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Cacerolazos en Brasil, entre amores y odios que han terminado en disparos entre vecinos

Desde el inicio de la cuarentena, las ventanas y balcones del país se transformaron en el escenario principal de la polarización entre quienes apoyan y quienes rechazan las polémicas políticas de Jair Bolsonaro.

Federico Cornali   | 19.05.2020
Cacerolazos en Brasil, entre amores y odios que han terminado en disparos entre vecinos Los cacerolazos son usuales en las noches de los brasileños, luego de que el presidente del país, Jair Bolsonaro, hace sus declaraciones diarias. Los ciudadanos salen a sus ventanas y balcones para manifestarse a favor o en contra de sus decisiones. (Crédito obligatorio: Agencia Brasil)

SAO PAULO, Brasil

Por: Federico Cornali

La polarización entre quienes apoyan al presidente brasileño Jair Bolsonaro y los que le son contrarios escaló hasta lo que parece ser su nivel máximo durante los días de cuarentena en todo el país, que ya cuenta con 16.792 muertos y 254.220 casos confirmados de COVID-19.

Todos los días, cerca de las 20:30 horas de Brasilia, el presidente suele dar un discurso en cadena nacional. A veces altera el horario o se pronuncia en vivo por medio de redes sociales. En esos momentos, las cacerolas comienzan a ser golpeadas en los ventanales de los edificios, de sur a norte del país.

El tintineo de los utensilios de cocina suele ser acompañado con el típico “¡Fuera, Bolsonaro!”, mediante el cual la población pide la renuncia del presidente o el Impeachment en su contra. Además, también es normal escuchar gritos de “¡Vete, fascista!” o, directamente, “¡Genocida!”.

Del otro lado, en minoría y muchas veces recibiendo abucheos de la mayoría de sus vecinos, quienes apoyan a Bolsonaro responden alentando a “Mito”, como llaman cariñosamente al presidente, o diciendo “¡Fuera izquierdistas!”, “¡Fuera comunistas!” o “¡Fuera PT!”, haciendo referencia al Partido de los Trabajadores, que gobernó a Brasil entre 2003 y 2016, con las presidencias de Luiz Inacio Lula da Silva y de Dilma Rousseff.

Los gritos de ventana a ventana producen nuevas amistades entre quienes profesan la misma tendencia política. “Me mudé hace poco a este nuevo edificio y no conocía a casi nadie. Pero con los cacerolazos contra Bolsonaro descubrí que acá son casi todos partidarios de la salida del presidente, como yo”, dice Karina Fernandes, que vive en el barrio de Vila Madalena, en la zona oeste de la ciudad de Sao Paulo.

“Inclusive, ahora tenemos largas charlas, de ventana a ventana, con Lígia, mi vecina del apartamento 4D. Sin duda, cuando la cuarentena termine nos juntaremos y podremos conocernos mejor”, dijo la estudiante de Derecho, de 24 años.

No obstante, así como nuevas amistades se forman, otras se resquebrajan y la cordialidad que hasta ayer existía puede esfumarse en medio de la polarización y de los bramidos.

“No defiendo a Bolsonaro, pero me cansé de la familia que vive aquí al lado, gritan varias veces contra el presidente. Parecían mucho más cordiales y educados antes de este encierro”, dice Eduardo, de 56 años, que vive en un apartamento en Higienópolis, en la región central de la capital paulista.

En Curitiba, estado de Paraná, en el sur de Brasil, César Soares también notó cierta hostilidad por parte de sus vecinos de piso, con quienes comparte el garaje y con los cuales jamás tuvo ningún tipo de problema.

“No suelo hacer más que golpear las cacerolas a la noche, porque no puedo creer la falta de respeto del presidente en medio de esta crisis sanitaria, pero casi ni grito. Sin embargo, noto que desde el apartamento de al lado me mandan a callar, o me insultan por lo bajo”, explica el empleado administrativo.

“No sé cómo serán las cosas con ellos en el futuro. Parecían una familia agradable, pero tal vez necesitemos conversar. De mi parte, pretendo seguir manteniendo el trato cordial”, aclaró.

Sin embargo, las discusiones o los gritos a favor o en contra del presidente, e incluso los insultos cruzados ya han dado paso a reacciones peores, mucho más violentas.

En un edificio del barrio de Perdizes, al oeste de la ciudad de Sao Paulo, la Policía investiga disparos con armas de aire comprimido que entraron por la ventana de un apartamento mientras se producía uno de los acostumbrados cacerolazos contra Bolsonaro.

“En la noche del último 31 de marzo, cerca de las 20.20 horas, durante una de las manifestaciones cívico-populares conocidas como ‘cacerolazo’, dispararon contra un apartamento de nuestro condominio. El proyectil entró por la ventana, rompiendo el cristal y dañando el techo de la vivienda”, explicó en un comunicado el administrador del edificio de la calle Iperoig.

“Tengo miedo por dos motivos: en este edificio baleado vive mi mamá, y ella suele salir durante los cacerolazos. Además, resido cerca de este predio con mi mujer y mi pequeño hijo. Decidimos no participar más y cerrar las ventanas cuando comienzan las manifestaciones”, dijo Felipe Neves, vecino de Perdizes.

A pocas cuadras de allí, en la calle Monte Alegre, la Policía notificó que una profesora de la Universidad de Sao Paulo (USP) fue herida de bala mientras participaba de un cacerolazo.

En nota oficial, la Secretaría de Seguridad Pública estatal confirmó ese ataque y resaltó que fueron encontrados cinco proyectiles provenientes de una escopeta de “balines”, que tienen un “índice bajo de letalidad, pero que pueden cegar o herir gravemente”. Peritos investigan la procedencia de esos disparos.

También hubo algunas manifestaciones en las calles a favor de Bolsonaro que fueron blanco de ataques con armas de fuego.

El fisioterapeuta Tiago Selofite, de 39 años, fue detenido en Santos, en el litoral paulista, tras efectuar un disparo contra un grupo de 40 personas que apoyaba al actual presidente.

Selofite grabó con su celular el momento en el cual disparaba con su revólver calibre 38 desde la ventana de su apartamento, ubicado en el barrio Embaré, contra la manifestación “Pro-Bolsonaro” y compartió esa grabación en dos grupos de WhatsApp.

El video se viralizó en las redes sociales cuando llegó a manos del humorista Alba Expider, quien lo publicó en sus redes sociales, que cuentan con más de 100 mil seguidores.

El comediante retiró la publicación poco tiempo después y se mostró “arrepentido” de diseminar la violenta escena.

Tras analizar el video, la Policía identificó el apartamento desde el cual se efectuó el disparo. Los investigadores Adriano Jorge de Mattos y Nilo Martins se hicieron presentes en el lugar y fueron recibidos por la encargada de la limpieza, quien informó que su empleador estaba atendiendo en su consultorio particular, ubicado a una cuadra de allí.

Al encontrarse con Selofite, los investigadores le enseñaron el video y el fisioterapeuta se declaró culpable inmediatamente. “Les tiré solo para entrar en el clima y hacer un poco de ruido”, dijo el agresor. “No quise herir ni asustar a nadie”, agregó.

Tras pagar una fianza por portar un arma sin autorización, Tiago Selofite responde por esta acusación en libertad. En caso de que sea condenado, podría recibir una pena de entre uno y tres años de prisión.

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