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La nueva ruta de la seda, la manera en la que China quiere dominar el comercio mundial

En el 2013 China anunció la construcción de La Nueva Ruta de La Seda, considerada el proyecto de infraestructura más grande de la historia moderna.

Jose Ricardo Baez Gonzalez   | 27.05.2019
La nueva ruta de la seda, la manera en la que China quiere dominar el comercio mundial El presidente de China, Xi Jingping, quien en 2013 anunció el objetivo de crear La Nueva Ruta de La Seda “para forjar vínculos económicos más estrechos, profundizar la cooperación y expandir el desarrollo en la región euroasiática". (Archivo - Agencia Anadolu)

Distrito Especial

Por: José Ricardo Báez G.

La actual disputa entre China y EEUU por los incrementos aduaneros y las sanciones a las compañías tecnológicas Huawei por presuntamente hacer espionaje ha generado una creciente tensión bilateral. Sin embargo, este conflicto es una respuesta a la estrategia comercial china para dominar el comercio mundial.

La primera vez que el presidente Xi Jingping anunció este objetivo fue en 2013, durante un discurso en Kazajistán: “Para forjar vínculos económicos más estrechos, profundizar la cooperación y expandir el desarrollo en la región euroasiática, debemos adoptar un enfoque innovador y construir conjuntamente un «cinturón económico» a lo largo de la Ruta de la Seda. Este será un gran proyecto que beneficiará a las personas de todos los países a lo largo de la ruta".

Más tarde, en 2015, China convocó el Foro Boao para Asia bajo el tema 'El nuevo futuro de Asia: hacia una comunidad con un destino común'. Este “destino común” se alcanzaría a través del "proyecto del siglo" que fue anunciado por el presidente Xi Jingping: la iniciativa se llamaba 'La Franja y la Ruta' (Belt and Road Initiative, BRI, por sus siglas en inglés, o Yidai Yilu en chino), más conocida bajo el nombre de la Nueva Ruta de la Seda.

En su discurso en Kazajistán, Xi Jinping recordó que hace más de 2.100 años, durante la dinastía Han, el enviado imperial Zhang Qian abrió las puertas a las relaciones con los países de Asia Central. De esta ruta ancestral, que se extendía hacia el occidente y conectaba Asia, Europa y África, surge el nombre de este proyecto, el más grande en infraestructura de la historia moderna, que supera en inversión al Plan Marshall, con el que se organizó la reconstrucción de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial. Morgan Stanley, entidad financiera estadounidense, estima que el gasto total del proyecto podría alcanzar los USD 1,3 trillones para 2027.

El proyecto tiene dos ejes: una red terrestre de seis corredores que uniría a China con Pakistán, Afganistán, Turquía, Moscú, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán y Europa, atravesando los países de los Balcanes, hasta llegar a París. El segundo eje es una vía marítima que pretende acercar productos de América Latina, África y Oriente Medio, que sería controlada por China por medio de sus bases militares y puertos comerciales en los océanos Índico y Pacífico.

Ambas rutas estarán conectadas y funcionarán como una sola red de comercio global. La ruta marítima comienza en las ciudades chinas de Quanzhou y Fuzhou, al sureste del país, y se extiende por entre las naciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, cruza el estrecho de Malaca, en la costa occidental de la península malaya y la isla indonesa de Sumatra, y se dirige hacia el occidente por el Océano Índico antes de encontrarse con la Ruta de la Seda terrestre en Venecia, luego de atravesar el Mar Rojo y el Mediterráneo.

El proyecto piloto es un corredor que atraviesa Pakistán, que China se comprometió a financiar con USD 46 mil millones. Se cree, no obstante, que la inversión podría superar los USD 62 mil millones, lo que representa un aumento del 34% del monto inicial. Este corredor pretende conectar la ciudad de Gwadar, en Pakistán, con la región autónoma de Sinkiang, al noroeste de China, por medio de una gigantesca red de autopistas, ferrocarriles, oleoductos y gasoductos.

Y esta es solo una pequeña parte del proyecto: China también quiere hacer una vía ferroviaria que conecte la ciudad de Yiwu con Londres, un gasoducto desde el Mar Caspio y un tren de alta velocidad en el sudeste asiático. En la vía marítima construirán puertos desde el Mar de la China Meridional hasta África, refinerías de petróleo, parques industriales, plantas de energía, minas, redes de fibra óptica y una red digital para facilitar el comercio en línea.

Solo la vía marítima pasaría por 32 países litorales, donde viven unos 4 mil millones de personas, con un PIB combinado de alrededor de USD 16 mil millones. A excepción de India, la mayoría de las naciones más pequeñas han acogido con satisfacción la idea de la Nueva Ruta de la Seda porque perciben la iniciativa como una gran oportunidad. Rusia, Asia Central y muchos de los países de Europa del Este también se han unido al proyecto con agrado.

La idea, en pocas palabras, es establecer una red de comercio para que los países por donde pase esta ruta se acerquen económica, política y culturalmente a China. Por tal razón, la Nueva Ruta de la Seda es parte fundamental de su política exterior y fue integrada a la Constitución del Partido Comunista desde 2017.

En 2010 el crecimiento económico de China superó todas las expectativas de los expertos y llegó al 10,3%. Es el país que ha tenido el más rápido crecimiento económico en el mundo desde la década de 1980, con un promedio de casi 10% en los últimos 38 años. En el 2018, no obstante, tuvo una fuerte desaceleración, con un 6,6%, según datos oficiales del Buró Nacional de Estadísticas del país, la más baja desde los noventa.

Con la Nueva Ruta de la Seda, China tendrá acceso a algunos recursos y mercados globales y, por lo tanto, garantizará oportunidades para el continuo crecimiento de la economía de su país. El propósito final es construir una sociedad moderadamente próspera para el año 2021, cuando el Partido Comunista de China celebrará su centésimo aniversario. Para muchos expertos con este proyecto el país asiático está desafiando la hegemonía de EEUU y reescribiendo las reglas del nuevo orden político y económico global. Por tal razón, algunos países de Occidente, aliados de EEUU, ven la Nueva Ruta de la Seda como un amenaza y la han condenado abiertamente diciendo que es una manera de apropiarse de lugares estratégicos para crear bases militares prestando dinero a países incapaces de pagar los préstamos.

El mayor ejemplo es Sri Lanka, que pidió un préstamo multimillonario a China para construir un puerto estratégico pero, al no poder pagar, se vio obligado a ceder el control de este por 99 años a una compañía china como una manera de alivio de los USD 8 millones que debe. De allí han surgido teorías como la de «El Collar de Perlas», una red de bases militares chinas que rodearía a India.

China alega, en documentos oficiales, que los cinco objetivos de la iniciativa son coordinación política, facilitar la conectividad, comercio ininterrumpido, integración financiera e intercambios entre las personas. Algunos inclusive agregan un sexto objetivo: crear una red interconectada que también denominan la Ruta de la Seda de Internet.

Sin embargo, implementar la Nueva Ruta de la Seda no es tan sencillo como parece. Entre los muchos retos que tiene, Yiwei Wang, del Instituto Chongyang de Estudios Financieros de la Universidad Renmin en Pekín, ha identificado dos que podrían ser trascendentales y perjudiciales para el proyecto. El primero es la inestabilidad política y los conflictos de varios países por donde pasaría, y el segundo, la integración jurídica entre países que tienen un sistema legal de tipo europeo, angloamericano o islámico con el sistema legal socialista de China.

Para varios expertos es muy posible que China en el siglo XXI desempeñe el papel de los países europeos durante los siglos XVIII y XIX, y el de EEUU en el siglo XX, como líder del orden mundial. Esto significa que el país asiático tiene una gran responsabilidad para asumir el impulso de lo que podría ser una transición del orden internacional, pues existe una necesidad urgente de encontrar una nueva potencia que se atreva a asumir desafíos globales como el cambio climático, la degradación ambiental, las amenazas cibernéticas, las debilidades del sistema financiero y la creciente brecha social, mientras desempeña un papel pionero para el beneficio de todos. Sin embargo, lograrlo es difícil, teniendo en cuenta que varios Estados y ONG han denunciado violaciones a los derechos humanos por parte del régimen comunista chino.

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