Política, Análisis

Elecciones regionales en Madrid: una batalla de extremos

En medio de la crisis social y económica que vive la capital española por la pandemia, los comicios del próximo 4 de mayo por la Presidencia de la Comunidad evidencian los radicalismos, la desconfianza y las fracturas de una democracia jadeante.

Santiago Sánchez B.   | 10.04.2021
Elecciones regionales en Madrid: una batalla de extremos Cientos de personas asisten a la campaña del partido Vox en la Plaza de Colón en Madrid, España, el 26 de octubre de 2019. (Burak Akbulut - Archivo Agencia Anadolu)

MADRID

Por: Santiago Sánchez B.

Catorce civiles y una veintena de policías resultaron heridos el pasado miércoles 7 de abril en la ‘Plaza Roja’ del barrio madrileño de Vallecas. Un acto de precampaña de Vox -partido de ultraderecha en España- para presentar a Rocío Monasterio, su candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, se convirtió en una gresca con piedras entre militantes, manifestantes antifascistas y la fuerza pública. Un retrato desafortunado pero elocuente de la actual política española, sacudida por la colisión de sus extremos.

El que debería ser un proceso democrático a la altura de las circunstancias que la COVID-19 ha planteado local y nacionalmente, se ha convertido en un conflicto ideológico entre izquierdas y derechas cargado de radicalismos, conspiraciones, desconfianza y disyuntivas para el electorado.

La actual batalla por la Presidencia de la Comunidad de Madrid comienza a casi cuatrocientos kilómetros al sureste, en Murcia, donde el pasado 10 de marzo el PSOE y Ciudadanos pactaron una moción de censura para expulsar al Partido Popular del gobierno regional y local, un golpe que alentaría a hacer lo propio a los sectores de oposición en Madrid, liderados por Más Madrid y el PSOE.

Sin embargo, ese mismo miércoles Isabel Díaz Ayuso, política del Partido Popular y actual presidenta de la Comunidad, anunció a la defensiva la disolución de la asamblea de Madrid y la convocatoria de elecciones anticipadas. En otras palabras, esquivó la moción de censura.

“Sacar a Ayuso y a la ultraderecha”

Solo cinco días después del llamado a elecciones anticipadas, Pablo Iglesias anunció su renuncia a la Vicepresidencia segunda del Gobierno de España para presentarse como candidato en Madrid. En una entrevista para el programa de televisión ‘Las cosas claras’, el también secretario general de Podemos defendió su decisión de abandonar un Gobierno de coalición (al que entrar costó en su momento incontables negociaciones, vaivenes y choques con Pedro Sánchez): “En política uno tiene que saber cuál es su posición más útil” dijo, argumentando la urgencia de evitar que los sectores de derecha se hicieran nuevamente con el poder del territorio regional.

Su llegada a la contienda electoral ratifica la relevancia que la capital española supone para el poder político nacional y alimenta un debate ya cargado de distancias, incluso entre visiones similares. Iglesias ha intentado tocar la puerta de Más Madrid con el objetivo de consolidar una fuerza común de izquierda capaz de hacer contrapeso a una posible alianza entre el PP y Vox.

Por ahora, Mónica García, la candidata de ese partido, ha dado como respuesta un no vehemente, quizás por la larga historia de desencuentros de Iglesias con Más Madrid -fundado por disidentes de Podemos- y porque su posición de salida es, en la fotografía actual, un poco más favorable que la del exvicepresidente.

A la izquierda, “ni agua”

A menos de un mes de las elecciones, los sondeos revelan un voto conservador agitado, susceptible de aglutinarse alrededor de Díaz Ayuso. De acuerdo con el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), siete de cada diez votantes de Vox la apoyarían y siete de cada diez electores de Ciudadanos abandonarían la maltrecha formación naranja -que no supera el 5% en ningún barómetro- y a su candidato, Enrique Bal, para adherirse al Partido Popular, al que el CIS le atribuye en solitario un 39,2% de intención de voto.

Con esa fotografía, y en caso de que el PP siga al alza sin aliados, aunque Diaz Ayuso logre concentrar el voto de derecha, tiene el desafío de alcanzar la mayoría absoluta en un escenario de fragmentación electoral. Algo que no solo es difícil de lograr, sino que Vox, con 5,4% de intención de voto, no se puede permitir.

Perder la Comunidad de Madrid significa para el Partido Popular una derrota más allá de lo electoral; se trataría de un golpe al bastión que han gobernado por más de dos décadas, a su más claro referente de influencia en el país y a su oportunidad más tangible de regresar a La Moncloa. Sin embargo, un bloque de izquierdas conformado por el PSOE, con un 25,3% de intención de voto por el exministro de Educación, Ángel Gabilondo; Más Madrid (con 14,8%) y Podemos (con 8,7%) podría -según el CIS- empatar al PP aun si este se alía con Vox.

El barómetro, que también ha proyectado que el 75% de los votantes asistirá a las urnas y que tendrá en cuenta la gestión de la pandemia a la hora de elegir, ha recibido críticas de algunos expertos que han advertido que dicho “empate” entre izquierda y derecha no es del todo correcto. Los porcentajes y los escaños que simbolizan darían una ventaja a la coalición de izquierda de 70 diputados frente a 66, cerrando con ello el ciclo de los populares.

La disyuntiva como campaña

“Comunismo o libertad”, espetaba Díaz Ayuso en Twitter a mediados de marzo. Una disyuntiva a la que el propio presidente del Gobierno de España y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha replicado con otro dilema: “Solamente hay dos opciones de gobierno. Un gobierno serio, liderado por el partido socialista, o un gobierno que sume los votos de la ultraderecha a los de la derecha extrema”.

A todos los niveles, estos comicios regionales parecen estar en boca de todos los políticos, que en las antípodas del pensamiento naufragan en lugares comunes: la libertad como bandera, la épica de las circunstancias y la empatía con la España que trabaja y necesita.

Los sondeos, que siempre esconden la posibilidad de que las certidumbres tropiecen, muestran a la Comunidad de Madrid como el epicentro de una pendencia que lleva años calando entre la gente y que las narrativas dualistas de campaña profundizan. Y precisamente por ello, en un momento en que se apiñan otras prioridades, los madrileños se ven empujados a asistir a unas elecciones mientras la COVID-19 deja una media de más de 1.400 contagios por día.

Otra bifurcación -más escueta quizás- planteada por la candidata de Más Madrid, Mónica García, asoma la ironía del momento: “El 4 de mayo nos jugamos si queremos seguir siendo el 100 Montaditos de Europa o si queremos ser la comunidad que cuida su sanidad pública”.

*El autor es periodista, corresponsal y consultor en comunicación y asuntos públicos en España. MPA en Gobierno y Gestión Pública.

*Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

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