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La postura de Alemania en la crisis del Mediterráneo Oriental

Está claro que Alemania no va a adoptar una postura que rechace las teorías de Turquía en el Mediterráneo Oriental, máxime aun frente a las exigencias maximalistas e irracionales de Grecia en el mar Egeo y el Mediterráneo.

Dr. Tacettin Kutay   | 23.09.2020
La postura de Alemania en la crisis del Mediterráneo Oriental MAR MEDITERRÁNEO - AGOSTO 10: El buque de investigación turco "Oruc Reis" con buques auxiliares y unidades de la Armada turca, es visto en las costas del Mediterráneo Oriental el 10 de agosto, 2020. (Ministerio de Defensa de Turquía - Handout - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

Por: Tacettin Kutay

Los pasados mil años de la historia europea han sido testigos de la rivalidad entre los germanos y los francos y su lucha por ser los herederos del Imperio Romano. Tras la Segunda Guerra Mundial, el centro gravitatorio de Occidente se pasó al otro lado del Atlántico y el liderazgo de crear una conciencia europea conjunta en forma de unión recayó sobre Alemania y Francia. Esto podía ser posible siempre y cuando ambos dejasen de lado su rivalidad y el anhelo de convertirse en gran potencia.

No obstante, ambas naciones siguieron programas económicos totalmente diferentes. Mientras Alemania se recuperaba de las secuelas de la guerra gracias a su programa industrial, Francia fue incapaz de deshacerse de sus viejas costumbres y prefirió seguir dependiendo de las riquezas que le llegaban de sus antiguas colonias. Al final, Alemania se hizo con las riendas de la Unión Europea (UE) a pesar de ser la perdedora y Francia la ganadora de la guerra.

Frente a una Francia que trabajaba por sus intereses se encontraba una Alemania que velaba por los intereses de la Unión y de sus miembros. Por una parte Francia priorizaba su propio potencial y por otra proponía a Alemania como la fuerza que debía cargar con el peso de la UE. En este sentido, la política francesa nunca ha dejado de culpar a Alemania de cualquier problema dentro de la Unión.

Hasta la llegada del euro el statu quo entre ambos países se mantuvo estable, pero luego del pasó a la moneda única, el equilibrio empezó a cambiar a favor de Alemania, hasta que la tensión entre esta y Francia llegó a su cúspide en 2013, durante la crisis económica de Grecia y el esfuerzo de la UE por salvarla. Francia acusaba a Alemania de aprovecharse de la situación para tomar el control absoluto de Grecia y de la mismísima UE. Sin embargo, la política de Alemania era realista y pragmática: si la carga está sobre mis hombros y esperan de mí una solución, entonces ¡Yo estoy al timón!

Francia cree que tras la retirada de la canciller alemana, Ángela Merkel, del escenario político, Alemania perderá su hegemonía sobre la UE, y se prepara para llenar ese vacío, arrastrando hacia sí a los países bajo influencia de Alemania. El rechazo hacia esta, surgido a raíz del rescate económico y todo el sacrificio que supuso, se ha convertido en la herida a explotar por Francia para acercase a los griegos tan descontentos.

Francia ha tenido la mala suerte de toparse con Turquía en este intento suyo de volver a ganar la influencia que antaño tuvo, especialmente en la región del Mediterráneo Oriental. En este sentido, Francia no ha tenido más remedio que movilizar a Grecia en esta región y a Armenia, en contra de Azerbaiyán, en el Cáucaso, con el objetivo de abrir dos frentes en contra de Turquía y retomar la iniciativa.

Sin embargo, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, carece de dos características esenciales para llevar a cabo semejante estrategia con éxito: apoyo popular y un Ejército capaz. Ni Francia ni Grecia poseen la fuerza suficiente como para medirse con Turquía en el Mediterráneo Oriental. Macron ha debido darse cuenta de esta realidad y por eso ha decidido suavizar su discurso y retórica hacia Turquía.

En cuanto a la postura de Alemania, ha quedado claro que esta no tiene la menor intención de mojarse en el asunto a pesar de ser ella la que debería entrar en el juego para convencer a Turquía. A Alemania no le interesa que Francia salga ganadora de una crisis con Turquía, ya que en este caso Francia destacaría frente a Alemania en el escenario europeo. Es por esto que el retroceso de Macron ante el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y el haber desistido de la postura halcón que mantuvo desde el principio de la crisis ha agradado a Alemania tanto como a Turquía.

Esta situación ha demostrado, una vez más, por qué Alemania no va a renunciar a sus relaciones con Turquía a pesar de toda la tensión vivida hasta el momento. Turquía es la única fuerza que puede frenar a Francia en el norte de África y Oriente Medio. Alemania sigue molesta por la actitud desobediente de Grecia ante sus repetidos llamados y su posicionamiento al lado de Francia, a pesar de que parezca que apoya a Grecia frente a Turquía en la crisis del Mediterráneo Oriental. Por el contrario Turquía ha decidido colaborar diplomáticamente con Berlín tanto en el Mediterráneo Oriental como en Libia.

Está claro que Alemania no va a adoptar una postura que rechace las teorías de Turquía en el Mediterráneo Oriental, máxime aun frente a las exigencias maximalistas e irracionales de Grecia en el mar Egeo y el Mediterráneo. Por su parte, Turquía intentará hacerse con el apoyo diplomático de Alemania frente al pacto entre Francia y Grecia. Alemania solo hace como que ofrece apoyo a Grecia en acorde con su papel como líder de la UE.

*Traducido por Daniel Gallego.

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