Política, Análisis

Intervencionismo estadounidense en Venezuela: una historia de duplicidad

Es evidente a partir del nombramiento de Elliott Abrams como enviado especial de Estados Unidos para Venezuela que el restablecimiento de la democracia no es el resultado esperado.

Dr. Tarek Cherkaoui   | 04.02.2019
Intervencionismo estadounidense en Venezuela: una historia de duplicidad

ESTAMBUL

Por: Dr. Tarek Cherkaoui*

ESTAMBUL

El 5 de febrero de 2003, el entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Colin Powell, expuso las razones de su país para el emprendimiento de la guerra de Irak ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. En ese tiempo, la gran mayoría de periodistas estadounidenses no respondía a la pregunta de si Saddam Hussein apoyaba a Al Qaeda o si poseía armas de destrucción masiva.

Estos moldeadores de opinión pública tendían a ver la narrativa de la Casa Blanca como algo indiscutible y adoptaban las justificaciones de que esta guerra era necesaria para eliminar el terrorismo y promover la democracia.

La guerra de Irak resultó ser un gran error. Causó miles de muertes de soldados estadounidenses y costó miles de millones de dólares de los bolsillos de los contribuyentes del país. También fue un crimen en contra de la nación iraquí. La invasión de Estados Unidos destruyó miles de vidas y causó daños en la infraestructura y la economía iraquí, a tal punto que los esfuerzos de reconstrucción y restauración tomarán décadas.

Sin embargo, las principales organizaciones mediáticas de Estados Unidos, en su mayoría, actuaron como conductos de información de guerra que abrieron el camino para las operaciones militares.

Dieciséis años después, suenan de nuevo los tambores de guerra. Esta vez, la presidencia de Estados Unidos tiene a Venezuela en la mira, conspirando para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro en Caracas. Lo que es más, la Casa Blanca ha utilizado de nuevo el “repertorio de la democracia”, aunque esta retórica no se encontraba entre los temas favoritos de Trump. Aun así, John Bolton, el asesor de seguridad nacional del país y uno de los tenores de la administración de Trump, también ha promovido abiertamente las acciones en contra de Venezuela como una campaña para asumir el control del petróleo venezolano para beneficio de las corporaciones estadounidenses.

La administración de Trump dio forma a tal discurso dual para anotar dos puntos. Por un lado, la narrativa a favor de la democracia está dirigida a la base electoral de los demócratas y obliga a los líderes del partido a apoyar a la Casa Blanca en el tema de Venezuela. Sin embargo, sabiendo que varios líderes emergentes entre el ala progresista de los demócratas generalmente se oponen a librar guerras costosas en el extranjero, este tema causará graves fricciones dentro del Partido Demócrata.

Por otro lado, la administración de Estados Unidos utiliza el lenguaje de la especulación económica, dirigida a los republicanos radicales. El nombramiento de Elliott Abrams, uno de los planificadores de las guerras sucias de Estados Unidos en Centroamérica en la década de 1980, como el arquitecto del golpe contra el poder legítimo en Venezuela es también un mensaje a la base de Trump de que la diplomacia de los cañoneros y la Doctrina Monroe está de vuelta y esto es lo que hará que “Estados Unidos sea grande de nuevo”.

Existe un sinnúmero de problemas con ambas narrativas, pero la ironía más grande viene de la primera. La administración de Trump no prestó ningún apoyo a la democracia en los últimos dos años. En Egipto, cuando un golpe militar derrocó el primer gobierno elegido democráticamente en la historia de ese país, Estados Unidos y otros países occidentales brindaron apoyo total a la junta. Les brindaron asistencia, financiamiento y armas, incluso cuando los abusos a los derechos humanos alcanzaron niveles sin precedentes.

En abril de 2017, cuando Trump recibió al presidente de Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, en la Casa Blanca y desplegó la alfombra roja para él, el mandatario estadunidense declaró: “solo quiero que todo el mundo sepa, en caso de que exista alguna duda, que apoyamos mucho al presidente Al-Sisi”. El hecho de que Trump se haya reunido cinco veces con Al-Sisi en dos años dice mucho sobre las prioridades que él tiene. Y restaurar la democracia, claramente, no es una de ellas.

Más allá de la ironía, los principales medios de comunicación estadounidenses rara vez han desafiado las políticas de la administración con respecto al régimen de Al-Sisi en Egipto. El patrón de cobertura de apoyo ante la junta egipcia refleja, una vez más, el modelo de Herman y Chomsky (1988), que develó la existencia de varias capas dentro de los medios de comunicación de Estados Unidos que filtran las noticias de acuerdo con los intereses de las corporaciones y poderosas entidades políticas del país.

Como la descarga de los principales medios de comunicación se encuentra en contra de Venezuela, estos medios, en su mayoría, fallan de nuevo en abordar los agujeros en la retórica de la Casa Blanca: ¿Quién está subvirtiendo la democracia en Caracas? ¿Quién respalda a un “presidente interino” autoproclamado en Venezuela que no ha sido elegido? ¿Quién está tratando de sabotear la economía del país? ¿Quién ha estado imponiendo sanciones económicas insoportables contra Caracas durante muchos años?

Si estas preguntas no son suficientes para sacar conclusiones claras, es evidente que, a partir del nombramiento de Elliott Abrams como enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, restablecer la democracia no es el resultado esperado.

La elección de Abrams, quien ha participado en algunos de los actos más espeluznantes de la política exterior de Estados Unidos en las últimas décadas, significa solo una cosa: el resultado será la brutalidad y el abuso sistemático de los derechos humanos.

Es hora de que los medios de comunicación dominantes de Estados Unidos reflexionen sobre el tipo de periodismo que buscan llevar a cabo. ¿Son “perros guardianes” que defienden la ética periodística y exponen cualquier falsedad propagada por las élites políticas y económicas en nombre del público? ¿O son “perros falderos” que difunden la desinformación a sabiendas para servir a los belicistas y a los especuladores económicos? Cualquiera que sea el camino que decidan seguir, deben entender que no pueden ser ambas cosas.

*El escritor dirige el Centro de Investigación de TRT World y es autor de “Los Medios Informativos en la Guerra: el Choque de Redes Occidentales y Árabes en Oriente Medio”. El Dr. Cherkaoui es experto en el campo de comunicaciones estratégicas.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.

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