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El proceso de paz en Oriente Medio: tan solo una excusa

La normalización de las relaciones de algunos países árabes con Israel no sirve sino a los intereses y objetivos israelíes, por lo que estos eventos no pueden ser entendidos como un proceso de paz.

Dr. Irfan Kaya Ulger   | 24.09.2020
El proceso de paz en Oriente Medio: tan solo una excusa WASHINGTON, EEUU - SEPTIEMBRE 15: El presidente de EEUU, Donald Trump; el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu; el ministro de Relaciones Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos, Abdullah bin Zayed Al Nahyan y el ministro de Relaciones Exteriores de Bahrein, Abdullatif bin Rashid Al Zayani, participan de la firma de los acuerdos sobre la "normalización de las relaciones" celebrados entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin, en la Casa Blanca, en Washington, Estados Unidos, el 15 de septiembre de 2020. (CRÉDITO OBLIGATORIO: CASA BLANCA - HANDOUT - AGENCIA ANADOLU)

ESTAMBUL

Por: Irfan Kaya Ulger

El pasado 15 de septiembre, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin firmaron un acuerdo de paz con Israel gracias a la mediación de Estados Unidos, por el cual acordaron normalizar sus relaciones con ese país.

El evento tuvo lugar durante una ceremonia celebrada en la Casa Blanca que contó con la presencia del presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.

Días después, la prensa estadounidense empezó a hablar de otros países que se encuentran en la fila para normalizar sus relaciones con Israel, entre ellos Omán, Sudán, Yibuti, las Comoras, Mauritania e incluso Arabia Saudita. Por su parte, Palestina rechaza estos acuerdos y tilda como una invención las afirmaciones de la prensa estadounidense.

A pesar de este y de otros acontecimientos recientes en la región de Oriente Medio, ¿es posible llegar a una paz duradera y justa para todos en la región?

Israel se fundó oficialmente el 14 de mayo de 1948 con base a la resolución 181, aprobada en la Asamblea General de las Naciones Unidas. A pesar de que Israel es considerado como un país democrático e incluso modelo en la región, se trata de un régimen teocrático que basa su teoría de la extensión de su territorio en la promesa de la “Tierra Prometida” que Jehová, el Dios de los judíos, hizo a estos y que se extiende desde el río Nilo, al oeste, hasta el río Éufrates, al este.

Hasta el día de hoy han tenido lugar cuatro guerras principales entre los árabes y los israelíes. Las dos primeras fueron durante la fundación de Israel. Luego vino la guerra del Sinaí, en 1956, en la que Reino Unido, Francia e Israel invadieron la península del Sinaí, territorio egipcio.

Finalmente, en 1967 tuvo lugar la guerra de los Seis Días, en la que Israel invadió la Franja de Gaza (administrada por Egipto) y el Sinaí, así como Cisjordania y la ciudadela de Jerusalén, administradas por Jordania; los Altos del Golán, territorio sirio; y partes del sur del Líbano conocidas como las granjas de Shebaa.

Tras la guerra, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 242, mediante la que se exigía a Israel retirarse de los territorios ocupados durante la guerra de 1967, reconociendo, de forma indirecta, los territorios ocupados por Israel antes de esta fecha.

En 1973, varios países árabes atacaron a Israel en lo que se conoce como la guerra del Yom Kipur, o Día de la Expiación, con el objetivo de recuperar los territorios perdidos en 1967, aunque no tuvieron mayor éxito. Luego de esta última guerra, el Consejo de Seguridad volvió a aprobar una resolución, la 338, en la que se hace referencia a la resolución 242 y se vuelve a exigir a Israel que se retire a las fronteras anteriores a 1967.

Después de la guerra del Yom Kipur comienza para Israel el periodo de alcanzar su anhelada tierra prometida sin guerras a través de un proceso de negociaciones. Desde entonces, se han redactado cerca de una decena de planes de paz.

A finales de los setenta, el entonces presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y su secretario de Estado, Henry Kissinger, convencieron a Egipto para que se sentara a la mesa de las negociaciones con Israel. En 1977, el entonces presidente de Egipto, Anwar al-Sadat, visitó Israel y dio un discurso en su Parlamento, el Knesset. Un año más tarde se firmaron los acuerdos de Camp David, por los que ambos países se reconocieron mutuamente y aceptaron establecer relaciones diplomáticas entre ellos, así como Israel se comprometió a devolver la península del Sinaí, ocupada desde 1967.

La retirada de Israel del Sinaí concluyó en 1981. Este acuerdo con Israel le costó a Egipto la enemistad con los demás países árabes y Sadat fue acusado de traicionar la causa palestina. En octubre de 1981, Sadat fue asesinado por Khalid al-Islambouli, miembro del movimiento de resistencia palestino la Yihad Islámica Palestina, durante un desfile militar.

A finales de 1991 tuvo lugar la Conferencia de Paz de Madrid, auspiciada por Estados Unidos y la entonces Unión Soviética. La conferencia finalizó sin un acuerdo definitivo. A esta le siguieron los Acuerdos de Oslo, Noruega, de 1993. Según los acuerdos, Israel aceptó el establecimiento de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania y la Franja de Gaza. Así mismo, los acuerdos preveían negociar la soberanía palestina y el estatuto de Jerusalén cinco años más tarde.

No obstante, Israel empezó a incumplir los Acuerdos de Oslo a partir del año 2000. Por una parte retrasaba la implementación de los artículos sobre Cisjordania y la Franja de Gaza y por otra continuaba con la construcción de nuevos asentamiento judíos en Cisjordania.

En 1994, Estados Unidos logró que Jordania firmara un acuerdo de paz con Israel. En 1995, Yigal Amir, un judío fanático que estaba en contra de la paz con los árabes, asesinó a Isaac Rabin, el primer ministro de Israel y presidente del Partido Laborista Israelí. Durante su interrogatorio, Amir confesó haber matado a Rabin acusándolo de traicionar la causa israelí y las órdenes de Jehová al ceder territorios bajo el pretexto de la paz.

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En la nueva fase de la política israelí, lograr que los demás países reconozcan Israel ha ganado importancia sobre el anterior principal objetivo, que era el de ganar territorio. En este sentido, la administración de Trump ha realizado una labor primordial. En primer lugar, reconoció a Jerusalén como la capital de Israel y trasladó la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén. En segundo lugar, anunció el así llamado “acuerdo del siglo”, un presunto plan de paz elaborado sin haber consultado a la parte palestina. Por último, revivió el proceso de paz en Oriente Medio al presionar a las naciones árabes para que normalicen sus relaciones con Israel.

Calificar los últimos hechos como la continuación del proceso de paz o un refuerzo del mismo no corresponde con la realidad. Los acuerdos de paz y la normalización de las relaciones no sirven sino a los intereses y objetivos de Israel. El proceso de paz no ha hecho sino legitimar los logros y avances ilegales de Israel. Es un intento de alcanzar la promesa de la tierra prometida por la vía de la paz, luego de que la vía de la guerra no diera los resultados esperados.

*Traducido por Daniel Gallego.

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