Análisis

La historia de las relaciones entre Israel y China y el aumento del "poder blando" israelí

Aunque los judíos que viven en China no son más de 2.500, tienen un impacto directo en las relaciones chino-israelíes.

Selim Han Yeniacun   | 09.02.2020
La historia de las relaciones entre Israel y China y el aumento del "poder blando" israelí Banderas de Israel. (Archivo Agencia Anadolu) Archivo Anadolu (Aness Suheil Barghoti - Agencia Anadolu) ( Aness Suheil Barghoti - AA )

ESTAMBUL, Turquía

Sin duda alguna, los lazos económicos entre China e Israel han mejorado en los últimos años. Además de sus vínculos comerciales, el lobby israelí también ha trabajado duro para forjar una interacción política y cultural más fuerte entre las dos naciones.

La creciente influencia sociocultural de Israel en China empezó con el desarrollo de las relaciones comerciales. Sin embargo, el hecho de que muchas instituciones de origen israelí hayan empezado a interactuar con la sociedad china podría ser considerado como un paso hacia un acercamiento político con Pekín.

La principal motivación para esta profundización viene de la habilidad de Israel para mostrarse como un factor atractivo para China. Aprovechando las cualidades que lo convierten en una “Nación de Inicio” en muchos campos, Israel goza de gran prestigio en el mercado chino gracias a su alta tecnología y servicios de valor agregado.

Judíos en China

En la antigua historia de China se pueden encontrar muchas marcas del paso del judaísmo. Los judíos que se asentaron en China desde el siglo XVIII, y cuyos números son mucho menores comparados a los muchos otros grupos étnicos y religiosos presentes en el país, fueron asimilados desde el inicio, aún cuando eran homogéneos al inicio de su migración.

Los judíos que se integraron en la sociedad china entre los siglos XVIII y XIX se volvieron más visibles en la vida social diaria de China, gracias a los comerciantes judíos que llegaron a los puertos de Hong Kong y Shanghai, y a Habrin, a través de la línea ferroviaria transiberiana a partir de mediados del siglo XIX.

Cuando agregamos a este panorama a los judíos que escaparon de los pogromos (saqueo y matanza de gente indefensa, especialmente judíos) rusos de principios del siglo XX y de la Revolución bolchevique, podemos decir que la población judía en China aumentó cuantitativamente a principios del siglo XX, cuando China era un refugio seguro para los judíos. Es útil afirmar en este punto que el Dr. Sun Yat-Sen, el líder fundador de la República de China, simpatizaba con el sionismo político. Lo que contribuyó en gran medida a esta simpatía fueron los estrechos vínculos de Sun Yat Sen con los misioneros protestantes estadounidenses de la época y la influencia del sionismo cristiano.

Por otro lado, esta relación puede ser interpretada como la búsqueda de Sun Yat Sen por una alianza en la que quiso romper la presión colonial en China y buscó la independencia total. Sus palabras sobre el sionismo político fueron un referente significativo del enfoque chino hacia el nacionalismo judío en el primer cuarto del siglo XX: “A pesar de la desaparición de su tierra natal, el pueblo judío ha existido hasta hoy. El sionismo es uno de los movimientos sociales más importantes de hoy. No todos los amantes de la democracia pueden ayudar a este movimiento, pero deben tener simpatía y sinceridad hacia este”.

Hasta mediados del siglo XX, el número de judíos en China aumentó esporádicamente. Después de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, 18.000 se asentaron allí, aprovechando la ventaja de que Shanghái no contaba con restricciones de migración. En total el número de judíos que migró a China entre 1845 y 1950 fue de unos 40.000.

Sin embargo, esta situación de una creciente población judía se reversó después de la segunda mitad del siglo XX. Al final de la Segunda Guerra Mundial, y con el establecimiento del Estado de Israel (1948) y la República Popular China (1949), se desató una migración judía desde China a Israel, lo cual aumentó gradualmente.

Junto con las relaciones diplomáticas entre Israel y China, la comunidad judía china ha ayudado a desarrollar los lazos generales entre los dos países. La población judía se concentra principalmente en Pekín y Shanghái. El reconocimiento diplomático de China de Israel en 1992 aumentó una vez más la influencia de la diáspora judía. Aunque los judíos que viven en China hoy en día no superan los 2.500, tienen un impacto directo en las relaciones israelí-chinas.

El actual impacto cultural de Israel en China

Es difícil decir que Israel está adelantando actividades de lobby en China o que el campo de la diplomacia académica y cultural son solo actividades unilaterales de propaganda. China se muestra entusiasta sobre el mejoramiento de sus relaciones con Israel debido a sus intereses nacionales. El deseo de Israel de que sus tecnologías sean utilizadas por China económica y militarmente hace que la parte china tenga una visión favorable de estas actividades de cabildeo.

Además, Israel se está convirtiendo en una estrella brillante en la política de China en Oriente Medio. China, que ha establecido buenas relaciones con los países árabes e Irán durante muchos años, ha diversificado sus políticas de Oriente Medio al hacer de Israel una estación importante del Proyecto de Ruta de la Seda Marítima. Este alto nivel de interacción ha traído asociaciones culturales y académicas. Israel ha aumentado sus inversiones en China utilizando esta atmósfera fluida.

Las actividades educativas y culturales son elementos que aumentan la efectividad de Israel en China y movilizan la interacción cultural independientemente de su diáspora. Los desarrollos en áreas tales como programas de intercambio de estudiantes, programas de educación académica y actividades turísticas han incidido positivamente en la cooperación entre los dos países. Después de haber avanzado mucho en la educación en China, Israel ha alentado la apertura de muchos programas académicos para venderse.

Se han abierto departamentos y centros de estudios israelíes, judaicos y hebreos en prestigiosas instituciones académicas en China, como la Universidad de Nanjing, la Universidad de Henan y la Universidad de Shandong. Además, en adición a las 100 becas posdoctorales por año en instituciones educativas israelíes, se asignan 350 becas de pregrado exclusivamente a estudiantes chinos e indios. Según las cifras de 2017, había 1.000 estudiantes chinos de intercambio que tomaban clases en Israel.

Por otro lado, las instituciones educativas israelíes expanden sus campus a China. En 2014, la Universidad de Tel Aviv estableció un innovador centro de investigación y educación con la Universidad Tsinghua. En 2015, la Universidad de Technion, una de las universidades líderes en el campo de ingeniería en Israel y en el mundo, se convirtió en la segunda institución con un programa de educación independiente en China, al establecer el Instituto Tecnológico Guangdong Technion-Israel, después de la Universidad del Estado de Moscú.

En 2016, la Universidad Ben-Gurion abrió una iniciativa empresarial conjunta y un centro de innovación con la Universidad Jilin, mientras que la Universidad Haifa construyó un laboratorio conjunto en los campos de ecología, big data, biomedicina y neurobiología en la Universidad Normal del Este de China.

Además de sus actividades de educación, el volumen de turismo es otro factor que aumenta el enfoque cultural de Israel. La movilidad de turismo mejora las relaciones de Israel con la comunidad china más allá de las fronteras. En 2017, el número de turistas chinos que viajaron a Israel fue de unos 123.000. También existen viajes directos de Tel Aviv a Pekín, Shanghái, Cantón, Shenzhen y Chengdu, por medio de diferentes aerolíneas.

Las crecientes relaciones económicas conducen a la interacción cultural. La cultura judía, que ha estado presente en China durante siglos, e Israel, pueden considerarse como una tendencia con creciente popularidad en China. Aunque la asociación económica y política entre Israel y China provocó reacciones de Estados Unidos, los dos países continúan sus inversiones.

**Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Traducido por Daniela Mendoza.

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