expulsiones de jubilados británicos. Londres rompe con Bruselas pero la vida diaria de los de a pie seguirá igual hasta enero de 2021, una nueva fecha que establece 11 meses de transición en donde se establecerán los términos reales del divorcio.

La bandera conocida como Union Jack será retirada del Parlamento Europeo y será introducida en el Museo de Historia Europea de la Eurocámara. Un acto de enorme simbolismo que marca el fin de 47 años de membresía británica y el triunfo de los impulsores de la aventura aislacionista, como el caricaturesco Nigel Farage y su partido Ukip.

Los ciudadanos, sin embargo, no sentirán el rompimiento. Los europeos que viven y trabajan desde antes del 31 de enero en el Reino Unido podrán seguir en la isla, al igual que los británicos que hagan lo mismo en el continente. Londres seguirá siendo parte de la Unión aduanera y el mercado común europeo, lo que garantiza la libertad de desplazamiento de las personas, y las empresas e inversionistas podrán continuar con su normal funcionamiento.

Los estudiantes Erasmus que se vinculen en instituciones educativas, tanto europeas como británicas antes de enero de 2021 podrán mantener sus estudios y concluirlos más allá de esa fecha.

El Reino Unido continuará con el pago de sus obligaciones europeas adquiridas en el presupuesto aprobado para el período 2012 - 2022; aportará a las pensiones de funcionarios europeos y a los programas sociales de la Unión, así como a mecanismos como el de refugiados en Turquía.

Durante los 11 meses de transición Londres seguirá vinculado a los tratados internacionales de la Unión y deberá cumplir las leyes comunitarias; podrá firmar acuerdos comerciales, pero no podrán entrar en vigencia hasta que termine el periodo transitorio. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea continuará con su jurisdicción sobre el Reino Unido, pero la isla perderá su juez en esa Corte, algo que ha enfurecido a los más furibundos impulsores del brexit.

Los miembros del Partido del Brexit pusieron el grito en el cielo cuando descubrieron que el trato alcanzado por Boris Johnson implicaba que Londres seguirá cumpliendo con las normas europeas como, por ejemplo, la política de pesca de la Unión. El grupo encabezado por Farage considera como un exabrupto que la isla tenga que seguir sometida a la normativa del continente sin tener ninguna representación en Bruselas.

Y es que uno de los pocos cambios que serán evidentes son de carácter burocrático, en especial en el campo parlamentario. A partir de la medianoche del 31 de enero, cuando la Eurocámara pasará de 751 a 705 miembros, de los 73 puestos ocupados por diputados británicos, 46 quedarán reservados para futuros Estados miembros y los 27 restantes se distribuirán proporcionalmente entre los países que en relación a su población están infrarepresentados en el Parlamento.

La composición del Parlamento Europeo tendrá un nuevo balance de poder que, según la matemática, beneficia a la extrema derecha y le resta poder a la coalición amplia que lidera Europa, compuesta por populares, liberales y socialdemócratas. La ultraderechista Identidad y Democracia, por ejemplo, no pierde ningún diputado con la salida de los británicos y gana tres de Francia, Italia y Países Bajos; suma 76 parlamentarios y supera a los verdes, que quedan con 68 escaños tras perder 11.

El cambio también se verá en otras instituciones europeas. El juez británico será retirado del Tribunal General de la Unión Europea y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Los funcionarios de la isla en la Unión no perderán su trabajo, pero no podrán ascender. Y –un hecho con gran peso simbólico– el primer ministro del Reino Unido no volverá a participar en las cumbres de jefes de Estado y Gobierno del bloque.

Los 27 países miembros de la Unión Europea nombraron al portugués João Vale de Almeida como embajador en Londres y la representación del Reino Unido en Bruselas cambia su nombre a Misión ante la Unión Europea.

Tanto el Reino Unido como Europa podrán buscar una extensión del periodo de transición de uno o dos años más. De no darse un acuerdo o alguna prórroga, la salida sería abrupta, un escenario que parece un deja vu más dentro de esta novela sin final en la que se convirtió el brexit.

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