Cultura

"Trump se apropia de la exageración política para obtener popularidad inmediata": Mark Thompson

El director ejecutivo del New York Times, presentó su libro 'Sin palabras. ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política?' en el marco del Hay Festival que se realizó en Cartagena, Colombia.

Santiago Serna Duque   | 04.02.2019
"Trump se apropia de la exageración política para obtener popularidad inmediata": Mark Thompson Presidente del The New York Times, Mark Thompson. (Foto - Hay Festival).

CARTAGENA, Colombia

Por: Santiago Serna Duque

El director ejecutivo del New York Times, Mark Thompson, habló con la Agencia Anadolu sobre la extraña relación que ha tenido su periódico con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en dos años de mandato. 

El británico, quien llevó al ‘Times’ a superar la cifra de los cuatro millones de suscriptores en el último trimestre de 2018, se refirió a la efectividad que han tenido las frases del mandatario en la agenda política. Thompson expresó su preocupación por la difusión de noticias a través de redes sociales, las cuales, según dijo, a veces pueden distorsionar los hechos. 

El escritor francés Paul Valéry en 1935 aseguró que la radio le sirvió a Hitler y Mussolini para llevar su mensaje de manera eficaz y desfiguraban la visión del mundo. ¿Trump ha hecho de las nuevas tecnologías, con Twitter como punta de lanza, algo similar?

Hay algún tipo de similitud, pero honestamente no creo que Donald Trump sea realmente comparable con esos dos tipos.

Trump se apropió de frases simples que le son muy efectivas sobre diferentes temas como la seguridad o el nacionalismo; expresiones como “pongamos a América primero”. Políticos como él saben de la efectividad de las frases intensas y muy comprimidas.

En este contexto, yo realmente no creo que él tenga una agenda política con un determinado fin. Tampoco creo que tenga una ideología. Lo que sí es cierto es que sabe usar los últimos avances en comunicación y, en particular, las redes sociales para transmitir su mensaje. Algo que hace muy eficazmente.

A veces me pregunto si las acciones de su Gobierno son la réplica de lo que hacía en sus años como presentador del reality ‘El Aprendiz’. Lo digo porque en ese programa lograba mantener el interés del público general semana tras semana por medio de nuevas historias, de nuevas rencillas entre los diferentes miembros del reparto.

¿Cómo lidia el NYT con Donald Trump, un personaje experto en tergiversar las conversaciones periodísticas?

Lo primero que hacemos con Trump es que lo entrevistamos “on the record” para que el público tenga conocimiento absoluto de lo que pasó en la charla con él. 

En segundo lugar, cuando nos critica, si dice algo sobre el ‘Times’ que está mal, que es incorrecto, como cuando afirmó que la base de suscripciones del periódico había colapsado, lo cual no fue cierto, sencillamente lo corregiremos públicamente y explicamos por qué está diciendo algo incorrecto. 

Por este tipo de cosas es que a Trump no le gusta todo lo que decimos de él y está en todo su derecho. Como todos los demás ciudadanos de EEUU disfruta de la libertad de expresión y, en ese sentido, puede decir lo que quiere.

Usted sostiene que el lenguaje tiene el poder de persuadir para imponer discursos antidemocráticos. ¿Cree que las redes sociales permiten el auge de este tipo de discursos?

No creo que las principales plataformas de redes sociales más conocidas, como Facebook y Twitter, hayan sido creadas deliberadamente para divulgar esos mensajes. Honestamente opino que los fundadores de dichas plataformas las veían como algo de uso ordinario con lo que las personas comunes se comunicaban.

Después, el modo en el que fueron aprovechadas como un medio de manipulación política produjo un shock en sus creadores y en los consumidores de las mismas. Para ser honesto, creo que hubo algo de ingenuidad allí.

Pensar que reunir a muchas personas en torno a algo siempre es bueno, terminó siendo una suposición bastante inocente. A veces las personas se congregan con un mal objetivo, con el deseo de planear algo destructivo. 

En dos años de gobierno, ¿Donald Trump ha hecho algo bueno?

Sí, la economía del país está increíblemente fuerte y la mayoría de los políticos son juzgados primero, y principalmente, por la administración del dinero. Además, la tasa de empleo en Estados Unidos es muy alta. Para ser justo, creo que eso se debe sopesar en la balanza.

Por supuesto hay mucha gente que discute el impacto que a largo plazo tendrán sus métodos de juego, pero en lo que al corto plazo se refiere parece que Trump logró un crecimiento continúo de la economía de los Estados Unidos. Algo que, visto desde una perspectiva objetiva, puede catalogarse como: "una historia de éxito para la administración Trump".

¿Y qué ha hecho mal? 

Trump tiene una política exterior que puede lucir algo aleatoria y muy instintiva; usted sabe, él es muy precipitado. A nivel nacional se centra, en gran medida, en cuestiones como la inmigración en los Estados Unidos. 

Pretende transformar lo que está sucediendo en la frontera sur del país en una emergencia nacional. No creo que nadie que realmente sepa del tema lo pueda catalogar con semejante calificativo. 

Muchos de nuestros reporteros en el ‘Times’ han visitado la frontera y de manera casi unánime concluyen que lo que ocurre allí no tiene nada que ver con una emergencia nacional. Por lo tanto, Trump se está apropiando de la exageración política para obtener popularidad inmediata.

¿Y ni con esa exageración y distorsión de la realidad obtendrá el apoyo del Congreso para elevar el muro de unos 2.100 kilómetros?

Quién sabe, es complicado. En todo esto hay que recordar que un tercio de la frontera cuenta con un muro físico con secciones largas de cercas. Agregado a eso, hay todo tipo de medidas de seguridad en la línea fronteriza.

Entonces, ¿destinará el Congreso parte del dinero de la nación para la seguridad de la frontera? Probablemente sí. ¿Avalará el Legislativo, con el dinero del Estado, la construcción de una pared de concreto que irá de océano a océano? La verdad no creo.

La semana pasada corrió la imagen de un grupo de estudiantes blancos que rechazaban y se burlaban de un veterano de guerra indio en EEUU. ¿Qué opina de ese tipo de acciones tan repetidas en los medios? 

Yo creo que uno de los argumentos para que el periodismo sea bueno, honesto e independiente tiene que ver con que los medios le ofrezcan a la gente un contexto claro de lo que ocurre.

A las personas se les está haciendo más difícil distinguir entre una noticia falsa y una verdadera. Hay que ser cuidadoso en la elección del material noticioso que se consume, porque esto simplemente puede reafirmar nuestros prejuicios. 

Hace poco en Alemania estalló el escándalo del periodista Claas Relotius, quien escribió varios reportajes falsos para la revista Der Spiegel. ¿Ustedes, con su afamado 'fact-checking', son inmunes a estas cosas? 

No, y basta con recordar el caso de Jayson Thomas Blair quien plagió e inventó varias historias para el ‘Times’. Estos casos son muy difíciles de identificar porque a menudo cuando un reportero hace una entrevista debe apagar y prender la grabadora a pedido de la fuente. Para darle ritmo y coherencia a la historia es posible que se distorsione la información, o incluso, que sea inventada. 

Independiente de que en el área de ‘fact-checking’ se estén verificando todos los hechos externos sobre un trabajo periodístico, si la manera en la que se reunieron los diferentes elementos de la historia se hizo de forma deshonesta, siempre habrá problemas. Mis colegas en las salas de redacción tienen que estar siempre vigilantes.

¿Hasta cuándo vivirá el ‘Times’ en papel?

No por muchos años. Por lo menos de 10 a 15 años, tal vez un poco más, quizás dos décadas.

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