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Los debates que abrió el bloqueo de Twitter al expresidente Donald Trump

Más allá de si la medida tuvo aceptación o no, Twitter sentó un precedente que evidenció el peligroso poder de las redes sociales.

Santiago Peña Aranza   | 18.02.2021
Los debates que abrió el bloqueo de Twitter al expresidente Donald Trump El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Agencia Anadolu)

BOGOTÁ, Colombia

Por: Santiago Peña Aranza*

El pasado 8 de enero, la red social Twitter suspendió permanentemente la cuenta del entonces presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, argumentando el “riesgo de una mayor incitación a la violencia” después de los ya conocidos hechos del 6 de enero en el Capitolio.

Facebook, por su parte, suspendió la cuenta de Trump mientras se daba la transición de poder en el país.

En una de las reacciones, el mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador calificó dichas medidas como “arrogantes” y pidió “canales de comunicación alternativos a las redes sociales”. En ese momento, aunque también red social, parecía surgir Parler como una opción, pero Google la vetó y Apple le impuso condiciones.

¿Fue un complot de unas empresas transnacionales que le hicieron un cerco al presidente del país más poderoso del mundo? ¿Por qué se dejaron circular sus comentarios, incluso desde la campaña presidencial de 2016? 

Trump no es una víctima, pero…

Shannon McGregor, del Departamento de Periodismo y Medios de la Universidad de Carolina del Norte, afirmó que la compañía solamente buscaba “ganarse el favor de la administración entrante del presidente electo de EEUU, Joe Biden”.

De otro lado, el fundador de Twitter, Jack Dorsey, conocido antitrumpista, ya le había prohibido anuncios políticos en Twitter en 2019, o sea, antes de la campaña política para las elecciones.

Dorsey también bloqueó las noticias del periódico New York Post sobre el trabajo en Ucrania de Hunter Biden, el hijo del ahora presidente. Posteriormente admitió que había estado mal hacerlo.

Según José Luis Torremocha, Máster en Análisis Político de la Universidad Complutense de Madrid, “es importante decir que no fueron solo las redes sociales, sino también los medios de comunicación, los grandes monstruos, los que vetaron al presidente Trump porque estaba mintiendo”.

De hecho, Torremocha argumenta que “tanto Twitter como Facebook impulsaron a Trump y le retiraron el ‘beneficio’ de poder verter fake news, que fue su gasolina desde la primera campaña, cuando hicieron el cálculo y vieron que les venía bien que saliera de la Casa Blanca”.

“Pero esto no quiere decir que Trump sea una víctima y no haya difundido bulos constantemente”, explica, refiriéndose a las noticias falsas.

Biden ganó, pero los debates continúan

Para Raúl Alberto Acosta, doctor en comunicación y docente en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, “el debate más importante es el de la responsabilidad social de las redes sociales”.

Según él, “es inapelable que se pongan prohibiciones a lo que se publique”. Es decir, “si un presidente está diciendo mentiras explícitamente, hay que frenar esas prácticas comunes. Si no se hace, estaremos encadenados al azote de la 'postverdad'”.

Para Shameel Thahir, politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, “lo más peligroso es el enorme poder que han acumulado estas corporaciones transnacionales y los datos de miles de millones de personas que manejan”.

Además, argumenta que estas redes sociales se hicieron aún más fuertes en los últimos años, donde las mentiras de Donald Trump ya eran frecuentes. De hecho, Thahir recuerda que antes de llegar al poder, en su primera campaña, ya lo eran, entonces cuestiona que “si realmente el problema era que estaba violando las normativas de esas corporaciones, ¿por qué no lo bloquearon antes?”.

Si las redes sociales tienen, o deben tener, una responsabilidad social, pero por otro lado son enormes poderes transnacionales capaces de censurar hasta al presidente de los Estados Unidos, entonces ¿deben ser neutrales? Y si la respuesta es afirmativa, ¿cómo garantizar esa neutralidad?

Objetividad, neutralidad y transparencia

El profesor Acosta afirma que las redes sociales deben ser neutrales, “entendiendo neutralidad con el concepto de objetividad y difusión de la verdad”.

Además, explica, “deben ser neutrales teniendo en cuenta que están visibilizando información sobre diversos temas de la vida social y que, con esa información, las audiencias se están formando su idea de la realidad social”.

Por otro lado, Thahir no ve muy realista el esperar neutralidad de las redes sociales.

“Me gustaría que las redes sociales fueran neutrales, pero lo veo imposible. Tal vez lo ideal es que sean transparentes: ‘Ustedes hacen negocios con mis datos, yo quiero saber para qué los usan’”.

Thahir además resalta un precedente importante: “Es la primera vez en la historia que frente a una figura de poder político tan grande, como el presidente de los EEUU, corporaciones privadas toman decisiones que afectan la esfera de la discusión pública".

Y esas decisiones no se toman a la ligera, ni de manera objetiva, señala el politólogo.

“Esas decisiones no se toman de manera objetiva, porque al final se tiene la ilusión de que, detrás de los algoritmos, hay cuestiones matemáticas y objetivas, pero simplemente hay personas”. Y con el tema de los algoritmos se pueden visibilizar u ocultar publicaciones sin necesidad de bloquear cuentas.

En otra perspectiva, Torremocha afirma que “las redes sociales deben combatir las fake news y en ese sentido jamás deben ser neutrales”.

“La libertad de expresión es un derecho fundamental en democracia, pero no se puede consentir que en una red social haya amenazas de muerte. Si eso se entiende como neutralidad, entonces absolutamente no”, explica.

El profesor Acosta reconoce la dificultad en la existencia de esa neutralidad, ya que plantea la necesidad de una responsabilidad con la información regulada mediante normas.

“Las redes sociales deben ser responsables de la información que se está publicando, y en tal sentido deben tener unas normas para no desinformar, y ser de alguna manera ‘guardianes de la verdad’, pues son empresas que se lucran y deben tener una responsabilidad social. Ayudar a que seamos ciudadanos en el sentido estricto del término”.

¿Quién vigila a los vigilantes?

Si bien es necesario que haya una objetividad, o cuando menos una transparencia y una responsabilidad social, regulada mediante normas que son tramitadas por políticos en los respectivos cuerpos legislativos de los Estados, ¿cómo garantizar que los marcos jurídicos reguladores y los mecanismos de control no estén contaminados de intereses políticos?

De hecho, esta misma reflexión aplica para los medios de comunicación, que según el profesor Raúl Acosta “ya crean realidades inexistentes con su falta de rigor”.

¿Sería legítimo entonces que las redes sociales, en el marco de su responsabilidad social, bloquearan las cuentas de los medios que falten a la verdad o la digan a medias?

Aquí el debate ya se pone delicado, porque ¿quién determina cuándo se falta a la verdad en los momentos donde no es tan claro?

Lo que sí es claro, como explica Torremocha, es que “el debate sobre las fake news no se va a cerrar y la actuación de Facebook y Twitter, a la hora de filtrar y de supervisar, va a ser más cuestionada y va a tener más ojos encima”.

“Y también es posible que surjan otras redes donde se viertan este tipo de bulos o apologías al terrorismo de ultraderecha o del negacionismo, que es algo que ya está pasando en sistemas de mensajería como Whatsapp o Telegram”, añade.

Ahora bien, como explicaba Shameel Thahir, “una cosa es haber bloqueado a Donald Trump y otra las consecuencias políticas de esta censura”. Y muy pocas personas cuestionaron la decisión desde esta última perspectiva.

Ver también: El mundo cuestiona la neutralidad de Twitter tras el bloqueo permanente a la cuenta de Donald Trump

Entonces, “si las corporaciones dueñas de las redes sociales van a tomar decisiones editoriales que son posiciones políticas, como censurar al presidente de los Estados Unidos, yo quiero que me digan que están tomando una decisión política. Esta transparencia sería lo máximo a lo que podríamos aspirar en el marco capitalista”, añade Thahir.

Lo ideal sería esperar la misma transparencia de los medios de comunicación, que también hacen parte de poderosos conglomerados económicos, pero esa es otra ilusión.

Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*El autor es politólogo de la Universidad Nacional de Colombia con máster en Teoría y Crítica de la Cultura de la Universidad Carlos III de Madrid.

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