Análisis

La muerte de Morsi: un cuento de héroes y villanos

El trágico fallecimiento del líder egipcio ha descubierto una compleja red de relaciones y prácticas que apunta a las sombrías realidades de las dictaduras de Oriente Medio, la duplicidad occidental y el fracaso moral.

Dr. Tarek Cherkaoui*   | 02.07.2019
La muerte de Morsi: un cuento de héroes y villanos Un grupo de manifestantes se reunió para expresar su rechazo al gobierno egipcio, ya que considera que se cometieron injusticias contra el expresidente de ese país, Mohamed Morsi, en Viena, Austria, el 20 de junio de 2019. (Aşkın Kıyağan - Agencia Anadolu)

Istanbul

ESTAMBUL

El primer y único presidente elegido democráticamente en Egipto, Mohamed Morsi, murió en un tribunal en El Cairo el 17 de junio de 2019, bajo circunstancias sospechosas. El año pasado, una investigación liderada por abogados y parlamentarios británicos analizaron las condiciones de la detención del señor Morsi y concluyeron que su encarcelamiento constituía “un tratamiento cruel, inhumano y degradante”, advirtiendo que el posible resultado a este trato que estaba recibiendo podría ser su muerte.

Por lo tanto, se justifica por completo preguntarse si acaso esto no se trató de un asesinato fríamente calculado o si fue la negligencia penal la que causó su muerte. El rápido entierro de Morsi solo hace que la desconfianza aumente.

Este episodio terrible hizo que los líderes turcos tomaran otra posición valiente y de principios por la justicia. El presidente Recep Tayyip Erdogan prometió que “de la misma manera que no permitimos que se olvide el asesinato del fallecido Jamal Khashoggi, nunca permitiremos que se olvide la tragedia de Morsi”. De manera similar, la Oficina de Derechos Humanos de la ONU solicitó que se realice una investigación independiente sobre la muerte de Morsi, que atrajo peticiones parecidas de parte de las principales organizaciones de derechos humanos.

El trágico fallecimiento del líder egipcio ha develado una compleja red de relaciones y prácticas, apuntando a las sombrías realidades que viven las dictaduras de Oriente Medio, la duplicidad de Occidente y el fracaso moral.

De hecho, fue asombroso observar cómo los gobiernos occidentales permanecieron en silencio ante la muerte del líder. Reflexionando sobre este punto de vista, la publicación francesa Politis comentó en su edición del 20 de junio: “Con respecto a Morsi, las democracias occidentales más consolidadas, incluida Francia, podrían haber defendido al menos un principio. Se quedaron en silencio. La democracia es definitivamente un concepto con una geometría variable”.

El golpe de Estado planeado por el general Abdel Fattah al-Sisi no solo representa un golpe fatal para las esperanzas de millones de egipcios que defienden un futuro democrático, sino que también destaca la lógica tipo 'trampa 22' (término referente a una paradoja en la que no se puede escapar a una situación debido a las reglas) que sigue prevaleciendo en Oriente Medio.

Por un lado, a las naciones occidentales les gusta dar lecciones sobre los méritos de la democracia y los derechos humanos. Pretenden incorporar factores éticos y morales en el centro de su discurso de política exterior. Después esta pretensión es usada de manera selectiva para proteger a la democracia en espacios extra territoriales, siempre que encaje con los intereses de Occidente.

Por otra parte, estas mismas naciones se alinean con dictadores de Oriente Medio cada vez que éstos deciden aplastar la democracia y lo hacen meramente para lograr avances con sus intereses económicos. Los medios de comunicación tradicionales de Occidente (en su mayoría) han seguido un trayecto similar al de sus gobiernos.

La mayoría de estos medios de comunicación han optado por dos extremos. En el mejor de los casos, cierran sus ojos ante la realidad del terrorismo estatal y los abusos terribles en el mundo árabe. En el peor de los escenarios, realizan un cubrimiento que justifica las exacciones de los dictadores, mientras que lanzan ataques políticos y comentarios contra los opositores de estos regímenes.

Las noticias que cubren la muerte del presidente Morsi siguen un patrón similar. Muchas organizaciones de medios asignaron tiempo de emisión y espacio de impresión marginal a este incidente. La información mínima es en sí misma una declaración. Revela una renuencia a dar testimonio, incluso ante un caso de prueba de este tipo, donde un presidente elegido democráticamente, depuesto por un golpe militar, muere en circunstancias cuestionables después de muchos años de haber sido tratado de manera inhumana y de ser privado de sus derechos legales y humanos básicos.

Uno solo se puede preguntar si estos medios de comunicación habrían reaccionado de la misma manera si el líder de Sudáfrica, Nelson Mandela, hubiera sido sometido al mismo trato que Morsi. Al restarle importancia a este oscuro momento de la historia, los medios no solo pasaron por alto las diversas pruebas de empatía, justicia, derechos humanos y expresiones generales de solidaridad humana, sino que también optaron por hacerse los de la vista gorda ante el sufrimiento de Morsi y las atrocidades cometidas por el régimen de Al-Sisi, convirtiéndose así, a sabiendas o sin saberlo, en cómplice de ellos.

Además de la marginalización, la segunda y más utilizada estrategia de enfoque de noticias fue mezclar la apología de Morsi con una diatriba contra su presidencia y los valores que representaba. En innumerables casos, los principales medios de comunicación occidentales elaboraron narrativas que ni siquiera prestaban atención a cómo un hombre defendía heroicamente a la democracia contra todo pronóstico. Al contrario, cubrieron sus informes con comentarios espurios sobre los supuestos males del propio partido político de Morsi, omitiendo el hecho de que había ganado en elecciones libres y competitivas.

Le Figaro, el segundo diario más importante de Francia, realizó un cubrimiento sesgado que ejemplificó este patrón. Pocas personas saben que este periódico se enfrenta a un inmenso conflicto de intereses, pues pertenece al grupo de armamento más grande del país (Dassault). Sin embargo, es bien sabido que Dassault ha adquirido demasiados ingresos al vender su avión de combate Rafale a Al-Sisi en 2015.

En este contexto, el artículo de Delphine Minoui, su corresponsal con sede en Estambul, fue un producto desbalanceado sobre Morsi (publicado el 17 de junio de 2019). En el título, la autora empieza a describir al fallecido presidente como “efímero”. Y continúa diciendo: “esta es la historia de un hombre que nunca debió haber sido presidente”.

Además, el artículo apenas expresó reparos en que Egipto tenga actualmente un general golpista al mando. Obviamente, en este caso particular no es difícil saber por qué.

Incluso un medio como The Economist, que es reconocido por sus rigurosos estándares editoriales, también falló. Por ejemplo, un artículo publicado el 20 de junio fue titulado “Mohamed Morsi, el único gobernante democrático de Egipto, muere en un tribunal”. Al leer el título, muchos podrían pensar que era una pieza imparcial. Sin embargo, The Economist describió la muerte de Morsi como “un epílogo para la revolución” y un “pie de página”. Al emplear estos términos, el medio califica la tragedia de Morsi como un acto póstumo sin relevancia el cual, en su punto de vista, marca el final de la Primavera Árabe.

En resumen, la revista argumenta que no habrá más que dictadura en la región. Además, varias opciones de palabras en este artículo fueron desconsideradas y ofensivas. Por ejemplo, al tratar de explicar por qué los liberales egipcios habían votado por Morsi, el artículo afirmaba que “muchos fruncieron la nariz y votaron por él” como si el difunto presidente representara algún tipo de molestia apestosa, mientras que, de hecho, era un hombre de alta integridad y normas éticas y fiduciarias.

Tales enfoques no solo carecen de tacto, sino que también indican que los medios de comunicación occidentales han perdido su brújula moral. En cualquier caso, el legado de Morsi perdura. Se ha convertido en un símbolo de la democracia en la región y millones de personas oraron por él en ausencia en numerosos lugares. Para citar solo un ejemplo, el viernes pasado, los manifestantes argelinos alabaron a Morsi, mientras maldecían a sus asesinos y al mal que representan.

Por lo tanto, a pesar de todo tipo de cobertura parcial, los pueblos de Oriente Medio saben muy bien quiénes son sus héroes y villanos, así como los patrocinadores y aduladores de estos últimos.

*El escritor es supervisor del Centro de Investigación de TRT World y es autor de “Las Noticias de los Medios en la Guerra: el Choque de las Redes Árabes y de Occidente en Oriente Medio”. Cherkaoui es experto en el campo de comunicaciones estratégicas.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.

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