Análisis

¿Se repetirá la historia de guerra en Afganistán?

La salida de las tropas de EEUU de Afganistán, anunciada por Joe Biden, se asemeja a tragedias sucedidas en el marco de la ocupación británica y la retirada de las fuerzas soviéticas tras el Acuerdo de Ginebra de 1988.

Syed Iftikhar   | 19.04.2021
¿Se repetirá la historia de guerra en Afganistán? Bandera de Afganistán. (Archivo - Agencia Anadolu).

Ankara

Desde la Primera Guerra Anglo-Afgana (1839-1842), que fue quizás el mayor desastre imperial de Occidente, la historia se ha repetido a menudo en Afganistán.

La reciente decisión de Estados Unidos de retirar las tropas del país devastado por la guerra tiene una similitud reveladora con eventos anteriores: el regreso de Dost Mohammad como rey en 1842, el Acuerdo de Ginebra de 1988, las negociaciones con los talibanes en 1998 y, finalmente, el acuerdo de Doha en 2020.

El anuncio de retirada del presidente estadounidense Joe Biden sin establecer una estructura de Gobierno creíble en Kabul tiene un parecido sorprendente con el Acuerdo de Ginebra, que abrió el camino para la retirada de las tropas soviéticas que puso fin a la ocupación de nueve años, pero que pronto llevó a Afganistán al caos en ausencia de un Gobierno interino consensuado.

La ocupación, cabe recordar, causó la muerte de 15.000 soldados soviéticos y la destrucción de 1.600 tanques y 1.000 aviones. Otros 35.000 soldados resultaron heridos, según cifras oficiales soviéticas.

Al recordar los hechos, los diplomáticos paquistaníes que participaron en las negociaciones que precedieron al Acuerdo de Ginebra manifestaron que la Unión Soviética tenía prisa por irse sin cumplir la condición de formar un Gobierno de consenso.

"Estados Unidos también apoyó a los soviéticos, mientras que estaba más interesado en la retirada de las tropas que en establecer un Gobierno estable en Kabul", escribió el veterano periodista y escritor paquistaní Shaikh Aziz, quien cubrió la firma del acuerdo.

Ante el temor de que el entonces presidente de Pakistán, el general Muhammad Ziaulhaq, pudiera convertir a Afganistán en una base para luego expandirse a Asia Central, Estados Unidos se opuso a la medida de destituir al Gobierno comunista de Mohammad Najeebullah antes de permitir la retirada de los soviéticos.

Para obligar a Islamabad a firmar el pacto incondicionalmente, Estados Unidos incluso impuso una prohibición de 120 días a la ayuda a Pakistán.

Mientras Pakistán todavía mostraba dudas sobre seguir adelante, su capital Islamabad y la cercana ciudad de Rawalpindi experimentaron una terrible tragedia el 10 de abril de 1988. Un depósito de municiones en el corazón de la ciudad de Rawalpindi destinado a los muyahidines afganos explotó. Misiles y bombas cayeron sobre las ciudades, causando la muerte de más de 100 personas y dejando muchas más heridas.

Cuatro días después, representantes de Pakistán, Afganistán, Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el pacto en Ginebra.

Las vacilaciones de Ziaulhaq

Aunque el general Ziaulhaq acogió el acuerdo, mostró su resentimiento y señaló que el Gobierno de Najeebullah debía haberse ido ya que su presencia reavivaría el estallido.

A principios de enero de 1988, Ziaulhaq le dijo a Lally Weymouth, editor senior de The Washington Post, que Pakistán quería un nuevo Gobierno de coalición antes de firmar el acuerdo de Ginebra.

"No podemos firmar con Najeebullah. ¿Cómo puede un Gobierno de Pakistán firmar los acuerdos de Ginebra con el hombre designado por la Unión Soviética que es responsable de matar a tanta gente?" preguntó.

En una entrevista para The New York Times, Ziaulhaq incluso indicó que apoyaría la participación de miembros del régimen afgano prosoviético en un Gobierno sucesor sin Najeebullah. También pidió una fuerza internacional de mantenimiento de la paz para reemplazar a los soviéticos hasta que el país se estabilizara y para monitorear la retirada de las tropas.

Según documentos desclasificados del Departamento de Estado de Estados Unidos, Ziaulhaq había ofrecido un Gobierno interino que incluiría a los muyahidines, exiliados afganos y quizás algunos elementos del gobernante Partido Democrático Popular de Afganistán sin el propio Najeebullah.

Ziaulhaq quería que este Gobierno interino firmara los acuerdos de Ginebra con Pakistán.

"Los muyahidines han ganado la guerra. La Unión Soviética ha perdido. Es sólo una cuestión de no forzarlo demasiado. La Unión Soviética quiere un dispositivo que guarde las apariencias, y los muyahidines deberían ofrecérselo porque el objetivo debería ser la evacuación de Afganistán por las tropas soviéticas”, señaló Ziaulhaq a The New York Times.

Si bien los líderes muyahidines, como Yunis Khalis y Gulbuddin Hekmatyar, habían rechazado la coalición propuesta de Ziaulhaq los funcionarios paquistaníes afirmaron que en conversaciones privadas eran flexibles.

El propio acuerdo de Ginebra, finalmente, desató una cadena de eventos en Pakistán que comenzaron con la destitución del Gobierno del primer ministro Mohammad Khan Junejo en mayo de 1988 y luego la muerte de Ziaulhaq en un accidente aéreo en agosto de 1988 junto con los principales comandantes militares y el embajador estadounidense Arnold Lewis Raphel.

Guerra civil para capturar Kabul

Poco después de que las fuerzas soviéticas completaran la retirada el 15 de febrero de 1989, la guerra civil entre el Gobierno de Kabul liderado por comunistas y los muyahidines consumió el país hasta 1992. La sangre continuó derramándose incluso entre las facciones muyahidines, incluso después de que se apoderaran de Kabul al derrocar al régimen comunista.

Ni siquiera un acuerdo firmado entre varias facciones en la ciudad santa de La Meca dentro de Masjid al-Haram durante un banquete antes del amanecer en el mes sagrado de Ramadán correspondiente a marzo de 1993 pudo detener el derramamiento de sangre. Para hacerlo más sacrosanto, el texto del acuerdo se colgó en la pared de la Kaaba. Se suponía que Burhanuddin Rabbani retendría su cargo de presidente durante 18 meses y su archirrival Gulbuddin Hekmatyar fue nombrado primer ministro.

″Este acuerdo se ha firmado en la más sagrada de las ciudades musulmanas y nadie puede atreverse a romperlo. Si alguien lo hace, será responsable ante Dios”, advirtió el entonces primer ministro de Pakistán, Nawaz Sharif.

Pero según el informe de justicia de Afganistán, los cohetes siguieron apuntando a la ciudad de Kabul y murieron 25.000 personas en los primeros seis meses de 1994. Esta lucha interna finalmente condujo al surgimiento del movimiento talibán en agosto de 1994, que luego fue derrocado por la campaña militar liderada por Estados Unidos en 2001.

Acuerdo de Doha y Bill Richardson

Irónicamente, cuando 19 años después, Estados Unidos firmó un acuerdo de paz con los talibanes en la capital de Catar, Doha, el 29 de febrero de 2020, la historia volvió a repetirse.

El 17 de abril de 1998, el enviado de Estados Unidos para la ONU, Bill Richardson, había negociado un acuerdo similar con los talibanes. Según el libro de Roy Gutman, Cómo nos perdimos la historia: Osama bin Laden, los talibanes y el secuestro de Afganistán, los talibanes habían acordado un cese al fuego y unirse a las conversaciones con el Frente Unido rival o la Alianza del Norte.

Según el acuerdo alcanzado en presencia de Richardson y el embajador de Pakistán, Aziz Ahmed Khan, los talibanes también acordaron permitir la educación superior y acceso a servicios de salud para las mujeres. También habían prometido prohibir todo cultivo de opio en Afganistán.

El acuerdo fue revivido en Doha en 2020, pero no antes de la muerte de unas 157.000 personas, que incluían a 43.000 civiles. El conflicto consumió a más de 2.300 militares estadounidenses, mientras que más de 20.000 resultaron heridos en acción. El Pentágono afirma que ha gastado casi USD 825 mil millones en operaciones en el país.

Los acontecimientos que se desarrollan en Afganistán tienen la habilidad de repetirse desde la guerra anglo-afgana. Cuando los británicos lanzaron una campaña militar para apoderarse de Kabul en 1839, su objetivo era eliminar al hostil Dost Mohammad y ungir a su aliado Shah Shuja como rey.

Pero pronto los afganos tomaron represalias y mataron a la mayoría de los soldados británicos. Según el historiador y escritor escocés William Dalrymple, la retirada de Kabul fue la peor catástrofe militar jamás sufrida por los británicos.

Se envió una respuesta que arrasó por completo con la ciudad de Kabul y todo lo demás que encontraron. “Violaron mujeres. Mataron niños. Fue un ejemplo espantoso de maldad engendrando maldad, y no es sorprendente que algunos de los oficiales británicos recibidos en la India como héroes victoriosos estaban tan asqueados por la vergüenza que les resultaba difícil responder de manera apropiada”, escribe Dalrymple en su libro, El retorno de un rey: La batalla por Afganistán.

Después de todo ese saqueo, los británicos se vieron obligados a regresar a Dost Mohammad suplicándole que tomara las riendas de Kabul en 1842, ya que Shah Shuja había sido asesinado. Después de largas negociaciones, regresó como rey, pero no antes de que la invasión británica hubiera dejado 20.000 de sus soldados y decenas de miles de civiles muertos en tres años.

Ver también: Ex primer ministro afgano: los talibanes deben participar en la conferencia de paz en Estambul.

Paralelos con la ocupación británica

Las similitudes entre la desastrosa ocupación británica de Afganistán, la retirada de las fuerzas soviéticas y la ocupación estadounidense posterior al 11 de septiembre y ahora su retirada son tan insistentes que empiezan a sonar como el coro de una tragedia griega.

Curiosamente, el aliado británico Shah Shuja y el aliado estadounidense Hamid Karzai, que fue nombrado presidente de Afganistán poco después de la campaña militar estadounidense en 2001, compartían la misma herencia tribal pastún. Las similitudes irónicas no terminan aquí, ya que Dost Mohammad y Mullah Mohammad Omar, el fundador del movimiento talibán, también compartían la misma tribu Ghilzai. Hoy en día, la tribu constituye el grueso de los soldados de infantería de los talibanes.

La pregunta más importante que se avecina ahora es quién tomará las riendas de Kabul después de la retirada de Estados Unidos. ¿Se hundirá el país en el caos o el rey volverá después de las duras lecciones aprendidas? La pregunta espera respuesta en el país lleno de imprevisibilidad, que se ha convertido en el corazón enfermo de Asia.

Hace un siglo, el destacado poeta y filósofo Sir Muhammad Iqbal en su famoso poema persa escribió:

Asia es una masa de agua y arcilla,

Del cual la nación afgana forma el corazón.

Toda Asia está corrupta,

Si el corazón está corrompido,

Su declive es el declive de Asia;

Su ascenso es el ascenso de Asia,

El cuerpo es libre solo mientras el corazón sea libre,

El corazón muere de odio pero vive de fe.

Por lo tanto, solo las acciones audaces, tangibles y modeladas con prudencia al empoderar a los ciudadanos de todas las afiliaciones tribales y asumir la seguridad del país y los intereses genuinos de sus vecinos pueden devolver este corazón a un estado saludable. Un Afganistán estable y seguro también es un precursor del surgimiento de Asia.

Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de la Agencia Anadolu.

*Daniela Mendoza contribuyó con la redacción de esta nota.

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