Susana Patricia Noguera Montoya
09 Agosto 2018•Actualizar: 09 Agosto 2018
La remota y montañosa ciudad de Nuñoa, en el suroriente de Perú, es conocida como la capital mundial de la alpaca Suri, una raza de alpaca -una especie doméstica de mamífero- poco común, única por la suavidad de su lana que se vende a altos precios.
En el distrito peruano se puso en marcha un plan para resguardar los recursos genéticos de ese animal. El proyecto fue apoyado por el Programa de Pequeñas Donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas en inglés), implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Las iniciativas se enfocaron en mejorar al ganado en cuanto a colores y salud, así como mejorar las capacidades de los ganaderos en el manejo de los ecosistemas de pastizal, cultivo de agua y cultivo de pastos perennes. También buscó homogeneizar las técnicas de los artesanos y crear cooperativas para hacer más rentable su arte.
Como resultado, la municipalidad ahora tiene cinco colectivos de artesanos urbanos y ocho en áreas rurales; un total de 13 grupos trabajan con productos de la alpaca.
Las alpaqueras de Nuñoa, desde su origen a pequeña escala, se están aventurando a organizarse en cooperativas para estandarizar la producción de su artesanía de una manera amable con la biodiversidad.