Por: Daniel Díaz-Rivas
Cerca 850.000 refugiados rohinyá viven en el megacampo de refugiados de Kutupalong en la región de Cox´s Bazar, Bangladés. Las condiciones de vida se asemejan a las de un tugurio, con precarias condiciones sanitarias y poco acceso a agua potable. Varias organizaciones humanitarias han advertido que se trata de una bomba de tiempo sanitaria que podría estallar empujada por la llegada de las lluvia Monzones.
Dylan Quinnell, director de comunicaciones de Oxfam-Australia, visitó en mayo pasado el megacampo para documentar el esfuerzo de su organización en llevarles a los rohinyás refugiados agua potable y sanidad. Las condiciones que encontró no fueron alentadoras. “Las lluvias monzones están llegando y no hay forma de evitarlas, la situación va a ser muy dura”, sostuvo.
El mayor campo de refugiados del mundo
Quinnell describió el megacampo de Kutupalong como un complejo entramado de lonas y casas hechizas de bambú. Allí, las lluvias representan un peligro constante de deslizamientos ya que el campamento se encuentra un terreno ondulado y arcilloso.
El megacampo de Kutupalong es el asentamiento de refugiados más grande del mundo. Con sus cerca de 850.000 residentes, supera con creces los 250.000 alojados en el campo de Dabaab, Kenia, el segundo en tamaño.
Su construcción fue una iniciativa del ejecutivo de Bangladés que argumentaba que los 23 campos que habían repartidos a lo largo de la frontera con Birmania podrían eran dificiles de controlar y podrían generar una ola de epidemias.
El Ejército dispuso 790 hectáreas aledañas al preexistente campamento de Kutupalong y así nació el megacampo que hoy se asemeja más a una ciudad tugurio que a un centro temporal de refugiados.
La infraestructura en el MegaCampo es casi inexistente. Quinnell sostiene que las vías son barrizales en los que los camiones con ayuda humanitaria se quedan estancados. Las laderas adyacentes a los refugios son polvorientas y durante las precipitaciones de lluvia son proclives a los deslizamientos.
Quinnell explicó que durante las lluvias monzones caerán cerca de 2.5 metros cúbicos diarios de agua sobre el megacampo. Las subsecuentes inundaciones serán un caldo de cultivo para enfermedades que afectarían directamente a 200.000 refugiados que están asentadas en zonas de mayor riesgo dentro de Kutupalong.

La inacción internacional
La comunidad internacional ha descrito a los rohinyá cómo la minoría más perseguida del mundo. Las Naciones Unidas y varios gobiernos han realizado llamados para que Birmania detenga la persecución y han condenado el trato que reciben los refugiados en los países receptores.
La ONU sostiene que en Rakhine, región dónde se encontraba la mayor población rohinyá en Birmania, es “muy probable” que el Ejército haya cometido serias violaciones a los derechos humanos.
Sin embargo, el compromiso de la comunidad internacional se ha limitado, con contadas excepciones, a pronunciamientos. El dinero de cooperación es insuficiente, así como la presión sobre Naipyidó para que detenga los abusos.

Un pacto de retorno que se queda en el papel
Bangladés y Birmania firmaron en Noviembre de 2017 un acuerdo de repatriación de más de 650.000 rohinyás. La implementación no ha sido efectiva.
La inmensa mayoría de los rohinyás en Blangadés no están registrados y Birmania asegura que solo repatriará a aquellos que estén debidamente documentados como refugiados. La ONU, por su parte, sostiene que las condiciones de seguridad para que los rohinyás no sean revictimizados no están dadas.
Los rohinyá se quejan que el gobierno birmano les dará identificaciones, pero no les garantizará la ciudadanía. Después de haber sido perseguidos, de ver sus hogares en llamas y tener que huír de su país, la minoría étnica busca garantías de no repetición e igualdad de derechos.
El Director de Human Rights Watch´s, Kenneth Roth, concuerda con las exigencias de los rohinyás. Roth sostiene que, para iniciar el retorno, Birmania debe cumplir requisitos previos como la restitución de las viviendas y propiedades perdidas, y aceptar un incondicional e independiente monitoreo internacional.

La resiliencia rohinyá
Quinnell sostiene que los rohinyá son personas laboriosas y que a pesar de las dificultades trabajan duro en el mejoramiento del Megacampo Kutupalong, especialmente la infraestructura sanitaria. Le sorprendió como los rohinyá son positivos a pesar de “estar en lo que parece una situación desesperanzadora”.
El viaje para llegar a Bangladés está lleno de dificultades y tienen suerte si no mueren ahogados cruzando ríos en barcazas improvisadas. En el megacampo encuentran que, a pesar de estar rodeados por los suyos, continúan siendo personas sin país.
“Les niegan la ciudadanía en su propio país y tienen la sensación de pertenecer a ninguna parte, de no tener un lugar al cual llamar hogar. Ninguno sabe que le espera en el futuro”, dice Quinnell.
Quinnell es enfático en afirmar que los rohinyás no pierden la esperanza y la amabilidad los caracteriza. Cuenta que mientras tomaba fotos bajo la lluvia no paraban de acercarse a cubrirlo con sombrillas o a ofrecerle sus refugios para que estuviera seco y caliente.
“Esa es la bondad de personas que han sufrido innombrables horrores que los han forzado a abandonar Birmania y escapar a Bangladés”, concluyó Quinnell.
