Turquía, Análisis

UE debe mejorar sus relaciones con Turquía por el bien de su propio futuro

La Unión Europea sigue viendo a Turquía a través de modelos antiguos, a pesar de la expansión geopolítica que ha adquirido el país y su poder económico.

Gözde Bayar   | 05.02.2020
UE debe mejorar sus relaciones con Turquía por el bien de su propio futuro La UE prometió EUR 6 mil millones (USD 7.44O mil millones) en fondos para los refugiados, y prometió dar una segunda ayuda de EUR 3.000 millones (USD 3.720 mil millones) para finales de 2018. (Özüm Yalkın - Agencia Anadolu)

ESTAMBUL

ESTAMBUL

Turquía y Europa han sido vecinos durante siglos, comparten la misma geografía. Turquía prefirió políticamente a Occidente en el ámbito internacional y se convirtió en miembro de todas las organizaciones internacionales occidentales. Es miembro de importantes organizaciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Consejo de Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

En 1963, Turquía firmó un acuerdo sobre la creación de una asociación con la Comunidad Económica Europea, antes de que se convirtiera en la Unión Europea. El país después solicitó una membresía completa a la comunidad en 1987, firmó el acuerdo de la Unión Aduanera en 1996 en su camino hacia la adhesión a la UE y el 3 de octubre de 2005 empezaron las negociaciones para la membresía.

Desde entonces, la UE ha malinterpretado las medidas de Turquía haca la occidentalización y las negociaciones quedaron “estructuralmente asimétricas”, mientras el bloque asume que el deseo de adhesión de Turquía es “indispensable”, e intenta obtener continuamente concesiones del país, poniendo por delante los problemas políticos y económicos de Turquía.

Para dar un ejemplo concreto, desde que Turquía aplicó a la membresía completa en 1987, todos los reportes del Consejo de Europa establecieron un “vínculo orgánico” entre el proceso de adhesión y el tema de Chipre. Aunque se sabe que es un tópico sensible para Turquía, el país fue retratado como el actor más responsable por el bloqueo en Chipre. Después se pidió a Turquía contribuir al proceso y reconocer la administración grecochipriota del sur de Chipre.

El proceso de adhesión de Turquía ha estado lleno de dobles estándares y paradojas en contra del país.

Turquía es la única nación que ha firmado el acuerdo de la Unión Aduanera sin ser miembro de la UE. Según el acuerdo, a pesar de que no hace parte de los mecanismos de toma de decisiones, Turquía tuvo que adherirse por los acuerdos de comercio exterior, políticas económicas y pactos de aranceles del bloque.

Además, Turquía eliminó los impuestos de todos los productos provenientes de Europa, mientras que los sectores en los que Turquía tiene una ventaja relativa, como el agrícola y los textiles, fueron excluidos del acuerdo de la Unión Aduanera.

Así mismo, a Turquía la han privado de sus derechos, incluidos los financieros y los de libertad de movimiento de los trabajadores, aunque estos derechos fueron incluidos en el protocolo adicional en 1973 y entró en vigor con el pacto de la Unión Aduanera.

La Negociación del Acuerdo Marco, firmada en 2005, fue un documento esencial del proceso de negociación y determinó los principios, procedimientos y capítulos de las negociaciones de adhesión.

El texto contiene expresiones específicas, no mencionadas para otros países que hayan aplicado previamente. Estas expresiones sugieren que las negociaciones podrían ser suspendidas unilateralmente por la UE en cualquier momento, con un proceso de negociación abierto y sin garantizar la membresía completa.

El artículo más sorpresivo que demuestra los dobles estándares menciona que, incluso si Turquía se convierte en un miembro de la UE, el país tendría limitaciones de libre movimiento y políticas estructurales y agrícolas durante cierto periodo.

Si se compara el proceso de adhesión con una maratón, sin importar si Turquía corre mejor, los árbitros de la UE seguirán moviendo la línea de meta, con el objetivo de que la carrera nunca termine.

Actualmente, el mayor problema en las relaciones entre Turquía y la Unión Europea es que el bloque literalmente se hace “a un lado” después de que la administración grecochipriota del sur de Chipre se unió a la UE. La administración del sur de Chipre y Grecia manipularon las políticas europeas.

Turquía y la República Turca del Norte de Chipre fueron puestos a un lado por ser “otros” a los ojos de la UE. Por lo tanto, las políticas expansionistas de Grecia y los grecochipriotas hicieron que las demandas legítimas de Turquía basadas en acuerdos internacionales fueran ignoradas. Turquía fue condenada por sus actividades de hidrocarburos en la región e incluso se enfrentó a sanciones de la UE con efectos limitados.

Cuando se ve al otro lado de la moneda, Turquía es un país importante y estratégico en muchos sentidos. Es el único país musulmán y democrático que sostiene un proceso de adhesión con la UE. Se ha convertido en la potencia regional más importante gracias a su vasta historia, estructura cultural, innegable poder militar y actividades de expansión diplomáticas.

Turquía también es un puente entre Europa y Asia, y un corredor energético ubicado en las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo y rutas de transición.

La UE intenta ver a Turquía a través de modelos antiguos, a pesar de la expansión geopolítica que ha adquirido el país y su poder económico. Esto resulta ser un problema más para la Unión Europea que para Turquía.

Las relaciones con Turquía también determinarán el papel de la UE en las políticas regionales, particularmente cuando existe una necesidad de respeto entre aquellos que son considerados como “diferentes”. Los desarrollos en el Mediterráneo y en Oriente Medio han demostrado una vez más la certeza de esta afirmación.

Sin Turquía, la UE no podría ser exitosa en la resolución de problemas regionales como el de la migración ilegal, el terrorismo internacional, problemas culturales, ambientales y de identidad, al igual que el desempleo y el creciente racismo.

Para garantizar su seguridad, la UE otorga importancia a dos temas en especial: los migrantes y la transferencia de energía. Incluso un pequeño número de migrantes sirios ha afectado de manera directa los resultados de las elecciones en Europa.

La clave para el problema migratorio está en manos de Turquía. Al albergar a más de cinco millones de refugiados bajo procedimientos legales, si Turquía permitiera la migración irregular a Europa, es obvio que el continente se vería en caos.

El tema de la seguridad es otro aspecto que muestra que la UE necesita a Turquía. No podría ser posible para el bloque, que ni siquiera cuenta con un ejército regular, crear una potencia militar en el futuro con un impacto en la región.

En este sentido, es cierto que la defensa de la UE estará bajo las iniciativas de la OTAN y Estados Unidos en un futuro cercano. La situación se ha vuelto más pesimista luego de que Reino Unido, el poder militar más grande del bloque, decidió abandonar la UE y con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que intenta ejercer el poder sobre la unión por medio de la implementación de políticas de “Estados Unidos primero”.

Bajo estas circunstancias, con las oportunidades limitadas, las capacidades y debates sin fin sobre el presupuesto militar y la soberanía, parece muy difícil que el bloque pueda jugar un papel efectivo en las políticas regionales, por no mencionar las internacionales.

Todos estos problemas se basan en la lucha por las fuentes de hidrocarburos en el Mediterráneo Oriental. Sin duda, las líneas de energía más económicas y seguras llegarán a Europa pasando por Turquía.

La estabilidad económica y política de Turquía, que fortalece su papel como un corredor energético en la región, especialmente con los proyectos del Turk Stream y el Gasoducto Transanatoliano, tienen una importancia vital para Europa.

A pesar de esta clara situación, resulta contradictorio que, con la manipulación de los grecochipriotas y los griegos, la UE intente negar los derechos internacionales de Turquía en el Mediterráneo Oriental y que proteja esta postura.

La cooperación entre la UE y Turquía también impulsaría las actividades regionales de la UE.

En conclusión, Turquía es un país muy importante al que la UE no puede ignorar en los campos político, militar, económico, geoestratégico y de energía. La postura sesgada de la UE, manipulada por los grecochipriotas y los griegos, significa que la unión se está lastimando a sí misma.

La relación de la UE con Turquía determinará su papel futuro en la política internacional, incluso más en la era post brexit.

*El escritor es un académico en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad del Cercano Oriente en la República Turca del Norte de Chipre.

**Las opiniones expresadas en el artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Traducido por Daniela Mendoza.

El sitio web de la Agencia Anadolu contiene sólo una parte de las historias de noticias ofrecidas a los suscriptores en el Sistema de Difusión de AA News (HAS), y en forma resumida.
Temas relacionados
Bu haberi paylaşın