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Colombia, el país del que es más difícil regresar a Venezuela para quienes quedaron varados

La repatriación ha sido mucho más lenta para los venezolanos varados que para los viajeros de otras nacionalidades, especialmente cuando se trata de regresar desde Colombia.

Andreína Itriago   | 31.07.2020
Colombia, el país del que es más difícil regresar a Venezuela para quienes quedaron varados Cientos de venezolanos que fueron desalojados de donde vivían, en Bogotá, en medio de la crisis por el coronavirus, por lo que formaron un campamento improvisado en la capital colombiana. (Juan David Moreno - Agencia Anadolu)

CARACAS, Venezuela

Por: Andreina Itriago

El vuelo en el que viajaban Ana Hernández* y su familia arribó en la madrugada del 13 de marzo al aeropuerto El Dorado, en Bogotá, proveniente de México. Colombia, sin embargo, no era el destino final del matrimonio venezolano y su bebé. En Bogotá solo harían una parada para seguir hacia Venezuela, el 18 de marzo. Allí, los abuelos esperaban ansiosos por conocer a la nueva integrante de la familia, que había nacido en territorio mexicano unos tres meses antes.

Pero luego de más de cuatro meses el anhelado encuentro no se ha producido. El cierre de fronteras por la COVID-19 dejó a Ana, su esposo y la hija de ambos –ahora de ocho meses–, a mitad de su recorrido. Como ellos, habría entre 3.000 y 4.000 venezolanos a la espera de vuelos humanitarios en Colombia, y una cantidad similar dispersa en otros seis países. A diferencia de lo que ha ocurrido con viajeros de otras nacionalidades, la de los venezolanos ha sido una repatriación muy lenta y esto les ha traído consecuencias que van mucho más allá de una separación indefinida de la familia.

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“El espacio aéreo ha sido cerrado prácticamente de manera permanente por parte del régimen, para que los venezolanos puedan volver por razones humanitarias; pero lo que llama la atención es que el espacio aéreo ha estado abierto de manera permanente para vuelos iraníes”, dijo, en conversación con la Agencia Anadolu, el comisionado de la Organización de Estados Americanos (OEA) para los migrantes y refugiados venezolanos, David Smolansky.

Y si hay un país del que es difícil –por no decir imposible– volver a Venezuela en medio de esta pandemia es desde Colombia. Lo sabe bien Ana, quien tras agotar todas las opciones se ha planteado aprovechar la nacionalidad mexicana de su hija para ir en un vuelo humanitario hasta ese país y desde allí intentar volar a Venezuela.

“Otros países sí han logrado tener algunos vuelos humanitarios a Venezuela, y Colombia ha sido el único que no. Estamos tan cerca, pero estamos demasiado lejos. No es posible que haya gente que estaba en Madrid, México y otros países que ha llegado a Venezuela y para nosotros ha sido imposible”, lamentó la joven venezolana.

Ya dieron todos sus datos para un vuelo humanitario que no se ha dado. Ya hicieron un cálculo de los gastos que tendrían en Colombia con un arriendo indefinido y averiguaron lo que costarían puestos en aviones privados, que tampoco fueron permitidos por Venezuela. Mientras tanto, la niña crece en una finca a las afueras de Bogotá en la que pudieron establecerse temporalmente –pues les cuesta la mitad de lo que pagarían en Bogotá–, tras pasar meses saltando entre las casas de familiares y amigos.

“Con la bebé sin ropa, sin cuna, sin pediatra, sin vacunas. Se fue solventando todo: tuve pediatra, le puse sus vacunas, me prestaron un corral, me fueron prestando ropa (…) Ya la bebé tiene más meses aquí en Colombia que en México, y no conoce Venezuela”, lamenta Ana, quien no pierde la esperanza de volver a su país.

“Todo el mundo está claro que tiene que reagendarse, que se tiene que adaptar. Pero el tema aquí, como me dicen muchos (varados) es que los venezolanos no tienen certeza de nada. Esto empezó hace más de cuatro meses; van para 150 días en esta situación”, acotó Smolansky.

Su oficina en la OEA lleva la cuenta del problema: quedan 1.000 viajeros venezolanos en Estados Unidos, 600 en Chile, 500 entre Panamá y Costa Rica, 400 en España. Aún están precisando la cantidad que queda en México, donde hasta el momento han registrado a 50 personas, y Argentina, donde estiman que hay entre 300 y 400 más. Los números han variado muy poco desde que comenzó la cuarentena.

“Eso es levantamiento (de información) propio, que hemos hecho a través de grupos que se han conformado por esta situación y organizaciones de la sociedad civil, pero estimamos que puedan ser más venezolanos y que hay otros países en los que también estén varados”, acotó Smolansky.

Para la cantidad que tienen precisada, según sus cálculos harían falta unos 15 vuelos humanitarios, una cantidad similar –asegura– a la de los vuelos que han arribado a Venezuela desde Teherán en el marco de la cuarentena.

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Y mientras no se den, la lista de consecuencias que ha documentado la oficina de Smolansky sigue aumentando: “Hay personas que están perdiendo sus trabajos, que se han gastado todos sus ahorros, con complicaciones de salud, personas a las que les han fallecido familiares en Venezuela y no han podido estar para el sepelio. Casos de personas que viajaron para buscar insumos médicos que no se consiguen en Venezuela y no han podido llevarle esos insumos a quien los necesita”.

Ana cree que, dentro de todo, es afortunada. En el grupo de 500 venezolanos varados en Bogotá del que es parte ha conocido historias de personas con situaciones mucho más complicadas, que los han impulsado a sumarse al otro grupo, mucho más grande, de los que aspiran a retornar atravesando la frontera a pie, con todos los problemas que eso puede conllevar.

Además, llegar por vía aérea no los exime de pasar por situaciones similares a las de los llamados “retornados”. En el traslado al sitio donde son recluidos para pasar la cuarentena, en la ciudad Vacacional Los Caracas, según los testimonios que ha podido recoger la oficina de Smolansky, no se estaría cumpliendo el protocolo de distanciamiento social.

“Pero la denuncia que más hemos recibido es que queda a discreción del régimen, básicamente, quién tiene que cumplir la cuarentena y quién no, y hay una práctica poco transparente (…) hay también extorsión”, acota Smolansky.

Según información oficial, en dicho centro de aislamiento hay 400 camas para que los repatriados cumplan sus cuarentenas preventivas. Allí les realizarían una prueba rápida, antes de asignarlos a una cabaña. A aquellos con síntomas del virus, les aplicarían una prueba más precisa.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) apoyó con el acondicionamiento de este espacio al que han arribado, a cuentagotas, algunos de los venezolanos que estaban varados en México, Chile, Estados Unidos y, más recientemente, arribó un primer grupo de España.

Por ahora, parece una realidad muy distante para Ana Hernández, su familia y los que quedaron varados en Colombia.

*Nombre cambiado por solicitud de la fuente

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