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¿Llegó a su fin la luna de miel de EEUU y Bin Salman?

A pesar de las numerosas campañas de relaciones públicas y la entrada del príncipe heredero en la escena política, la imagen de Arabia Saudita sigue siendo poco favorable en EEUU, particularmente después del asesinato de Jamal Khashoggi.

Senem Cevik   | 22.12.2018
¿Llegó a su fin la luna de miel de EEUU y Bin Salman?

CALIFORNIA

Por: Senem Cevik

Para el Reino de Arabia Saudita, la diplomacia pública siempre ha estado a la delantera de su agenda de política exterior. El clero salafista y wahabita ha difundido su interpretación del islam durante décadas mediante una campaña a lo largo de naciones de mayoría musulmana. El poder blando del reino está ligado a la interpretación saudí del islam y su intento de difundir la ideología wahabita a lo largo del mundo.

Como resultado de esto, la diplomacia religiosa de Arabia Saudita se enfrenta a todas las otras interpretaciones del islam y los esfuerzos de exportar religión en otros países. La diplomacia religiosa saudí ha permitido que el reino ejerza influencia en otros países musulmanes, particularmente en los Balcanes y en Oriente Medio.

Arabia Saudita continúa siendo la principal economía del mundo musulmán y un centro gravitacional de influencia religiosa.

La relación entre el Reino de Arabia Saudita y Estados Unidos es una relación económica de antaño que se basa en la dependencia de EEUU en el petróleo y la compra de armamento estadounidense por parte de Arabia Saudita.

A diferencia de otros presidentes estadounidenses, Barack Obama mantuvo cierto grado de distancia de los saudíes, debido a la poca democracia en los asuntos internos del reino y su insistencia en socavar a Irán.

A diferencia de Obama, el presidente Donald Trump eligió a Arabia Saudita como su primer destino para una visita presidencial internacional, señalando la reversión de las políticas de la era Obama hacia Arabia Saudita e Irán.

Los lazos cercanos de la administración Trump con Arabia Saudita y su apoyo desmedido al príncipe heredero, Mohammed bin Salman, han guiado la política de EEUU en Oriente Medio. Tanto la administración Obama como la de Trump permanecieron silenciosas y por ende fueron cómplices de los crímenes de guerra de Arabia Saudita en Yemen, mientras incrementaron las ventas de armas al reino durante la presidencia de Obama. La administración Trump fue más lejos al levantar las restricciones a las ventas de material bélico para la guerra en Yemen.

A lo largo de las décadas en la relación Arabia Saudita-EEUU, el reino ha gastado miles de millones de dólares en lobby y campañas de relaciones públicas. Uno de los momentos más difíciles para las relaciones bilaterales ocurrió después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, EEUU, ya que 15 nacionales saudíes estuvieron involucrados en el atentado.

Poco después de que fueran revelados los vínculos saudíes, el reino lanzó una campaña para mejorar su imagen. El gobierno saudí contrató una compañía de relaciones públicas estadounidense, Burson-Marsteller, la misma compañía que administró las relaciones públicas de la controversial compañía de seguridad privada estadounidense Blackwater y la del dictador rumano Nicolae Ceausescu.

Burson-Marsteller publicó anuncios en los medios impresos de EEUU y agendó apariciones televisadas del príncipe Bandar bin Sultan bin Abdulaziz en los canales de televisión estadounidenses. Más tarde, el reino contrató a Qovris, otra compañía de relaciones públicas con sede en Washington D.C, para llevar a cabo encuestas y hacer lobby.

La primera gran campaña de imagen saudí tuvo lugar en 2002, con la Iniciativa de Paz Saudí, más tarde renombrada la Iniciativa de Paz Árabe. Esta campaña buscaba ofrecer un plan de paz para el conflicto palestino-israelí. Antes de ser anunciada oficialmente, la Iniciativa de Paz Saudí recibió una amplia cobertura mediática global.

La estrategia saudí de reenmarcar la discusión sobre el apoyo saudí al terrorismo contó con espacios de televisión y radio. Sin embargo, en gran parte esta no fue bien recibida por la audiencia estadounidense debido a la discrepancia de valores entre los representados por el reino y los practicados por los estadounidenses.

Arabia Saudita aún sufre de una mala imagen debido a su reputación por el trato a las mujeres, su postura agresiva hacia Irán y sus políticas internas represivas. A pesar de numerosas campañas de relaciones públicas, el reino no ha podido lograr una recepción pública favorable en EEUU. Sin embargo, la llegada del príncipe heredero, Mohammed bin Salman, a la escena política cambió el rumbo de la publicidad saudí. El príncipe heredero, a menudo llamado por sus iniciales MBS, es el líder de facto del reino y desde su llegada sostuvo una campaña de encanto en occidente, intentando cambiar la imagen de su país a la de una voz moderada en el mundo islámico.

Arabia Saudita, bajo el liderazgo del príncipe, intenta cambiar la percepción del país y crear la imagen de un líder joven en sintonía con las tendencias globales. La propaganda saudí muestra a MBS como alguien que está liderando el cambio social. El príncipe lanzó una campaña para modernizar el país levantando la prohibición contra las salas de cine, vigente hace 35 años, permitiendo que las mujeres conduzcan vehículos y disminuyendo la influencia de la controversial policía religiosa.

Estos cambios vinieron acompañados de la apertura de Arabia Saudita al turismo y una iniciativa de diplomacia pública. MBS creó el Instituto de Arte Misk en 2017 "con el fin de fomentar la producción artística en el reino, cultivar el aprecio del arte árabe y permitir un intercambio cultural y diplomático". El instituto lanzó programas internacionales en Dubái, el Centro Kennedy en Washington D.C., el Instituto de Arte del Mundo Árabe en París, Francia, y en los museos de Arte Moderno de Nueva York y Los Ángeles. El instituto auspició a los dos primeros artistas saudíes que participaron en la Bienal de Arquitectura de Viena, Austria, en el verano de 2018.

Aparte del arte y la cultura, MBS creó planes para disminuir la dependencia del reino en los ingresos petroleros al construir una ciudad futurista. Al mismo tiempo, promovió la tolerancia religiosa y el diálogo mediante la Liga Musulmana Mundial. Thomas Friedman, columnista del diario estadounidense The New York Times, apodó la estrategia de encanto del reino “La Primavera Saudí”.

Durante su visita de dos semanas y media a EEUU, los periodistas y politólogos estadounidenses aplaudieron al príncipe heredero y sus esfuerzos por modernizar a Arabia Saudita. MBS impresionó a los ejecutivos de Silicon Valley, Wall Street y Hollywood. Se reunió con celebridades como Oprah Winfrey, Dwayne “La Roca” Johnson, los Clinton y los Obama. Incluso, la cadena de televisión CBS transmitió una entrevista exclusiva con el príncipe.

Folletos promocionando los esfuerzos de modernización en Arabia Saudita fueron distribuidos en las zonas rurales de EEUU. Los medios estadounidenses estuvieron enamorados de la estrategia de encanto durante un año, hasta que el príncipe empezó a mostrar señales de que en realidad no era ningún reformista.

Primero, encarceló a docenas de príncipes y figuras públicas en un hotel de lujo el año pasado, acusándolos de corrupción. También detuvo al primer ministro libanés, Saad Hariri, y lo obligó a renunciar a su puesto. El príncipe también siguió encarcelando disidentes y activistas mujeres. MBS entró en un lío diplomático con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, debido al historial de derechos humanos del reino, lo cual afectó fuertemente las relaciones bilaterales con Canadá. Incluso en ese entonces, EEUU se quedó quieto y el reino siguió recibiendo apoyo incondicional de los legisladores estadounidenses quienes veían esto como una medida recíproca.

Sin embargo, el asesinato de Jamal Khashoggi, periodista de nacionalidad saudí y columnista del periódico estadounidense Washington Post, violó todas las normas diplomáticas y expuso la realidad saudí. Una investigación de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA) concluyó que Bin Salman ordenó el asesinato, que ocurrió dentro del Consulado de Arabia Saudita en Estambul, Turquía. Después de todo, las reformas de MBS no eran más que una fachada. Por primera vez el senado de EEUU votó a favor de terminar el apoyo ofrecido al reino en la Guerra de Yemen y la opinión pública sobre Arabia Saudita sigue siendo poco favorable.

*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.

*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.

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