La gran explosión en el puerto de Beirut, la metrópolis política, administrativa, comercial y social del Líbano, se convirtió en la más reciente carga para los libaneses, quienes habían estado luchando durante mucho tiempo contra la grave crisis económica.
Mientras el país estaba atrapado en una de las crisis económicas más severas de su historia, los libaneses se encontraron en medio de un nuevo desastre, con la explosión de 2.750 toneladas de nitrato de amonio el 4 de agosto.
El régimen sectario
El sistema de "democracia sectaria" del Líbano establece el reparto del Gobierno entre 18 comunidades religiosas y étnicas reconocidas oficialmente.
En este sistema todos los oficios administrativos del país se distribuyen con cuotas sectarias para permitir que los diferentes grupos vivan juntos sin conflictos.
Sin embargo, a pesar de que se celebran elecciones, los líderes de ciertos grupos se mantienen en el poder, lo que provoca un estancamiento.
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De hecho, la mayoría de la élite gobernante está formada por familias que participaron en la guerra civil que terminó hace 30 años.
El estancamiento en el sistema aumenta exponencialmente su severidad a lo largo de los años, lo que genera problemas como falta de infraestructura, cortes de energía, no recolección de basura.
Un difícil año en la economía libanesa
Una nueva ley de presupuesto del Gobierno, que incluía impuestos sobre WhatsApp, que el público libanés utiliza como alternativa a los costosos servicios de telecomunicaciones, provocó una ola de protestas a nivel nacional en octubre de 2019.
Diferentes grupos étnicos y confesionales dentro del Líbano salieron a las calles en demanda masiva de mejores condiciones de vida y reformas.
Durante las protestas, algunos bancos fueron atacados por lo que permanecieron cerrados durante dos semanas.
Un comunicado de la Dirección General de Asuntos de Seguridad del Líbano anunció que al menos 3.972 edificios resultaron afectados por la explosión ocurrida en el puerto de Beirut el pasado 4 de agosto. El estallido sacudió la capital libanesa después de que se incendiara una reserva abandonada de 2.750 toneladas de nitrato de amonio almacenado en el puerto. La explosión dejó al menos 200 muertos, unos 6.000 heridos y cerca de 300.000 personas sin hogar. ( Enes Canlı - AA )
En ese periodo comenzó a colapsar el sistema de cambio fijo del país, en el que el dólar estadounidense, base de la economía desde 1997, se valoraba en aproximadamente 1500 libras libanesas. Después de la reapertura de los bancos, a los depositantes libaneses solo se les permitió retirar un cierto porcentaje de dólares de sus cuentas.
Debido a la atmósfera de pánico, los libaneses acudieron en masa a los bancos y las largas colas frente a los bancos se convirtieron en algo habitual. Esta dificultad para conseguir dólares llevó a la rápida depreciación de la moneda local el mercado negro.
Las protestas derribaron al Gobierno
La ira social de los libaneses aumentó durante este período y el Gobierno de Saad Hariri se vio obligado a dimitir ante la presión política de las protestas.
El nuevo gobierno fue formado por Hassan Diab, cercano a Hezbolá, luego de recibir el voto de confianza del Parlamento el 21 de febrero.
Poco después de asumir el cargo, Diab declaró que el Gobierno había suspendido USD 1.2 mil millones de deuda y que el país había incumplido con su deuda estatal.
Las deudas de Líbano alcanzaron los USD 90 mil millones, lo que corresponde al 170% del producto interno bruto (PIB).
Ante el deterioro del panorama económico, no se introdujo un control de capitales y la fuga de activos individuales y corporativos del país al exterior fue incrementando.
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Varias investigaciones sugieren que muchos bancos libaneses y sus ejecutivos se llevaron sus activos al extranjero. Además, muchas empresas que operan en el país despidieron a sus empleados o redujeron drásticamente sus salarios.
Las entradas de divisas enviadas al país por la diáspora, alrededor del 20% del producto nacional bruto (PNB), también se vieron interrumpidas en gran medida debido a la pérdida de confianza en el sector bancario.
Pérdida del control de la situación económica
Durante la fluctuación financiera global causada por el coronavirus, Líbano cayó en una triple crisis económica provocada por la "crisis monetaria, los bancos y una enorme deuda pública". Los problemas sociales como cortes de energía, interrupción de los servicios de recolección de residuos, desempleo y costo de vida en el país aumentaron simultáneamente.
La deuda pública se elevó al 150% del PIB, mientras que la libra libanesa perdió cinco veces su valor frente a las monedas extranjeras y la inflación indexada al consumidor saltó al 110% en julio.
El Gobierno anunció el inicio de negociaciones para obtener un préstamo de USD 10 mil millones en cuotas a 5 años del Fondo Monetario Internacional (FMI).
Esperanzas destruidas por la explosión
Mientras los libaneses luchaban con las dificultades de este desastroso panorama económico, quedaron conmocionados por la terrible explosión en el puerto de Beirut, en la que al menos 180 personas murieron y unas 6.000 personas resultaron heridas. Además, alrededor de 40 personas siguen desaparecidas.
Según las autoridades libanesas, la explosión provocó daños entre USD 9 y 15 mil millones.
Las compañías de seguros no pagarán a los asegurados hasta que se revele la causa de la explosión.
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Aún se investiga si el incidente se debió a negligencia o un ataque, mientras que el hecho de que la administración permitiera que esa sustancia peligrosa permaneciera en el puerto aumenta el rechazo de los libaneses.
Según el informe publicado por el Instituto Internacional de Finanzas, se estima que la contracción de la economía del país aumentará del 15% al 24% en 2020 debido al incidente.
La ira por la explosión puso de nuevo en las calles a los libaneses
Ante este cuadro severo, los libaneses, que se retiraron a sus hogares debido a la pandemia, volvieron a tomar las calles y protestar.
El Gobierno de Diab se vio obligado a dimitir el 10 de agosto como resultado de la presión de las protestas.
Los libaneses, ahogados en la crisis económica, han caído ahora en los escombros de la explosión, la deuda acumulada y ahora un vacío administrativo.
Ayudas para Líbano
La comunidad internacional prometió ayudar al Líbano frente al panorama que surgió después de la explosión.
Sin embargo, el pueblo pide reformas para evitar que estas ayudas caigan en manos de los “mismos de siempre” debido a la corrupción, que se acepta como "establecida" en la cultura política libanesa.
El economista libanés Nazir Ghanim le dijo a la Agencia Anadolu que "la élite política gobernante en el Líbano ha sido rescatada financieramente al menos cuatro veces hasta ahora y se han otorgado cientos de miles de dólares de ayuda al país en conferencias internacionales a condición de realizar ciertas reformas políticas, financieras y económicas".
Sin embargo, dijo Ghanim, los administradores libaneses no implementaron ninguna de las promesas de reforma que hicieron en estas conferencias.
"Si las ayudas que se enviarán no garantizan reformas permanentes y regulaciones estructurales, anticorrupción, económicas y políticas, serán en vano", dijo.
Ghanim declaró que le preocupa que la economía libanesa se contraiga entre un 30% y un 40%, y que la escasez de alimentos aumente debido a la actual crisis monetaria.
*Aicha Sandoval Alaguna contribuyó con la redacción de esta nota.