"Nos convirtieron en asesinos", cuenta James Okony, quien ahora tiene 19 años.
En 2013, cuando tenía solo 15 años, una milicia armada lo secuestró de su escuela en el condado de Gumuruk, en el noreste de Sudán del Sur, para luchar en una guerra de la que poco se sabía.
Durante los últimos dos años y después de regresar a casa, luchó contra la pobreza y la estigmatización, y estableció un exitoso negocio en la capital, Yuba, que le deja unas ganancias de USD 36.000 al año.
Okony, junto con muchos otros jóvenes, se vio obligado a luchar por la Facción Cobra, una milicia local anteriormente liderada por el viceministro sursudanés de Defensa, el general David Yau Yau.
"Fuimos tomados por la fuerza y nos dieron armas para matar a cualquiera", dijo Okony.
El chico fue tomado en cautiverio durante casi tres años en las selvas de Gumuruk y llevó una vida en la que las balas le traían comida.
"Quería construir una nueva vida"
En 2015, tras ser desmovilizado junto a otros 3.000 menores de edad, Okony asistió a un programa de rehabilitación organizado por Unicef y la organización local sin ánimo de lucro Grassroots for Empowerment and Development Organization.
Allí, Okony fue instruido con habilidades básicas de emprendimiento y gestión de recursos que, según dice, restauraron su confianza y alimentaron su determinación para reconstruir su vida.
El año pasado, Okony dijo que vendió dos cabras que le dieron durante el programa por 11.600 libras sudanesas (USD 75) e invirtió el dinero en un negocio de carbón que comenzó en Mangeri, una pequeña base militar, a unos 30 kilómetros (18.64 millas) de Yuba.
Pronto tuvo algunos grandes hoteles como clientes. Incluso logró emplear un equipo de cuatro personas.
Después de que su primera tienda generara ganancias, Okony alquiló tres tiendas más en Yuba, una de las cuales estaba ubicada en el área de Konya Konya, un mercado muy concurrido de la capital.
"Con 650.000 libras sudanesas (casi USD 5.000) mensuales, pago los locales y mi personal, y ahorro 355.000 libras sudanesas, aproximadamente USD 3.000", dice.
Esperanzas y sueños
Okony espera expandir su negocio hasta convertirlo en una empresa multimillonaria.
A largo plazo quiere abrir un centro de formación profesional para ayudar a los niños excombatientes.
En un país donde la tasa de desempleo se sitúa en el 40%, según la Oficina Nacional de Estadística, y millones de graduados de instituciones superiores no tienen trabajo, Okony es uno de los pocos que han hecho uso de una oportunidad única para crear un medio de subsistencia para él y otros tantos.
Los expertos culpan al Gobierno por dar poca o ninguna atención a la enseñanza de nuevos conocimientos, un componente vital para la rehabilitación y la reforma de estos niños.
Lewis Anei Kueidit, asesor del Ministerio de Trabajo, Niñez y Bienestar Social de Sudán del Sur, dijo: "sin la reintegración socioeconómica, los niños exsoldados pueden ser reclutados de nuevo, algo en lo que el Gobierno deliberadamente ha fallado".
"Muchos niños excombatientes se arriesgan a volver a las fuerzas armadas activas si sus necesidades no se cumplen. Se sienten aislados y no se pueden integrar en sus comunidades", dijo Anei a la Agencia Anadolu este miércoles.
Sudán del Sur obtuvo la independencia en el 2011, después de más de cinco décadas de una brutal guerra civil con Sudán.
En diciembre de 2013, volvió a caer en el desorden y el conflicto mató a decenas de miles de personas. También obligó a 16.000 niños a trabajar como soldados para las milicias de la guerra.
Unicef apoya los esfuerzos del Gobierno para desmovilizar a los niños soldados. De julio de 2014 a mayo de 2015, unos 6.000 excombatientes han sido desmovilizados, incluyendo a 3.000 de la Facción Cobra, que hizo la paz con el Gobierno.
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