
Un final a la crisis del Golfo parecía inminente con la visita de la semana pasada del emir de Kuwait, Sabah Al-Ahmad Al-Sabah, a Washington, y después de su reunión con el Presidente Donald Trump.
Dicho encuentro apenas se había terminado cuando Trump llamó al jeque de Catar, Tamim bin Hamad, al príncipe de Arabia Saudita, Muhammad bin Salman, y al príncipe de Emiratos Árabes Unidos, Muhammad bin Zayed, alentándolos a llegar a un acuerdo y ofreciéndoles recibirlos en Nueva York, o en Washington, para celebrar su reconciliación.
Así el jeque Tamim de Catar habló con el príncipe saudí Salman, en una llamada telefónica que fue aclamada como un gran avance para poner fin a la fisura.
Los medios de comunicación de Catar informaron que Tamim había iniciado la llamada, gracias a un "esfuerzo de coordinación" de Trump. También anunciaron que el líder saudí sugirió que ambos países escogieran dos comitivas que trabajaran en conjunto y discutieran cómo resolver las diferencias.
Pero el optimismo duró poco. Horas después de la llamada, los medios citaron fuentes de Riad que decían que la comunicación entre los dos países se había suspendido de nuevo, debido a que Catar y sus medios habían engañado intencionalmente al público, diciendo que Trump fue el que coordinó la llamada.
Al día siguiente la respuesta ante las acusaciones saudíes no vino de Doha, sino de Washington, donde funcionarios sin identificar de la administración dijeron a los principales medios de comunicación de Estados Unidos que los reportes de los medios de Catar eran exactos y que, de hecho, Trump coordinó la llamada.
Sin embargo los saudíes dieron un paso atrás y cambiaron su narrativa, esta vez acusando a los cataríes de “cambiar los hechos” con respecto a la conversación telefónica.
Además los saudíes expresaron su consternación por que los cataríes hicieron ver que fue el líder de los saudíes quien sugirió el encuentro de las comitivas para terminar el conflicto.
Tal vez los saudíes cuestionaron tal declaración porque podía hacer ver a Riad como el que buscaba la reconciliación, lo cual no era el caso, ya que debía ser Catar quien pidiera el fin del conflicto.
Los medios estadounidenses no solo hablaron acerca el engaño saudí sobre “el esfuerzo de coordinación de Trump”, sino que también acusaron a la prensa de ese país de engañar a su público al emitir una declaración de Daesh anunciando que el grupo terrorista apoyaba a Catar en su enfrentamiento contra Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Egipto.
Es conocido por la opinión pública que Daesh nunca hizo esa declaración y que el comunicado que emitieron los medio saudíes era falso.
En menos de 24 horas lo que se veía como una promisorio avance en la crisis del Golfo se fue abajo, y las relaciones entre Catar y Arabia Saudita están peor, especialmente con Riad revitalizando los ataques hacia su vecino a través de los medios de comunicación.
Cuando Al-Sabah de Kuwait se reunió con Trump, el presidente de EEUU le dijo que él estaba dispuesto a hacer lo que fuera para ayudar a que la crisis se resolviera.
El invitado de Kuwait respondió diciendo que Washington debía mostrarse imparcial en un modo que convenciera a las partes involucradas de que ninguna podía ganarle a sus rivales.
Trump dijo que él estaría feliz de hacerlo, solo si le podían garantizar que ninguna de las partes, incluyendo Catar, financiara el terrorismo.
El emir kuwaití dijo que garantizaría eso de los cataríes, lo que llevó a Trump a prometerle que llamaría personalmente a los líderes del Golfo para poner fin a su pelea.
El plan de EEUU y Kuwait parecía funcionar. El emir de Catar llamó al líder de Arabia Saudita quien hizo que el fracaso de plan -hasta ahora el más alto nivel de mediación- fuera inexplicable.
Parece que cuando Trump llamó a los tres líderes del Golfo, instó al soberano de Catar a llamar a Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
Sin embargo Doha llamó a Riad, pero no a Abu Dabi, un pasó que pudo enfurecer a los Emiratos y los incitó a pedir a los saudíes que desecharan todo el esfuerzo de la mediación.
Asimismo Trump no incluyó en primer lugar a los soberanos de Bahréin y Egipto en su esfuerzo de mediación.
Ya sea que lo de hablar con Arabia Saudita y no con Emiratos Árabes fuera una coincidencia o un plan, Catar podría haber dividido el frente, boicoteándolo para dejar a un lado a los saudíes.
Por otra parte los detractores de Catar pudieron haber notado los planes de Doha para parecer agradable solamente con los saudíes, pero no con los otros tres saboteadores, y por lo tanto, después de que los saudíes aceptaron la mediación, la abandonaron y enviaron todo el proceso de vuelta a su comienzo.
Aunque para los saudíes dar la vuelta frente a la reconciliación con Catar parecía algo bien hecho, para Riad en realidad, significó un golpe político.
Ahora que Trump llamó a los tres líderes del Golfo, incluyendo al príncipe catarí, terminó su parcialidad con Catar y se puso en una posición equidistante. Esto significa que el frente saudí-emiratí contra Catar ha perdido al único aliado anti-Catar que tenía dentro de Washington, puesto que el establecimiento americano había - desde el primer día de la crisis - insistido en la neutralidad de América.
Arabia Saudita también perdió puntos con la Casa Blanca. Puede que Trump no sea un gran amigo político, pero él devuelve los favores y recuerda las promesas rotas. Al aceptar la ruptura con Catar, luego de renunciar al acuerdo, Riad rompió su promesa a Trump.
La imagen de Arabia Saudita también golpeó al público estadounidense, que ahora lee en los medios de comunicación estadounidenses que los saudíes engañaron a su audiencia, difundiendo afirmaciones falsas, ya sea sobre la coordinación y la mediación de Trump o el falso anunció de Daesh de apoyar a Catar.
En el momento en que todo estaba dicho y hecho, las dos partes de la crisis del Golfo se habían retirado a donde estaban antes de la visita kuwaití a Washington. Pero esta vez Doha ha neutralizado a Trump y se muestra dispuesta a poner fin a la crisis del Golfo, mientras que Riad parece fragmentada y tratando de justificar su prolongación de la crisis citando excusas ambiguas.
Un avance en la mediación de la crisis del Golfo fracasó poco después de haber tenido lugar. Catar mejoró su posición unos pocos centímetros; Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos perdieron unos cuantos metros, mientras que la crisis vivió para ver otro día.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.