Análisis

El perdón que divide a España: Sánchez indulta a los independentistas catalanes

El Gobierno español aprobó este martes en el Consejo de Ministros los indultos a los presos del “procés” en Cataluña. Lo que el jefe del gobierno defiende como concordia es calificado por diversos sectores como un pago político y una compra de votos.

Santiago Sánchez Benavides   | 22.06.2021
El perdón que divide a España: Sánchez indulta a los independentistas catalanes Decenas de personas se congregaron frente al Teatre del Liceu de Barcelona para protestar contra la presencia del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, que dio un discurso ante representantes políticos y de la sociedad civil, en vísperas de los posibles indultos a los líderes del 'procés' presos en Barcelona, España, el 21 de junio de 2021. (Adriá Puig - Agencia Anadolu)

MADRID

Por: Santiago Sánchez Benavides

A Pedro Sánchez le calzan las paradojas y desde que es presidente del Gobierno ha recorrido con ellas todos los pasillos de la política española. Hace apenas unos años, en 2014, era vehemente en su postura con relación a los indultos, a los que definía como una “injerencia del poder ejecutivo en decisiones del poder judicial”. Poco después, cuestionaba el manejo que el gobierno de Mariano Rajoy daba a la medida de gracia. “Los indultos políticos deben acabar ya en nuestro país”, sentenció frente a las cámaras.

Sin embargo, en política las opiniones son olas creando espuma. Pasada la efervescencia de la rivalidad y ya puestos a gobernar, los determinismos de Sánchez son hoy diametralmente opuestos. Según ha dicho, para “recuperar la convivencia” urge otorgar el perdón a nueve de los doce artífices ​del referéndum de independencia de Cataluña de 2017 (conocido como el procés), que fueron condenados a penas de entre nueve y trece años de prisión por delitos de sedición, malversación y desobediencia. Un afán en el que no todos los españoles le acompañan, ni siquiera en las filas del PSOE, el partido que le llevó al poder.

A finales de mayo pasado, una encuesta de SocioMétrica, empresa dedicada a realizar estudios de opinión pública, reveló que el 78,1% de los españoles veía el perdón de Sánchez como la puerta para la reincidencia de los independentistas y dejó en evidencia que incluso un 72,5% de los votantes del PSOE estaba en contra de la decisión. En un sondeo más reciente desarrollado por Ipsos, 53% de los españoles manifiesta estar en contra de estos indultos.

Uno y otro dejan entrever que el socialista no congrega apoyos unánimes alrededor de su propuesta conciliatoria y que España, una vez más, está dividida por disyuntivas que inflaman las diferencias políticas.

“Lo volveremos a hacer”

Bajo el sol aplastante que ya se asoma en Madrid por esta temporada, el pasado domingo 13 de junio tuvo lugar una movilización que convocó a miles de ciudadanos de distintas orillas políticas y a los líderes más visibles de los partidos de oposición al gobierno: Pablo Casado (Partido Popular), Inés Arrimadas (Ciudadanos) y Santiago Abascal (Vox).

La manifestación fue convocada por Unión 78, una plataforma ciudadana que cuenta entre sus líderes con Rosa Díez, exdirigente del PSOE; María San Gil, política de vieja data del PP vasco; y el filósofo Fernando Savater. Esa tarde en la Plaza de Colón se dieron cita la reticencia contra los indultos y una oposición irreversible a lo que representa el sanchismo para España.

Y la indignación tiene sus motivos. Para quienes se niegan a armar el rompecabezas de concordia que propone Sánchez falta una pieza clave: el arrepentimiento que ninguno de los condenados ha hecho explícito.

Si bien no se trata de un requisito, como sí lo son la justicia, la equidad, la utilidad pública de la medida y el carácter individual, es un elemento que “se presupone”. Así lo explica Josep Maria Castellá, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y Miembro de la Comisión de Venecia, para quien en este caso “no hay arrepentimiento, sino todo lo contrario: voluntad reiterada de que, si pueden, lo volverán a hacer”, señala. Además, tampoco es individual, explica. “No lo han pedido los directamente afectados sino organizaciones no gubernamentales amigas”.

Estos y otros elementos han sido puestos de manifiesto por un informe del Tribunal Supremo que ha rechazado indultar a los 12 líderes del procés, lo que ha forzado al gobierno a preparar una robusta argumentación (de 30 folios por preso) para sostener su tesis de la “utilidad pública”, apelando al respaldo social que reciben los condenados y los efectos que esto puede tener como estabilizador político de la región y del país, algo que distintas voces cuestionan. “La aspiración a la concordia dentro de Cataluña es un deseo bienintencionado del presidente del gobierno pero no se sostiene con pruebas a la luz de lo sucedido hasta ahora”, afirma Castellá.

Lo cierto es que la iniciativa de Sánchez ha provocado un debate vociferante y un estallido de indignación. Para la oposición se trata de una estrategia electoral, orientada a conseguir apoyos en Cataluña para mantenerse en La Moncloa. Y dado el panorama político que dejó la victoria del Partido Popular (principal opositor) en las pasadas elecciones regionales de la Comunidad de Madrid, no es un sinsentido.

Por otra parte, aunque cuenta con voces de apoyo, como la de los obispos catalanes y la de Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) -que esta semana matizó su postura luego de que varias empresas le dejaran saber su malestar-, también se ha estrellado con una pared de rechazo de los mismos procesados y sus simpatizantes. Para estos, más que indultos, la cuestión es la amnistía y, desde luego, avanzar hacia la independencia de Cataluña. “El indulto será el preludio de la derrota que sufrirá España en Europa”, dijo Jordi Cuixart, uno de los condenados y autor también de la frase "Lo volveremos a hacer”.

Este lunes, el acto que Sánchez llevó a cabo en el Liceu de Barcelona para promover -y suavizar- la conversación alrededor del tema, no contó con la asistencia de ningún miembro del Govern catalán y provocó la manifestación de diversas organizaciones independentistas que consideran su propuesta una treta para someter sus intereses.

España parece haberse acostumbrado a la fragmentación. Los españoles se mueven entre narrativas antagónicas, que describen una nación que se reconcilia y otra que se desintegra; un país que progresa en lo social y otro que se estanca en lo económico; una sociedad que remonta la crisis y otra que sigue al borde del abismo. En su escenificación en Barcelona, el presidente del Gobierno ha prometido “un nuevo proyecto de país” a partir de los indultos. Está por verse si en ese nuevo paradigma caben quienes no piensan como él.

*El autor es periodista, corresponsal y consultor en comunicación y asuntos públicos en España. MPA en Gobierno y Gestión Pública.

*Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.

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