Economía

Un amargo 2018 para Argentina en materia económica

Expertos coinciden en que la devaluación del peso argentino es la causa fundamental por la cual se sufre la mayor inflación de los últimos 27 años, además del endeudamiento, apertura comercial indiscriminada, entre otros críticos factores.

Emiliano Limia   | 29.12.2018
Un amargo 2018 para Argentina en materia económica Un manifestante sostiene una bandera argentina durante una protesta contra las reformas a las pensiones propuestas por el Gobierno, durante una marcha hacia el Congreso Nacional Argentino en Buenos Aires, Argentina, el 18 de diciembre de 2017. (Archivo Agencia Anadolu)

Buenos Aires

Por: Emiliano Limia

Argentina no había atravesado por una inflación tan alta en su historia desde 1991. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la inflación para el final de 2018 se estima en alrededor del 47%, muy por encima de los propios pronósticos del gobierno.

En diálogo con la Agencia Anadolu, expertos coinciden en que la devaluación del peso es la causa fundamental por la cual Argentina sufrió la mayor inflación de los últimos 27 años. ¿Qué generó esta desaceleración?

“La devaluación de la moneda argentina (100% en relación al dólar estadounidense en 2018) y sus efectos colaterales han provocado un crecimiento de precios descontrolado en la Argentina durante todo el 2018”, afirma Pablo Kornblum, profesor de economía internacional de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y autor del libro ‘La Sociedad Anestesiada: el sistema económico global bajo la óptica ciudadana’.

“No se puede tener una devaluación del 100% sin que se traslade a precios”, asegura el economista y socio de la firma Research for Traders, Gustavo Neffa. “Y eso que no se trasladó completamente a los precios porque si no hubiese sido mucho mayor (la inflación)”, agrega.

De acuerdo con Kornblum, la devaluación tiene su raíz en varios factores: “Un gran nivel de endeudamiento, con su consecuente incapacidad de pago, una apertura comercial indiscriminada que provocó un fuerte desbalance entre exportaciones estancadas e importaciones crecientes, un escenario internacional adverso con tasas de interés en ascenso y una guerra comercial/financiera que provocó temor en los inversionistas globales”.

Para Neffa, Argentina había atrasado su tipo de cambio para justamente disminuir la inflación, amortiguarla. Es decir, se contuvo la subida del dólar en el pasado como estrategia para que no subieran los precios.

“Eso se corrigió y produjo inflación, que venía retrasada no solo por el tipo de cambio sino también por la absorción de las Letras del Banco Central (títulos de deuda). Esa inflación reprimida fue una de las causas por las cuales se está incrementando este año a valores que no se veían hace muchos años”, relata.

La devaluación y el consecuente aumento de precios

“Gran parte del aparato productivo (industrial sobre todo, pero también agrícola y de servicios), así como los bienes de consumo masivo, conllevan insumos importados”, señala Kornblum. Esos insumos importados se pagan en dólares y eso se traduce en un traslado automático a los precios.

En un contexto en donde no hay control de precios, hay una liberalización de las tarifas y una desregulación de muchos mercados que venían controlados, parece lógico que la pérdida de valor de la moneda derive en inflación.

La compra de material extranjero para producir impacta inexorablemente en toda la cadena de valor. Algo similar ocurre con las materias primas estratégicas como el petróleo, ya que su frecuente incremento de precio, siguiendo el valor internacional, ha afectado en toda la economía argentina.

En este sentido, Neffa sostiene que “entre los aumentos de tarifas de gas, luz, transporte y agua, está gran parte de la explicación del por qué el índice de inflación estaría convergiendo a un valor del 48%”.

Además, “la devaluación encontró más activos a los exportadores, ya que reconocen una rentabilidad más atractiva en el extranjero. Esto ha provocado como consecuencia indirecta una presión alcista de los precios del mercado doméstico”, añade Kornblum.

Pronósticos para el 2019

El Banco Central implementó una política monetaria de emisión cero hasta junio del año próximo y una política cambiaria con bandas de flotación, en la cual el dólar no debería superar determinado techo y, si lo superara, podría intervenir vendiendo hasta USD 150 millones diarios.

“No es mucho, pero por lo menos nos indica una intervención. Eso también produce una escalada en la lucha contra la inflación que veremos recién en el primer semestre del año que viene. Este año vino con mucho arrastre de lo que fue la devaluación y posiblemente en el primer semestre del año que viene veamos los beneficios de estas políticas implementadas”, asevera Neffa.

El acuerdo con el FMI por USD 57 mil millones y el apoyo de China han generado cierta moderación de la devaluación y por ende de los incrementos de precios.

“Evidentemente, las dos grandes potencias económicas mundiales, bajo una impronta geopolítica vigorosa, han ayudado a la Argentina a que el proceso inflacionario no sea aún más grave de lo que fue en el año que está por concluir”, manifiesta Kornblum.

“Finalmente, habrá que estar atentos a la tradicional puja distributiva y la necesidad de mantener el salario real sin perder poder adquisitivo. La relación de los trabajadores con sus pares de otros rubros, o la incapacidad de compra por parte de vastos sectores de la población, van a seguir generando tensiones sociales y, como mínimo, inevitables reaperturas de paritarias”, concluye el académico.

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