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Bolivia atraviesa la tercera ola de COVID-19 en crisis y con solo el 5,7% de su población inmunizada

El coronavirus volvió a saturar las unidades de terapia intensiva, mientras que el oxígeno y los fármacos de tercera generación escasean. La proyección es que se llegue al pico epidemiológico en dos semanas, mientras la vacunación avanza lentamente.

Patricia Cusicanqui Hanssen   | 09.06.2021
Bolivia atraviesa la tercera ola de COVID-19 en crisis y con solo el 5,7% de su población inmunizada Trabajadores de la salud adelantan el proceso de vacunación contra la COVID-19 a personas mayores y de toma de pruebas PCR y de antígeno nasal, en La Paz, Bolivia. (Crédito obligatorio: Cortesía Luis Gandarillas)

La Paz

Por: Patricia Cusicanqui Hanssen

La tercera ola de COVID-19 recrudeció la crisis sanitaria en Bolivia y halló al país, una vez más, con unidades de terapia intensiva saturadas y escasez de oxígeno y de fármacos.

El ritmo de contagios subió en 50% con respecto a la segunda ola, y el promedio de decesos es de 70 por día, mientras el proceso de vacunación avanza lentamente y hasta ahora solo el 5,7% de la población meta está protegida con las dos dosis.

Proceso de vacunación contra la COVID-19 en Bolivia

Trabajadores de la salud adelantan el proceso de vacunación contra la COVID-19 a personas mayores y de toma de pruebas PCR y de antígeno nasal, en La Paz, Bolivia. El proceso de vacunación avanza lentamente en la Ciudad de la Paz.

Los esfuerzos de las autoridades para contener la enfermedad y paliar las necesidades más urgentes resultan insuficientes. En las dos últimas semanas, desde que el país empezó a sentir los efectos del rebrote, el número de casos positivos se mantiene en un promedio de 3.000 por día, mil más que en la segunda ola.

Este es también el momento de mayor luto, con un promedio de 70 muertes diarias, solo superado por los 78 decesos que se reportaron en los primeros días de agosto de 2020.

Guillermo Cuentas, exministro de Salud y experto en salud pública, explica que el país experimenta un crecimiento exponencial de casos en esta tercera ola, cuyo pico se proyecta para dentro de dos semanas, con características muy distintas a las anteriores.

“En la primera, con el ‘virus original’, el incremento de casos fue relativamente lento. Pasaron 21 semanas para llegar al pico y el mal se focalizó en los adultos mayores, con sintomatología clásica y un deterioro lento en los pacientes graves”, asegura.

“En la segunda, llegamos al pico solo en seis semanas, con mayor velocidad de contagio y sintomatología más severa. Y la tercera tiene características más complejas: estamos ante la variante brasilera del virus, el doble de contagiosa y más agresiva; y la población afectada es menor de 50 años”, afirma Cuentas.

Freddy Armijo, director nacional de Epidemiología, le dijo a la Agencia Anadolu que la tercera ola surge como rebrote de la segunda. A diferencia de las dos primeras, cuando los casos descendieron hasta la base gráfica, “en la tercera no sucedió esto; la curva descendente se quedó en el medio y se mantuvo así por un tiempo hasta que nuevamente se elevaron los casos”.

De acuerdo con la autoridad, este es uno de los factores que explica el fenómeno. Los otros son, como ya se dijo, la presencia de la agresiva variante brasilera en el país, la reactivación del comercio informal y la infodemia, que genera desinformación y confusión.

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Filas en instalaciones de recarga de oxígeno medicinal, personas peregrinando en busca de fármacos y desesperadas invocaciones en las redes sociales para hallar un espacio en terapia intensiva y ayudar a cubrir los altos costos de los tratamientos se han vivido en los últimos días.

“No hay sistema que aguante un requerimiento (de este tipo). En el caso de Bolivia es de 150 nuevas camas por día. Tenemos que cortar la cadena de transmisión y para eso es la vigilancia epidemiológica y la contención de la pandemia con medidas simples como el cumplimiento de las medidas de bioseguridad y evitar las aglomeraciones”, declaró a los medios el viceministro de Gestión del Sistema Sanitario, Álvaro Terrazas.

Armijo detalla al respecto que a la par de la inmunización, el Gobierno trabaja en la contención de los casos con la detección de infectados y el inicio inmediato de su tratamiento a través de brigadas que recorren tres regiones donde el alto índice de contagios “es preocupante”: La Paz, la sede de gobierno, Chuquisaca y Potosí.

Enfermos graves y muertes

En un año de pandemia, los gobiernos subnacionales mejoraron, en cierta medida, su capacidad de atención en las unidades de terapia intensiva (UTI), pero el relajamiento en el cumplimiento de las medidas de bioseguridad y la decisión del Gobierno nacional de reactivar cuanto antes las actividades económicas han disparado de nuevo los casos

“A mayor número de contagios, mayor necesidad de espacios en las UTI. Pero, además, el giro de camas es muy lento, es decir, un paciente pasa muchos días internado y eso impide abrir espacios para otras personas en estado grave. Por tanto esto ha llevado al colapso”, reflexiona Cuentas.

En cuanto a los decesos, el Gobierno insiste en asegurar que el índice de letalidad, es decir la cantidad de muertes por el número de enfermos, bajó del 6,2% en la primera ola al 2,6% en la segunda y al 2,2% en esta tercera.

“Uno puede medir la tasa de letalidad desde diferentes perspectivas, y nosotros la medimos en cada ola como indicador de la manera en que responden los establecimientos de salud a la demanda. En la primera ola fue del 6,2%, en la segunda de 2,6% y ahora estamos en 2,4%, es decir, que atendemos mejor a quienes reciben atención hospitalaria”, argumenta el director nacional de Epidemiología.

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Cuando se le consultó sobre las muertes sin atención médica y en áreas rurales, Armijo sostiene que los datos que maneja el Ministerio de Salud son validados por las unidades descentralizadas de los nueve departamentos del país.

Cuentas lamenta que las cifras se administren de esta manera. “Las tasas de letalidad y las de mortalidad no están en función del tiempo que uno le convenga (…) Las tasas no se miden desde que uno llega al gobierno”, sostiene en referencia a que el nuevo Gobierno asumió el poder en diciembre de 2020, en medio de una crisis política aún no superada.

Vacunación lenta

Han pasado tres meses desde el inicio de la vacunación masiva contra el nuevo coronavirus en Bolivia. El proceso comenzó en enero de este año, con la inmunización al personal de salud, y desde finales febrero se focalizó en las personas con enfermedad de base y los adultos mayores de 60 años.

Pero en las últimas tres semanas, pese al arribo lento y con demora de las vacunas, el Gobierno amplió la aplicación de las dosis a los grupos de entre 40 y 59 años de edad, en parte debido a la escasa convocatoria que logró en los dos primeros meses.

Bolivia se trazó como meta vacunar a 7,1 millones de bolivianos mayores de 18 años hasta octubre de 2021, y con ello alcanzar la llamada inmunidad de rebaño, pero hasta el momento solo se ha aplicado el 12,5% de las 15 millones de dosis previstas en el plan, y únicamente el 5,7% de la población meta recibió las dos dosis de inmunización, es decir, unas 408.000 personas.

Cuentas hace notar que diversos factores incidieron en ello. El primero, y que es de orden mundial, es la alta demanda de vacunas en todo el orbe y la incapacidad de los laboratorios de producir miles de millones de dosis. “Hablamos de cinco veces más de lo que ya se producía para contrarrestar otras enfermedades”, recuerda el experto.

Por tanto, Bolivia, como otras naciones, tuvo problemas para adquirir las dosis. No obstante, advierte de dos debilidades de orden técnico. La primera es que, a diferencia de otros países, en Bolivia las personas mayores de 60 años representan solo el 10% de la población, por lo que “tal vez se debió abarcar a los mayores de 45 años para la vacunación, de modo que en una primera etapa se garantice la inmunidad de al menos el 25% de todos los habitantes del país. Lo que funciona para otros no necesariamente funciona para nosotros”.

Por otro lado, considera que la campaña comunicacional requería de “más información y más educación y menos propaganda”, sobre todo para promocionar los beneficios de la vacunación, derribar mitos y combatir la desinformación diseminada por grupos seudocientíficos, colectivos antivacunas y organizaciones religiosas.

En efecto, en los dos primeros meses la campaña gubernamental se redujo a informar sobre las gestiones para la compra y el arribo de más vacunas, con la transmisión en directo de los aterrizajes de los aviones con la carga de las dosis y el seguimiento satelital a las caravanas de vehículos hasta los centros de almacenaje, y solo en el último mes se incrementaron los mensajes de concientización e información.

La especulación también ha hecho su parte. Pese a las advertencias de sanciones, el precio de los tanques de oxígeno y de los medicamentos de tercera generación llegó, en algunos casos, a quintuplicase. Para combatir este problema, el Gobierno ejecuta un plan nacional de emergencia que garantice la dotación de insumos.

“Hemos aportado 200 concentradores de oxígeno para que este se pueda distribuir en los puntos más críticos del país”, informó el viceministro Terrazas, quien además explicó las gestiones hechas para la llegada de más de 70 toneladas de oxígeno medicinal en las últimas horas y el suministro de medicamentos.

Este 2 de junio, a través de su cuenta oficial en Twitter, el presidente Luis Arce informó del próximo arribo de un millón de vacunas desde China, además de 1,1 millones de pruebas antígeno y un millón de pruebas PCR adquiridas a precios preferenciales.​​​​​​​

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