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Castrochavismo, un término vivo aunque compuesto por fantasmas

El uso de esta palabra en la campaña presidencial colombiana genera detractores que creen que no tiene un significado real. Otros consideran que es un concepto con antecedentes claros.

Gustavo Adolfo Delvasto Daza   | 10.04.2018
Castrochavismo, un término vivo aunque compuesto por fantasmas El líder cubano Fidel Castro (der) y el fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez, en un mural en Caracas, Venezuela. (Carlos Becerra - Agencia Anadolu)

Colombia

Por: Gustavo Delvasto

“¿Qué es ‘castrochavista'? Uno le dice al otro ‘castrochavista’ de izquierda y el otro le responde diciéndole ‘castrochavista’ de derecha, pero nadie sabe eso qué es. ¿De qué política pública están hablando?", se preguntaba en un medio de comunicación la directora de la Misión de Observación Electoral en Colombia (MOE), Alejandra Barrios.

Barrios hacía esta pregunta luego de las declaraciones hechas por el candidato presidencial de izquierda, Gustavo Petro, quien dijo sobre su rival de derecha, Iván Duque: “Es el camino de Maduro, Duque es un ‘castrochavista’ de derecha”.

La socióloga y columnista del diario colombiano El Tiempo, Sara Tufano, le dijo a la Agencia Anadolu: “Soy crítica de la estrategia que empezó a usar Gustavo Petro y que actualmente parece ser la forma más usada para contrarrestar este mensaje (castrochavismo)….Para mí es un error porque no sólo es entrar en su misma dinámica –lo que significa que ellos tienen la iniciativa política– es también impedir el debate político”.

“Lo que estamos viendo es una “cacofonía” en la cual nadie entiende qué está diciendo el otro”, agrega Tufano.

En una de sus columnas la socióloga hace el siguiente cuestionamiento: “¿Cómo un término acuñado por Álvaro Uribe para fines eminentemente propagandísticos acabó instalándose como una realidad en el imaginario no solo de la derecha sino también en el de los periodistas y líderes de opinión y, más importante aún, sin ningún tipo de reflexividad?”.

Por su parte, Alejandra Barrios le dijo a la Agencia Anadolu que la MOE pretende que el ejercicio electoral sea un debate de ideas y propuestas y “no caer en el facilismo del insulto y la negación del contrario”.

También en diálogo con la Agencia Anadolu, el periodista y analista de medios Mario Morales aseguró que “se trata de etiquetas que obedecen a una estrategia de propaganda… Bebe de la propaganda Nazi, que dice que para describir al enemigo hay que utilizar frases cortas que lo desfiguren”.

Morales afirma que “particularmente en el uribismo son expertos en palabras descalificadoras, no invitan a la razón sino a la condena y el odio”.

En abril de 2017 el portal político colombiano La Silla Vacía decía en uno de sus análisis que “todo proyecto populista se nutre de un enemigo… El ascenso político del expresidente Uribe se dio alrededor del discurso de que él sí era capaz de derrotar al enemigo…Ahora que las Farc están próximas a dejar las armas, el enemigo ha mutado al castrochavismo”.

El filósofo y teórico argentino Ernesto Laclau habla de los significantes vacíos que “en sentido estricto del término, un significante sin significado".

En la semiología el significante es una forma sonora o imagen que se relaciona con una idea o significado. Laclau hablaba de palabras sin contenido que un candidato político presenta en su discurso para generar una reacción específica de la gente. 

Para el lingüista Oswald Ducrot, es desde el lenguaje que se construyen realidades, que se construyen las ideologías.

Alejandra Barrios considera que cada ciudadano en su imaginario le da un contenido al término castrochavismo y normalmente no es positivo. “Están dejando que el imaginario de cada una de las personas lo llene con lo que considera que es lo peor que puede ser un ejercicio de representación política”.

El senador del Centro Democrático, José Obdulio Gaviria, opina lo contrario.

Gaviria le dijo a la Agencia Anadolu que el término “castrochavismo” no es una acusación sino un concepto. Según el senador, tiene orígenes en 1990, cuando “la izquierda latinoamericana decidió cambiar su estrategia para llegar al poder. Casi que reevaluaron el papel de la violencia que ellos habían protagonizado”.

Gaviria habla de la formación del Foro de Sao Paulo, en cuyos orígenes incluye a los grupos armados colombianos de entonces, Farc y ELN.

Enumera cómo fueron haciéndose con el poder en algunos países: ”En Venezuela, en 1998, posteriormente ganan en el Brasil y Argentina, en el 2003; en 2005 en Uruguay y Paraguay; en el 2006 - 2007 en Bolivia y Ecuador”.

Para el senador, en el 2003 se produce “la gran alianza Castro-Chávez. Eso tiene una estructura política, una doctrina, una plataforma. Tienes además una táctica para ganar el poder en América Latina. Nosotros la hemos denominado castrochavismo”.

Los consultados coinciden en que el término se acuña en el 2012, con el inicio de los diálogos de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc.
Cuba fue la sede oficial y el Gobierno de Venezuela sirvió como país garante.

Mario Morales habla de cómo el término caló entre seguidores del expresidente Uribe. Cuando se congregan las denuncias de líderes guerrilleros protegidos en Venezuela, la crisis económica, el hambre, la falta de garantías democráticas en ese país.

Para el senador Gaviria, en el 2013 fue “evidente una gran alianza, tras la financiación de partidos cercanos a Cuba y al Foro de Sao Paulo, con los acuerdos respecto al manejo del petróleo de Chávez”.

El profesor Morales habla sobre el fenómeno de propaganda política como una “orquestación”, que incide en la emoción, en la percepción e incluso en los hechos a través de la creencia.

La politóloga y decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la universidad colombiana Jorge Tadeo Lozano, Sandra Borda, dice que el uribismo construyó un discurso que dejaba entrever que la negociación de paz “no fue un proceso aséptico ideológica y políticamente, fue sesgado hacia esa izquierda latinoamericana que tanto desprecia”.
Borda, como politóloga, dice: “Nunca usaría ese término para mis textos, porque en principio hay muy pocas cosas que se juntan en la Cuba de los Castro y la Venezuela de Chávez”.

Borda también asegura que en Colombia se ha asimilado más fácil este término debido a que “siempre (el país) ha estado ubicado en el espectro de centro derecha. No pasa en el resto de países”, porque otros sí han pasado por experiencias democráticas de izquierda.

La acusación de que una persona pueda intentar replicar idénticamente el modelo venezolano en Colombia "hace que la acusación sea totalmente vacua, porque no hay ningún candidato que pueda hacer totalmente eso”, dice Borda.

Lo que sí es complicado para la politóloga es la posición de la izquierda frente al régimen venezolano. “La acusación que han sido tibios, o no lo suficientemente contundentes a la hora de señalar las violaciones a los derechos políticos de la gente en Venezuela es cierta”.

Por su parte, Gaviria concluye: “Nosotros tenemos una confrontación política, la damos con toda claridad, con argumentos, y aceptamos el escenario que nos pongan cuando nos agredan”.
“Nuestro candidato (Duque) tiene como consigna cero ataques personales y cero responder ataques personales. Yo no espero mucho de las campañas de los sectores antiuribistas, son crueles, espíritu de osquedad y agresividad irreprimible”, agrego el senador.

Para Barrios, existe una falta de información real, sólida y con argumentos, que hace que la ciudadanía se quede únicamente con titulares, frases y sentencias que “pueden terminar disminuyendo considerablemente su capacidad de tomar una decisión consciente y responsable”.

Morales concluye que en el fondo se busca recurrir a lo que los psicólogos llaman el “alma colectiva. Miedos colectivos, miedo al invasor, miedo al extraño, miedo al diferente, miedo al poderoso ajeno… Siempre existe ese pánico interno que hemos heredado generación tras generación”.




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