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Armenia está pagando las consecuencias de sus políticas agresivas

Armenia tiene dos opciones: desistir de sus políticas amenazadoras e intentar ser un país normal que vela por sus intereses o seguir corriendo detrás de objetivos impuestos por fuerzas externas a cambio de su apoyo para poder sobrevivir.

Araz Aslanli   | 01.10.2020
Armenia está pagando las consecuencias de sus políticas agresivas TARTAR - SEPTIEMBRE 28: Imágenes de las áreas afectadas por las fuerzas armenias durante los enfrentamientos entre las Armenia y Azerbaiyán, en Tartar, Azerbaiyán, el 28 de septiembre de 2020. (Resul Rehimov - Agencia Anadolu).

ESTAMBUL

Por: Araz Aslanli*

Esta vez la respuesta de Azerbaiyán a las provocaciones de Armenia del pasado 27 de septiembre ha sido extensa y con el objetivo de retomar los territorios ocupados. A partir del pasado 30 de septiembre, Azerbaiyán ha logrado recuperar gran parte de los territorios ocupados por Armenia hasta el alto al fuego de 1994. A pesar de las grandes pérdidas sufridas por ambas partes, las bajas armenias son tales que podrían provocar indignación en su sociedad.

Por su parte, Armenia intenta detener el avance azerí atacando sus poblaciones civiles. Al contrario que en los conflictos de septiembre de 2009, abril de 2016, febrero de 2017, verano de 2010, y julio de 2020 esta vez nadie se extraña de la magnitud y duración de la reciente guerra entre ambos países.

Las pretensiones territoriales de Armenia empezaron en la segunda mitad de la década de los ochenta en contra del derecho internacional y de las leyes soviéticas. A partir de 1990, Armenia empezó a invadir territorios azeríes con apoyo externo y en desobediencia de las resoluciones y los llamamientos de las Naciones Unidas. Armenia logró ocupar aproximadamente el 20% del territorio azerí y desplazar a un millón de personas realizando matanzas y genocidios en territorio azerí.

La ocupación de Armenia del Alto Karabaj es ilegal y no está reconocida por nadie en el mundo. Azerbaiyán posee el derecho de tratar de recuperar su territorio ocupado por Armenia en base al Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas sobre la autodefensa de las naciones. Armenia consideró esta situación de gran riesgo para ella y optó por limitar la creciente capacidad de Azerbaiyán mediante una guerra en la que también participaría Rusia.

A partir del conflicto del pasado mes de julio, Rusia y otros países han enviado más de 500.000 toneladas de munición a Armenia, así como unos 300 terroristas del PKK/YPG, según fuentes oficiales y la confirmación de los países por los que esta munición y terroristas han transitado. A pesar de estos hechos y de las repetidas advertencias del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, ni la comunidad internacional, ni el Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), copresidido por Francia, Rusia y Estados Unidos, actuaron al respecto.

Ver también: Azerbaiyán: Turquía no participa en el conflicto con Armenia.

Ante la imposibilidad de contrarrestar la iniciativa de Azerbaiyán para recuperar sus territorios, Armenia ha empezado a lanzar una serie de pretensiones sin fundamentos. El pasado 29 de septiembre, el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián, alegó, en declaraciones a la televisión pública rusa, que cazas turcos derribaron aviones militares suyos. Aliyev negó rotundamente estos reclamos al asegurar que las capacidades militares de sus Fuerzas Armadas son tales que no necesitaban de ayuda externa para alcanzar su objetivo y que la tecnología de hoy en día hace imposible ocultar tales operaciones, en referencia al traslado de municiones y terroristas. En este sentido, Aliyev invitó a Pashinyán a demostrar sus acusaciones con pruebas. 

Si en vez de mantener una política de enemistad hacia sus vecinos Armenia hubiese elegido la convivencia, el Cáucaso nunca habría sido escenario de guerras. Por el contrario, sería un lugar prospero. No obstante, Armenia, una y otra vez, ha rechazado sistemáticamente todas las iniciativas y planes de paz desde 1991. En los noventa Azerbaiyán propuso a Armenia que todos los proyectos internacionales pasasen por su territorio. Así mismo, a partir de 2000, Azerbaiyán ofreció a Armenia ayudar a solucionar su problema energético. Todo ello a cambio de la paz. Sin embargo, Armenia no aceptó ninguna de las ofertas de su vecina. Tanto Armenia como los países mediadores no dejaron a Azerbaiyán otra solución que la militar.

La implementación de las resoluciones de las Naciones Unidas, el retorno de los desplazados y procurar la seguridad y los derechos fundamentales de todas las étnias en la zona será beneficioso no solo para Azerbaiyán, sino que para Armenia también.

Armenia tiene dos opciones: desistir de sus políticas amenazadoras e intentar ser un país normal que vela por sus intereses o seguir corriendo detrás de objetivos impuestos por fuerzas externas a cambio de su apoyo para poder sobrevivir. Nada de esto va a cambiar la decisión de Azerbaiyán de logar la integridad de su territorio. Lo único que hará es perjudicar y dañar los esfuerzos e intentos del Cáucaso por convertirse en una región pacífica, próspera y llena de colaboración.

*Araz Aslanli es presidente del Centro de Relaciones Internacionales y Estudios Estratégicos del Cáucaso (QAFSAM)

*Traducido por Daniel Gallego.

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