Política, Análisis

¿Por qué Estados Unidos recurre a las guerras subsidiarias en Oriente Medio?

Las guerras subsidiarias (proxys) de Estados Unidos que ofrecen menores costos de operación, compartir los gastos o mejor conocimiento del terreno, representan riesgos que pueden ser mayores que sus beneficios.

Juan Felipe Velez Rojas   | 29.10.2019
¿Por qué Estados Unidos recurre a las guerras subsidiarias en Oriente Medio? (Ali Jadallah - Agencia Anadolu)

BOGOTÁ, Colombia

Por: Juan Felipe Vélez Rojas.

La política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio ha estado marcada por el intervencionismo, donde los factores económicos y militares han liderado la agenda de Washington en la región.

A lo largo de los años, algunos ocupantes de la Casa Blanca han optado por aplicar medidas a las que llamaron “estabilizadoras”, mientras que otros, como el actual presidente Donald Trump, han contemplado medidas más aislacionistas, delegando su política regional en los intereses de Israel y Arabia Saudita, sus principales aliados en la zona.

Luego de finalizar la Segunda Guerra Mundial, Washington fijó sus ojos sobre Oriente Medio y en sus enormes recursos en hidrocarburos, a los que catalogó como una fuente de poder estratégico y una herramienta que podría ser usada por las potencias para aumentar su influencia y el dominio mundial.

Con el fin de mantener su control en la región, la Casa Blanca recurrió a una gran variedad de estrategias, una de ellas la guerra subsidiaria o la guerra proxy. Se trata del uso de terceros (gobiernos, organizaciones no gubernamentales, grupos rebeldes, mercenarios, empresas de seguridad privadas e incluso grupos terroristas) con el fin de impulsar sus intereses.

Las principales guerras subsidiarias de EEUU en Oriente Medio

Quizás la guerra subsidiaria más recordada es la de Afganistán en 1978, cuando los muyahidines se enfrentaron a las fuerzas armadas de la República Democrática de Afganistán, respaldadas por la Unión Soviética.

En plena Guerra Fría y con el fin de detener el avance del comunismo en la región, EEUU brindó su apoyo financiero, militar y político a los muyahidines, una milicia conformada por diversas organizaciones políticas, religiosas y militares.

Luego de la retirada de los soviéticos del país en 1989 y la caída del gobierno comunista afgano en 1992, el vacío de poder permitió que en 1994 surgieran los talibanes, conformados por dos movimientos: el Hizb-e-islami, una organización islámica anticomunista conformada principalmente por pastunes y el Harakat-i-Inquilab-i-Islami, un grupo islamista tradicional.

Gracias a su entrenamiento militar y amplio conocimiento en la zona los talibanes llegaron al poder en 1996, fecha en la que se instaló en el país Osama bin Laden, líder del grupo terrorista al Qaeda.

Tras los atentados de 11 de septiembre y la negativa de los talibanes para entregar a bin Laden, a quien la inteligencia estadounidense responsabilizó de los ataques, el grupo afgano se convirtió en enemigo de Washington.

Otro tipo de guerra subsidiaria es el actual apoyo estadounidense al gobierno de Arabia Saudita en Yemen. El reino libra una lucha contra los rebeldes hutíes, perteneciente a los yazidíes, una rama de los chiítas, a su vez proxys de Irán, antagonista de Washington. Los rebeldes se apoderaron de gran parte de Yemen en 2014 y desplazaron al gobierno suní, vital aliado saudí.

El apoyo de Washington a Riad ha recibido fuertes críticas debido a la crisis humanitaria generada en Yemen por los intensos bombardeos saudíes y el bloqueo al país. Datos de Acnur estiman que unas tres cuartas partes de la población requieren ayuda humanitaria y más de 22 millones de personas no pueden acceder ni a alimentos, medicinas y otros productos básicos para sobrevivir.

Por último, está el apoyo a lo que Estados Unidos reconoce como milicias kurdas, las Unidas de Protección Popular (YPG) que operan en el norte de Siria, y que Washington ha usado para luchar contra Dash (también conocido como ISIS).

Este apoyo ha sido criticado por Turquía, otro de sus aliados en la zona y en la OTAN, debido que el Estado turco reconoce al YPG como organización terrorista por sus vínculos con el grupo terrorista PKK, acusado de haber lanzado una campaña de terror de más de 30 años contra los turcos.

¿Por qué recurrir a una guerra subsidiaria?

Para el analista internacional especializado en Oriente Medio y consultor político Federico Martín Gaon, director de Galat Intelligence, recurrir a las guerras subsidiarias es una táctica usada ampliamente por los Estados con el fin de evitar una guerra directa entre potencias

“Siempre es mucho mejor, más factible, recurrir a un proxy en tanto que este es desechable. Se puede utilizar un proxy, armarlo, utilizarlo para avanzar en intereses políticos y estratégicos y en definitiva, cuando las circunstancias cambian, se le puede desfinanciar, se le puede desarmar. Esa es la razón por la que las potencias (Rusia, EEUU, UE, entre otras) usan proxys y lo van a seguir haciendo”, asegura Gaon.

La autonomía de estos grupos varía según sus características, la región y el momento. Están los grupos con raíces históricas y una presencia fáctica de la región desde hace milenios, que, si bien son usados como proxys, no dejan de ser una entidad con una narrativa nacionalista y una agenda propia.

Varios de ellos adaptan sus mensajes para alinearse con las potencias regionales y globales y así ganar su respaldo, eso sí asegurándose de mantener una relación bidireccional.

Estos actores están lejos de servir como simples marionetas, solo vale recordar como Ngo Dinh Diem, presidente de la República de Vietnam (Vietnam del Sur) en 1963, usó a Estados Unidos como su títere para sus propios intereses en su lucha contra el Frente Nacional de Liberación de Vietnam, conocido por occidente como Viet Cong, y contra Vietnam del Norte durante la Guerra Fría.

Por otra parte, están los grupos insurgentes quienes dependen completamente de la financiación de sus benefactores, es decir las potencias y sus intereses.

Pero el uso de estos proxys genera efectos en el panorama internacional. Gaon señala la pérdida de credibilidad como el principal.

“Los efectos tienen que ver con la credibilidad, porque se concede que las potencias no se enfrentan entre sí, que no hay disposición para arriesgar un enfrentamiento directo a gran escala debido al uso de estos grupos. La consecuencia surge cuando una potencia abandona su proxy, esta será menos creíble con futuros actores, con futuros socios, porque se le entiende como una traición”.

Pese a las aparentes ventajas que pueden ofrecer los proxys, menores costos de operación, compartir los gastos de la guerra, mejor conocimiento del terreno e incluso la negación, los riesgos pueden ser mayores a sus beneficios.

“La experiencia histórica muestra que cada vez que una potencia utilizó un grupo islámico radical para basar sus intereses a la larga el tiro le salió por la culata. Así como los talibanes luego de derrotar a la Unión Soviética se volvieron en contra de occidente y EEUU, en particular”, reitera Gaon.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan necesariamente la política editorial de la Agencia Anadolu.


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