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¿Realmente nos enamoramos o es una cuestión de oxitocina?

También conocida como la hormona del amor o de los abrazos, el cuerpo libera oxitocina cuando la gente se abraza, y une emocionalmente a las personas.

Sibel Morrow   | 14.02.2020
¿Realmente nos enamoramos o es una cuestión de oxitocina? Día de San Valentín, cerca de la Torre de Gálata, en Estambul, Turquía, el 14 de febrero de 2019. (Ahmet Bolat - Agencia Anadolu)

ANKARA, Turquía

El sentimiento de afecto fuerte o constante hacia una persona es lo que se describe como amor, pero este también es un proceso físico generado por el cerebro por una hormona llamada oxitocina, también conocida como la “hormona del amor”.

Por supuesto, no fueron solo las hormonas las que hicieron que Chopin compusiera sus hermosas canciones, ni que William Shakespeare escribiera sus espectaculares poemas de amor, pero, de acuerdo con expertos, existe una interacción realmente compleja entre las hormonas y el comportamiento.

“Cuando alguien te sonríe de manera sincera, tu cerebro inmediatamente siente la sinceridad y le ordena a tu Neurohipófisis (el lóbulo posterior de la glándula pituitaria) que libere oxitocina, una hormona vital para la interacción social y los lazos entre humanos”, explicó el doctor Cagri Gulumser, un ginecólogo obstetra que trabaja en la capital de Turquía, Ankara, en entrevista con la Agencia Anadolu.

Gulumser indicó que lo que la gente suele describir como una atracción o una “vibra positiva” es en realidad un intercambio de oxitocina que hace que las personas sientan emociones por otras como felicidad, dolor y amor.

La llamada hormona de los abrazos es una proteína y un nanopéptido que actúa tanto como hormona como un neurotransmisor.

Gulumser se refirió también al papel que tiene esta hormona para iniciar la labor de parto en las mujeres embarazadas.

“Es una de las hormonas principales durante el nacimiento, ayuda al útero a contraer y empujar al bebé cuando la madre está en trabajo de parto”.

Un apego seguro

La doctora Ozlem Gulumser, pediatra, destacó la importancia de la oxitocina en el proceso de lactancia, asegurando que también actúa como una hormona que une a las madres con sus bebés.

“Cuando un bebé chupa el busto de su madre, se estimula el pezón, lo que causa la liberación de oxitocina y después la leche para que el bebé pueda alimentarse”, explicó Gulumser, quien está casada con este ginecólogo obstetra.

Al señalar la diferencia entre el nivel de oxitocina de las mujeres que dieron a luz por vía vaginal frente a las que tenían cesáreas, la pediatra dijo que el vínculo con el bebé lleva más tiempo para una madre que tuvo una cesárea.

Por su parte, Cagri dijo que los padres siempre se demoran más tiempo en establecer un vínculo con sus hijos, ya que el nivel de oxitocina aumenta cuanto más interactúan físicamente con ellos.

“Cuando comienza el parto y la madre comienza a enojarse con el equipo médico en la habitación, me alegro”, se jactó Cagri Gulumser, “porque es cuando sé que su nivel de oxitocina está aumentando, lo que también significa que habrá menos sangrado. Intenta intrínsecamente proteger a su bebé”.

El apego entre una madre y un bebé es crucial, dijo Ozlem Gulumser, quien agregó que influye en las relaciones del niño a lo largo de su vida.

Constructor de confianza

Así como son importantes los lazos entre una madre y un hijo, el papel de la oxitocina en nuestras vidas es muy importante, ya que afecta todo tipo de relaciones sociales.

En una entrevista con la Australian Broadcasting Corporation (ABC), Larry Young, profesor de neurobiología del comportamiento social en la Universidad Emory de Atlanta, recordó un experimento con roedores llamados 'topillos de pradera', “que son inusuales en el sentido de que son monógamos”.

Durante el experimento, se observó que los roedores que recibieron oxitocina formaron una especie de adicción a su pareja.

“Después de nuestro trabajo en animales, la gente comenzó a preguntar: ¿qué pasa si le das oxitocina a las personas? Y los estudios iniciales descubrieron que hacía que las personas miraran más a los ojos, a los rostros de otros. Les llamó la atención las señales sociales. También les ayudó a leer las emociones de los demás”, explicó el profesor.

“Incluso hay datos que sugieren que la oxitocina actúa en las mismas áreas del cerebro que nuestros pequeños topillos para hacer que nuestros compañeros luzcan más atractivos para nosotros. No solo se trata de la vinculación, sino que también está en sintonía con el mundo social que nos rodea”.

Además, la oxitocina impulsa la confianza entre los humanos, según un estudio realizado en 2005 por Michael Kosfeld, Urs Fischbacher, Ernst Fehr y Markus Heinrichs, de la Universidad de Zurich, junto con Paul J. Zak. de la Claremont Graduate University de California.

“La oxitocina podría hacer que los sujetos sean más optimistas sobre la probabilidad de un buen resultado”, escribieron los autores del estudio.

*Traducido por Daniela Mendoza.

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